19 de abril de 2013

16.- ES LA HORA DE LA RESPUESTA PERSONAL



16.- ES LA HORA DE LA RESPUESTA PERSONAL

EL PECADO DE ESTA GENERACIÓN

 Habiendo ocurrido en estos tiempos un rechazo generalizado a Dios, habiéndose rebelado la humanidad en general a Dios al oponerse a Su Voluntad y prescindir de su Revelación, no debemos compartir “El pecado de esta generación”, es decir, ahora, debemos convertirnos y empezar a buscar a Dios, a aceptar Su Revelación-Paso-Intervención en nuestra vida.

 Debemos renunciar a la propia voluntad que parece libertad y solo es libertinaje y rebeldía, y que es donde nos hundimos en el abismo de inútiles preocupaciones para acabar ahogados irremediablemente por el miedo y consumidos por la angustiante desesperación. Lógicamente, la elección es libre, no es obligación, podemos seguir dejándonos llevar por la corriente y acabar a cada instante mas hundidos, perdidos, angustiados, desesperados, solo preocupados por nosotros mismos hasta pedernos irremediablemente en la histeria colectiva que corre al infierno.

 El miedo, o sea el espíritu de la muerte, es como la humedad, nos va envolviendo y penetra hasta los huesos, luego, el frío no nos lo podemos quitar, salvo con un baño de agua caliente, que en la vida espiritual sería un Bautismo en Espíritu Santo, y El Que Bautiza con El Espíritu, Es Jesús, El Señor.

 No debemos confundirnos, no vamos a salir volando, ni ver cosas espectaculares, ni alteraciones histéricas, recibir El Espíritu Santo es algo progresivo, que requiere colaboración de nuestra parte, tenemos que orar, mirar al Señor, postrarle atención, abrirnos a Él, colaborar con lo que Él Quiere Hacer en y de nosotros, renunciando a la propia voluntad, aceptando la Suya, para Que Se Haga y triunfe Su Voluntad en nuestra vida.

 Lógicamente, puede haber algún Don-Revelación de Dios extraordinario, extático, que produzca mayor fervor, pero, no es lo ordinario, común o general, El Camino es estrecho, cuesta arriba y de puerta angosta, y como lo dijo El Señor mismo, “El Reino de los Cielos es para los que se conquista y solo los que se sacrifican entran en Él”.

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

 El miedo, la muerte, esa obsesiva, angustiante y desesperante  preocupación por sí, que invade el espíritu como la humedad al cuerpo, ahogándolo, paralizándolo y convirtiéndolo a imagen y semejanza del enemigo, debe ser combatido, purgado, debemos querer librarnos de él, de su acoso, dominio, de lo contrario, acabaremos por ser unos histéricos nerviosos en el mundo, y unos desesperados angustiados para siempre en el infierno.

 Como no queremos ser libres del miedo, no queremos dejar de pensar obsesivamente en nosotros y de dedicarnos a hacernos amar, adorar, servir, llegamos a ciertos extremos que no son convenientes, es decir, tropezamos con las propias limitaciones que no queremos ver-aceptar.

 Esto significa que corremos por el mundo haciendo lo que se nos viene en ganas o que suponemos que debemos y que esta bien o es bueno, así corre el tiempo hasta que nos ahogamos en nosotros mismos, nos ahorcamos con la propia correa, comprobamos con un golpe o tropiezo que no somos los dioses, reyes, señores, etc., que decimos ser, que queremos y que deseamos hacer creer que somos.

 Esto es lo que le ha sucedido a Saulo, luego, San Pablo, iba montado en el caballo lleno de orgullo, hecho una furia y suponiendo en sus delirios de amor propio que hacía bien en perseguir la Revelación del Amor de Dios y los fieles a la Voluntad de Dios, no viendo que era instrumento de satanás para combatir la Revelación del Amor de Dios.

 Todos vamos montados en el caballo arrogantes y orgullosos, arrollando a todos a nuestro paso, suponiendo se dioses, queriéndonos creer dueños de nosotros mismos y reyes de nuestra miserable vida terrena, mundana e inútil o inerte espiritualmente, y como saulo, chocamos contra La Luz de la Verdad, de la Revelación de Dios, nos ahorcaos con los propios límites.

 Ahí es donde tenemos dos opciones, caminos, podemos reconocer que vamos por mal camino y corregirnos, o podemos seguir insistiendo con nuestros delirantes caprichos de orgullo y soberbia y acabar por autodestruirnos.

 El tropiezo, la piedra de escándalo, es diferente para todos, pero, es general en el sentido de que nos llega a todos en estos tiempos. Para algunos es una enfermedad, para otros crisis económica, para otros crisis familiar, de pareja, la muerte de un ser querido, alguna catástrofe nacional, general, mundial, etc.

 Todo es resultado del trastrocamiento mundial, global, general, de la creación, de la ausencia del Señor porque se lo ha echado, y de ahí la responsabilidad personal por volver a la Luz-Revelación, por aceptar al Señor y recibirlo en la propia vida, y así también permitirle Volver al mundo para Iluminarlo y revitalizarlo-resucitarlo, reordenarlo.

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