3 de mayo de 2013

114.- EL GRAN MILAGRO Y LA REVELACIÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA



114.- EL GRAN MILAGRO Y LA REVELACIÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA

 El tiempo que sigue, es como el que hubo entre Pascua y Pentecostés, donde los apóstoles y discípulos, participaban en la oración preparándose y creciendo en la Fe, pero, no por ello fue fácil, sino que fue un tiempo para vencer fuertes tentaciones, persecuciones espirituales, donde el adversario intentaba retomar el poder, como cuando los carros del faraón, persiguieron al pueblo que había salido de egipto.

 Los que no optaron por el Señor en Su Revelación, en ese período, creen que no ha pasado nada, se esfuerzan por volver a su vida, y por convencerse de que todo fue un sueño o que puede guardarse como un lindo recuerdo.

 Hay quienes no optaron por El Señor, pero, simpatizaron con Él, no se atrevieron a decidirse por él directa y totalmente, o no era su momento, o les faltó valor, fortaleza, o una verdadera decisión, no importa. Estos soportan grandes pruebas y persecuciones, debido que, el enemigo temiendo perderlos, quiere asegurarse que los controla, manipula, somete y les exige que le demuestren que lo adoran como dios, rey, y señor.

  El Señor, no los desampara, pues Él no vino para los santos, sino para los enfermos, es así que, si se reconocen enfermos, vencen su orgullo-miedo, y admiten que necesitan al Señor, son asistidos, defendidos y socorridos por Él, y acá esta la labor de los que triunfaron con El Señor, los que vencieron ya a la bestia y a su imagen hallándose con Él y son los que están sobre el mar de cristal, simbolizando que es una nueva creación, pues están en El Espíritu que aletea sobre las aguas como en El Principio, dado que es un Nuevo Principio.

 Si hemos creído en El Señor, nos entregamos y lo seguimos, tenemos ahora que colaborar con Él en socorrer a los que aun se hallan indecisos debido a su debilidad, pero, que creen en Él o quieren hacerlo, y es acá donde compartimos sus pruebas, donde no solo llevamos la carga propia, sino aquella que El Señor nos da para que otros no se vean horriblemente tentados y no acaben por perder la Fe.

 Considerar que El Señor se halla vivo y Presente en nosotros, por ello, continua sus obras, lo que hizo en Su Primer Paso, pero, estando Su Espíritu Vivo en nosotros, las hace en y por nosotros, siendo nosotros Su Cuerpo, soportando también sufrimientos, los que pueden ser a veces en el cuerpo, otras en el alma, y mas que nada son el espíritu o corazón.

 La prueba es la perseverancia en la Fe a través del tiempo, y soportando esas carga espirituales invisibles, o los asaltos de la astucia diabólica cual si fuésemos diques de contención de una marea creciente para que no arrastre y pierda a todas las almas, o para que no maltraten los enemigos espirituales groseramente a los que ya están persiguiendo, pues acabaría por perder su Fe.

 Tal vez estas almas no tengan amor suficiente al Señor, no sepan, no se animen, o cualquier otro motivo, eso no importa, lo que a Él le interesa es que hay un poco de Luz-Vida-Fe-Amor, y quiere defenderlo y Fortalecerlo en esas almas, quiere acrecentar Su reino-Vida-Presencia en ellas, por eso compartimos sus cargas, pruebas, asaltos del enemigo, para ayudarlos a que no caigan.

 Obramos así también como si fuésemos la red del Señor con la que Él pesca almas o las retiene impidiendo que sean arrastradas por las tinieblas que han redoblado sus esfuerzos por quedarse con ellas, celosos los demonios y desesperados por no perder clientela, víctimas, esclavos, queriéndolas seducir a algunas, obligándolas por la fuerza a otros, o venciéndolas por el miedo a todas, no importa, siempre es lo mismo, y siempre tenemos que colaborar con El Señor par que Él tenga una ofrenda que multiplicar y derramar como Pan Vivo para alimentar y fortalecer Su Presencia en las almas, para poder derramar Su Espíritu-Corazón.

 El sacrificio personal que hacemos es una ofrenda al Señor, Él la Bendice y la ofrece al Padre, El Que la acepta y la Bendice también, luego El Señor la multiplica, derramando Su amor-Espíritu-Corazón sobre otras almas. El efecto de esto es que las almas que son Llamadas, Bendecidas por El Señor, son Iluminadas, Fortalecidas, defendidas, y purificadas.

 Así es que El Señor puede continuar haciendo el Bien amuchas almas, puede seguir obrando, estar Vivo en el mundo, y es porque hay almas que se sacrifican, que renuncian a sí mismas y le ofrecen un Santo Sacrificio de Verdadero Amor, dejándolo Vivir-Ser-Hacer a Él, es decir, cuando aceptamos Su Voluntad renunciando a la propia, le permitimos al Señor Que Viva, Venga, Pase por el mundo para el Bien de muchos.

 Considerar acá que es como una segunda oportunidad Que El Señor da a las almas que quisieron seguirlo y no lo hicieron, que retrocedieron, se dejaron tentar, intimidar, o dejaron de hacerlo por debilidad, desgano, miedo, etc.

 Esta nueva oportunidad de elegir, es para éstas almas, El Gran Milagro, porque para ellas es una intervención especial e inmerecida del Señor, verdadera Revelación de la Misericordia Divina, un Milagro de Su Amor, y que les es concedido a éstas almas por el amor que las almas dan al Señor, a Él y a otras almas, es decir, por ese amor que les tenemos a otras alma y al orar, interceder por ellas y por su bien, salvación, el Señor puede obrar, intervenir, pasar, puede multiplicar eso y Bendecir especial y milagrosamente a otros que ni siquiera oran por sí, o que oran mal, o que no responden del todo al Señor.

 El Gran Milagro Es La Revelación de la Misericordia Divina, pero, que se Revela como siempre, purificando, queriendo levantar, sacar a las almas de su miseria, evitar que se duerman y pierdan, que se dejen arrastrar por la corriente, por ello, las almas bendecidas por Dios con ésta nueva Revelación de Su Amor, a veces no lo entienden y se confunden, se creen odiadas por Dios.


 Eso nos pasa a todos, creemos que somos maldecidos por Dios, olvidados por Él, etc., porque Su Amor se manifiesta permitiendo un tropiezo, revelándonos la miseria e incapacidad, liberándonos del orgullo y amor propio, y es acá donde las oraciones y sacrificios también sostienen las dudas de otros, su incredulidad, falta de fe y el combate de los enemigos interiores y exteriores que padecen.


 La Misericordia Divina, no se Revela adulando al hombre, felicitándolo, justificándolo, eso es lastimoso, bajo, canallesco, vil, despreciable, propio de estos tiempos sin Verdad, sin Fe, sin Luz y sin Amor, de cobardía inútil. La Misericordia Divina Se Revela Amando en Verdad a sus criaturas, desengañándolas de sí y de sus ídolos, permitiéndoles que conozcan la Verdad, sacándolas de las tinieblas de la ignorancia, el engaño y el error, despertándolas, queriéndolas liberar de los vicios a los que están apegadas.

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