30 de abril de 2013

95.- LA GRAN GUERRA



95.- LA GRAN GUERRA

 Como no hemos querido creer en Dios, confiar en Él, hacerle caso, obedecerlo en Verdad, sino que hemos inventado una religión y un culto a gusto y comodidad, reescribiendo todo, deformando todo, infectando y contaminando todo, manteniendo costumbres, inventando nuevas, etc., pero, olvidando lo mas importante, oír la Voz del Señor, estamos totalmente a oscuras, en tinieblas, llenos de miedo, angustia y preocupación.

 Realmente estamos hundidos, desmoronados, abismados y encerrados en nosotros mismos, y esto es por debilidad, por falta de Fortaleza, es decir, por falta de Amor y de voluntad de Amar, por falta de Dios. Considerar que estamos hechos para contener a Dios, y como no lo recibimos, no lo aceptamos, ni nos damos debidamente a Él, estamos con un agujero adentro, con un abismo, como un recipiente sin su contenido que se desploma sobre sí.

 No podemos llenarnos con nada, nada nos sacia o satisface, no hay consuelo alguno, o hay alivio, no hay verdadera alegría ni felicidad, porque no hay amor, ni voluntad de amar, sino un miedo angustiante, desesperante, dominante que nos impulsa a buscar ser amados, adorados, obedecidos.

 Faltos de amor a Dios, estamos hundidos, perdidos, desmoronados en nosotros mismos, abismados o centrados en nosotros, mirando siempre el ombligo, no podemos despegar el pensamiento, la mirada, de nuestro ‘yo’, nos adoramos, nos rendimos culto, y no podemos liberarnos del miedo, que es fruto del vacío, de la desolación, de la falta de Dios, de manera que somos dominados por éste manto de tinieblas que cubre el abismo existencial, sin amor.

 Ahí es que nos alzamos orgullosos  y decimos ser perfectos, mirando los defectos ajenos y queriendo imponer nuestra voluntad como si fuese la verdad, convencidos de ello, no advirtiendo que somos ‘instrumentalizados’ por el adversario, el que nos asusta, presiona, manipula, impresiona, espanta, etc., para que hagamos o no hagamos a su gusto y voluntad, sirviéndolo  aun no queriendo, pues, creemos que nos defendemos contra el miedo, que nos protegemos, o que estamos haciendo justicia.

 Estamos convencidos que al imponer nuestra voluntad, estamos haciendo justicia, pues entendemos por justicia lo que en realidad es venganza. Estamos buscando ser amados porque fuimos depreciados, queremos imponer que nos adoren  reinar o imperar sobre todos, porque tememos que no nos amen.

 Así es que, cada uno solo piensa obsesiva y egoístamente en sí mismo, se dedica a cultivar su imagen o personalidad, y luego, exige adoración, reconocimiento para ése ídolo, esa imagen exagerada de sí, la que ha construido con el auxilio y supervisión del adversario en el abismo de su miedo, y solo para hacerse amar y evitar un desprecio.

 No admitimos que no se nos obedezca, que no se nos tome en cuenta, y es porque no perdonamos, y no perdonamos porque tenemos miedo, el miedo nos domina, somos sumamente imperativos, dominantes, posesivos y absorbentes, y siempre es lo mismo, es porque somos miedosos y nos estamos previniendo, defendiendo, peleando contra todos para imponernos, prevalecer, queriendo ser tomados en cuenta, no despreciados, buscando asegurarnos ser amados y no despreciados, queriendo evitar sufrimientos.

 No vemos que nos domina el miedo, que nos manipula el adversario y que así nos hace pelear unos contra otros, nos hace apartarnos de Dios porque nos figura que Él nos deprecia al no dejarse dominar, someter, al no cumplir o no satisfacer vicios, ambiciones, caprichos, y en nuestro pensamiento mas que racional y sin fe, sumamente lógico, entendemos por justicia que, si nonos obedece, no tenemos porqué obedecerlo.

 Acá es que somos víctimas de todas las trampas y engaños del adversario, pues Dios no nos va a obedecer a nosotros, porque somos caprichosos, miedoso, ambiciosos, vicios, tenemos que aprender a obedecerlo nosotros a Él, y es ahí donde vamos a vencer el miedo, y por esto, vamos a vencer a todos los enemigos espirituales. Nonos vamos librar del miedo haciéndonos adorar, sino venciéndolo con Fe al obedecer al Señor.

 Nos peleamos unos contra otros porque queremos imponeros, deseamos dominar a quien nos atemoriza y no vemos que el miedo esta dentro nuestro, y es el vacío, la falta de amor a Dios, un abismo que no hemos llenado, esa cuota que no hemos aportado de amor, sino que reclamamos que otros la llenen por nosotros haciéndonos adorar.

 Esto mismo llevado a otros niveles, provoca guerras entre grupos, sectas, clanes, países, etc., y es así que ha comenzado una guerra generalizada, globalizada y que al final, va a llegar a ser nuclear, considerar que estamos próximos a los cien años de la primera guerra mundial.

 La gran guerra anunciada, ya ha comenzado, y como la primera, tuvo un pretexto, una excusa, el auto-atentado del llamado, 9-11’, ‘atentado de bandera falsa’, usado para movilizar los ánimos e imponer la voluntad al pueblo para que acepte y apoye, lo que normalmente no haría, yendo el pueblo mismo a guerras que son impopulares.

 Detrás de esto, siempre esta esa ambición por concretar o consumar el nuevo orden mundial. Notar que la primera guerra mundial hundió a las potencias centrales e hizo surgir a inglaterra como potencia, la segunda guerra hundió a inglaterra e hizo surgir a estados unidos como potencia, y la tercera guerra, ¿Qué hará?, el final es cantado, acabar de hundir a estados unidos para que surja como salvadora una nueva potencia. Dicha potencia, será el anticristo internacional definitivo, y es lo que esta alzándose y organizándose en el mudo bajo el nombre de, ‘BRICS’.

 Antes de seguir peleando contra otros en derredor nuestro y en derredor del mundo, debemos considerar ésta simple verdad: somos todos humanos, criaturas de Dios, miedosas, cobardes, preocupadas por nosotros y al final, manipuladas por el adversario. Considerar que, al pelearnos entre nosotros, recreamos el gran circo romano para que los demonios se diviertan viéndonos también como en una riña de gallos.

 El enemigo real, no es otro humano, otra persona miedosa y preocupada por sí misma como nosotros, el enemigo real es el miedo, son los vicios, la muerte eterna, satanás y sus demonios, la corriente del mundo sin Dios, la carne, etc., los enemigos espirituales tradicionalmente conocidos, pero, nunca otra persona.

 Nosotros vemos a otros como enemigos porque somos ambiciosos, avaros, porque tenemos miedo, estamos preocupados, y porque defendemos nuestro orgullo, porque por miedo, queremos ser amados y suponemos que, siendo obedecidos, somos amados, no queremos ver que somos infantiles, cobardes, inmaduros.

 Vemos a otros como enemigos porque alguna vez fuimos despreciados, menospreciados, humillados, entonces, se ha generado miedo, preocupación por sí, y queriéndonos defender de eso, nos la pasamos acusando a otros y suponiendo en el abismo de nuestro auto-encierro que siempre nos dejarán, despreciarán, humillarán, y ahí es que pegamos a todos antes aun de que se muevan o hablen, solo por lo que nos imaginamos de ellos, o lo que vemos tras el velo de tinieblas-miedo donde nos hallamos escondidos.

 No vemos que la imagen-personalidad, es orgullo, amor propio, expresión del deseo de ser adorados, expresión del miedo, de la preocupación por sí, y por lo tanto, un aro en derredor como un disco, y es ego, es como la grasa en el estómago, pero, espiritual, y e el fruto justamente de esa egolatría.

 El verdadero enemigo, el peor, es éste vacío interior, falta de Luz-Vida-Amor, el mismo odio que generamos, que se disfraza de personalidad orgullosa para reclamar amor, pero, que nos mantiene encapsulados y nos recuerda los desprecios pasados, para que queramos seguir preocupándonos por nosotros mismos.

 Estamos sometidos en nosotros mismos, encerrados por miedo creyendo que estamos seguros, pero, el mismo rencor que guardamos, la misma falta de perdón, nos ahoga, ahorca, porque genera odio, deseo de venganza, y nos hace ver-creer que todos nos odiarán, cundo en realidad la enfermedad esta en nosotros, esta oscuro nuestro ojo, se apagó nuestra lámpara, nuestro interior ha llegado a ser tenebroso, pues el mismo odio que vomitamos como acusación y reclamo esgrimiéndolo como arma de defensa, debido a que es un espíritu de odio, no nos ama, sino que nos odia, nos quema, es veneno que nos come por dentro, envenenando el espíritu, matando el alma y enfermando el cuerpo.

 Como somos racionalistas y hacemos gala de esto para encubrir el agnosticismo práctico y cobarde que queremos tener, no comprendemos estas simples verdades, no queremos creer en espíritus, pero, el odio que generamos por el rencor que deseamos tener, nos esta autodestruyendo, debido a que es odio, no nos ama y nos domina, nos hace temer siempre el desprecio para que queramos seguir odiando, alimentándolo, dejándolo que nos someta e impulsando a odiar mas y mas, queriendo encontrar víctimas afuera para acrecentar su poder y siendo nosotros esclavos de ese mismo odio, temerosos de nosotros.

 Le tememos a nuestro orgullo, por ello lo obedecemos, defendemos y es así que rechazamos a Dios que nos pide que, por una vez al menos, nonos hagamos adorar, obedecer, que renunciemos, que no nos impongamos. Dios nos pide este sacrificio por y para nuestro bien, para defendernos y para evitar que las tinieblas interiores nos dominen por completo, para evitar que seamos víctimas del odio-orgullo y que nos pasemos la vida en el mundo odiando y exigiendo que nos adoren mientras que no somos capaces de amar, ni de dar lo que deseamos cosechar.

 Somos unos tontos encerrados en un círculo vicioso, el que siembra vientos, cosecha tempestades, así, el que siembra odio exigiendo adoración, sumisión diciendo que le corresponde, convencido de que e le debe lo que pide, acabará por cosechar lo mismo, siendo odiado por todos en derredor, y también, por el mismo odio que ha generado en el interior como necesario para vencer o dominar a otros, dado que, al no tener mas víctimas afuera, se vuelve y devora o consume adentro.

 Lo mismo se aplica a naciones y al mundo, y es así como todos los imperios han caído por su propia corrupción a lo largo de toda la historia. Es mas aun, si el imperio romano hubiese aceptado en el principio el cristianismo y no lo hubiese perseguido, hubiese purgado sus vicios y corrupciones y se hubiese perpetuado, pero, orgulloso, satisfecho de sí, prefirió perseguir la Fe y acabó cosechando lo que sembró, sangre y muerte.

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