26 de abril de 2013

63.7- LAS SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO VII



63.7- LAS SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO VII

El Que Es, El Que Era, y El Que Vuelve

 ‘Yo te quiero, yo te amo, yo me preocupo por vos’, surge desde adentro nuestro este grito angustiante, desesperante, que llama la atención, que reclama a Dios u otros, que nos miren, adoren, sirvan, y que expresa un deseo temeroso, angustiando de no ser despreciados, de no ser ignorados, de no pasar desapercibidos.

 Todos tememos el desprecio de alguien, nos ahoga, sofoca, ahorca el pensamiento de ser despreciados, no amados, rechazados, humillados, y ahí es donde nos desesperamos buscando ser aceptados, tenidos en cuenta, donde imponemos que nos presten atención, hagan caso, y es donde nos convertimos en discípulos de satanás, debido a que, como éste, les decimos a otros, ‘te daré cualquier cosa-todo, si me adoras’.

 El miedo, la preocupación por sí, el vacío, es lo que nos ahoga, donde surge tal preocupación, y dedicándonos a satisfacernos, no nos liberamos de ella, porque le permitimos estar en nosotros, crecer, guiar nuestra vida, y es así como nos abismamos o hundimos perdiéndonos en nosotros, en un agujero, en la nada que somos solo mirando la miseria e inmundicia en la que nos hemos convertido y lamentándonos, auto-despreciándonos, odiándonos porque vemos que somos despreciables y que seremos irremediablemente odiados, ignorados, rechazados, etc.

 La solución a lo que padecemos no es hacerse amar, adorar, obligar a que nos presten atención o hagan caso, sino que s salir de nosotros mismos, romper el velo de miedo, el manto de neblinas, esgarrar el cascarón que nos envuelve, crecer, romper la semilla y empezar a salir de bajo tierra para poder llegar a ver El Sol de Dios creciendo vigorosos en el Amor a Él, en la entrega a Su Voluntad.

 Sin crecer en el amor a Dios, no vamos a salir nunca de nosotros mismos, ni del sepulcro, no vamos a pasar las nubes, no vamos a entrar en el Cielo, irremediablemente, tenemos que empezar a amar, a renunciar al egoísmo, dejar de ser vanidosos preocupados por nosotros mismos, dejar de satisfacer-conformar al miedo, empezar a confiar en Dios, a creer en Su Amor, y por lo tanto, a obedecerlo.

 ‘¿Por qué no me querés?’, resuena dentro nuestro, rebota como pelota y nos carcome, así es que nos devoramos, nos consume la ansiedad, no angustiamos y desesperamos, y acabamos peleando, reclamando y acusando a todos, no viendo que somos nosotros los que no queremos, no amamos, no aceptamos, no perdonamos, y los que tenemos miedo mientras nos estamos hundiendo en nosotros mismos, en la propia miseria, en la falta de amor.

 ‘Yo quiero que me quieras’, decimos a otros directa o indirectamente reclamando atención como nenes celosos, acusándolos de no hacerlo, para tener la excusa para seguir reclamando adoración, sumisión y pertenencia, queriendo tener a otros, incluso a Dios, como esclavos para obligarlos a que nos miren, admiren, contemplen, y ahí, acallar el miedo que nos ahoga, ahorca, sofoca.

 La Verdad es que, mientras sigamos preocupados pensando en nosotros mismos y buscando satisfacción, consuelo, seguridad, ser amados, adorados, obedecidos, servidos, lograr que todos nos acepten y tomen en cuenta, vamos a estar completamente olvidados de Dios, incluso hablando de Él, cuando no inventándolo a gusto y comodidad, y es por ello que vamos a seguir sintiendo-padeciendo, lo que nos atormenta, el miedo, la muerte, el vacío, la desolación.

 Eso que nos atormenta, la falta de Dios, el real olvido de Él, es un fuego ardiente, río de arena que nos desgarra, nos consume o devora, un deseo ardiente de ser amados, adorados, pues nos falta El Amor de Dios, aquello Que Él nos da gratuitamente, y es porque no lo amamos, no lo recibimos, no lo aceptamos.

 Buscamos instintivamente llenarnos, conformarnos, saciarnos, y esto es, llenar ese vacío o ausencia de Dios, buscamos sustitutos, reemplazos, por ello quedamos atrapados en las maniobras y mentiras, en los engaños infernales. Considerar que nada, ni nadie puede reemplazar a Dios, sin embargo, cobardes, constantemente queremos tener sustitutos, así es que unos se apegan  su madre, otros a su padre, otros a quienes los reemplacen, luego a quienes están en derredor, a ídolos y gobernantes, famosos y artistas, etc.

 Siempre el enemigo ofrece alternativas para reemplazar a Dios, porque en todas ellas es él mismo el que se esta dando, ofreciendo, el que esta buscando desesperadamente reemplazar a Dios, queriendo ser el dios de todos, y de ahí su angustiante y desesperante actividad por borrar a Dios del mundo, para que en su ausencia, él pueda ofrecerse como tal, diciendo que es alternativa, o que es lo necesario, lo que nos soluciona la vida, o que aporta calidad de vida, mejora salud, etc.

 Es un celoso preocupado por sí mismo, esta desesperado por conformar a la muerte que tiene adentro, su vacío y desolación, ese orgullo que lo domina y que le exige que se haga adorar y que la haga reinar a ella, de manera que ha llegado a poner la muerte eterna como reina en el mundo, y lo hizo porque primero conquistó los corazones, así es que hay leyes de muerte que rigen el mundo y toda la vida común, la existencia en el  mundo, es para las almas, un culto a la muerte, a los vicios, a satanás y a la muerte eterna.

 Mientras no aceptemos la Voluntad de Dios para nuestra vida, no vamos a vernos libres del vaico y la desolación, porque no surge amor a Él, entonces, no nos llenamos, ya que la única forma de llenarse, no es hacerse amar-adorar, sino amando, y comenzando por Dios, aceptándolo, dejándolo pasar, entrar a nuestra vida, porque ahí Él Que Es Espíritu y Vida, nos llena, colma y desborda de Vida-Felicidad.

 Debemos responder a la Voluntad de Dios, a lo Que nos Ha Llamado, aquello para lo Que Nos Ha Creado, y solo ahí entraremos en verdadera comunión con Él, lo tendremos y Él nos tendrá, y solo ahí desaparecerá todo, se acabará todo mal, pesar, angustia, lágrima, tristeza, vacío y desolación. No es Dios el que no nos ama o no nos quiere, somos nosotros los que no lo amamos, no lo aceptamos, no lo recibimos, y por ello no lo tenemos.

 Estamos llenos de orgullo, amor propio, reclamando a Dios que nos ame, adore, sirva, obedezca, no viendo que así lo rechazamos, y que es así que nos hundimos desesperados en el miedo, en la angustia, vacío y desolación, angustia y desesperación.

 Podemos logra ser adorados por todos, pero, jamás vamos a estar llenos, satisfechos, conformes o felices, porque tenemos que obrar al revés, amar a todos.

 Debemos empezar a meditar et simple Verdad, “El Que Es, El Que Era, y El Que Vuelve”, para permitirle a Dios que haga su obra en nosotros, forme Su Vida-Presencia, para Que Venga a nosotros Su Reino y nos de la Vida Eterna, nos conduzca por el Camino del Amor Verdadero, dado que Él Es Amor y Él Es Espíritu, por lo tanto, cuando amamos y queremos amar, Él Viene-Vuelve, Pasa por nosotros, y limpiándonos, purificándonos y ensanchándonos, nos conduce a que amemos a lo divino, o mejor, a que Él Ame por medio nuestro porque Él Es en nosotros, Él Es Dios y como tal lo adoramos.



Las Siete Palabras del Espíritu Santo Son:








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