24 de mayo de 2013

263.- EL SEÑOR NOS IMPONE LAS MANOS



263.- EL SEÑOR NOS IMPONE LAS MANOS

 Es sabido que solo una intervención milagrosa del Señor vence al anticristo, lo que no significa que debemos sentarnos a esperar que venga, sino que debemos postrarnos o arrodillarnos empezando a implorar que venga.

 Hemos obviado lo mas importante, estar expectantes, atentos y colaborando en la Vuelta del Señor, por ello, distraídos nos hemos internado, metido y perdido en miles de cosas inútiles, sin sentido, baratas, canallescas.

 Ha sucedido con nosotros aquello que dijo El Señor, nos hemos embotado en vicios viendo que El Señor se demoraba en Venir-Volver, cuando la Verdad es que no hemos querido que Venga-Vuelva.

 No queremos que Venga-Vuelva debido a que eso implica un esfuerzo, trabajo, conversión, renuncia, sacrificio, implica cambiar absolutamente de vida, de manera de pensar, de todo, y no estamos dispuestos, nos es mas fácil sentarnos al costado del camino y quejarnos, lamentarnos, culpando-acusando a otros y deseando que sean responsables por nuestra ruina, mientras nos mentimos-engañamos diciéndonos que algún día vendrá y viviremos un mundo mágico, ideal, novelesco.

 Ahora puede Venir-Volver El Señor, por ello dijo que estemos atentos, que no nos dejemos embotar por el vicio, y también dijo que no volvamos atrás, dando a entender que Su Venida es un corte con todo lo anterior y una vida completamente nueva, una verdadera Pascua, donde comieron de pie por la celeridad de la partida.

 Comparó El Señor con la acción del ladrón, pidiendo que estemos atentos, expectantes, vigilantes, pero, no hemos querido hacerle caso, nos hemos perdido en lo secundario demostrando la trivialidad, el miedo, la inconsistencia de nuestra fe.

 Si El Señor nos ha pedido que estemos vigilantes, expectantes, es porque quería que estemos atentos, que nonos hundamos-encerremos en nosotros mismos, que no nos dejemos seducir, distraer por el adversario, que aprendamos a seguirlo para poder vencer al adversario y sus trampas, engaños, embustes, y es así que diariamente Viene-Vuelve El Señor.

 Por estas venidas diarias, por estos pasos pequeños que a realizando en el alma, al final, logra una Venida-Vuelta completa, es decir, es como si realizara Su Segunda Venida a cuenta gotas, derramando gotitas de Su Espíritu, el que nos limpia, libera, corrige, purifica, endereza y hace fructificar, y tales Gotas de Espíritu, con el correr del tiempo hacen Un Don Completo, una Obra completa de Dios en el alma que ha colaborado, que le ha prestado atención día a día.

 No Viene-Vuelve El Señor porque no colaboramos, porque no lo queremos recibir, porque aun nos quedamos sentados y hundidos en nosotros mismos pudriéndonos, renegando, odiándonos, odiando a otras, queriendo hallar siempre culpables, a quienes endosarle la responsabilidad y obligar a cargar con la culpa, en vez de hacer lo que verdaderamente debemos hacer, que es simplemente o postrarnos, o ponernos de rodillas para volver al Señor.

 Considera acá lo que dijo Él mismo al profeta San Jeremías, que debía volver a Dios, para que Dios volviera a él y así poder volver a su servicio.

 Si El Señor no ha Venido es porque no hemos abierto los ojos, porque no queremos que venga, porque deseamos aun que siga ausente así nos consideramos dueños de nuestra vida y seguimos llevando una vida que es muerte, que es degradación, corrupción, autodegradación, y camino de perdición.

 El Señor Está Ahí, somos nosotros los que no le abrimos, porque esta a las puertas de neutra vida y Llama, no queremos recibirlo, dejarlo entrar-Pasar, deseamos quejarnos de que no esta mientras seguimos rechazando Su Voluntad, no aceptándolo en nuestra vida, mientras seguimos hundidos, apegados a nosotros, renegando como demonios resentidos y cobardes orgullosos que siempre buscan excusas para no ir al banquete, invitados que vuelven a excusarse, los que en definitiva muestran ante su Segunda Venida que se eligen a sí mismos, que se prefieren y que gustan mas del mundo y de la vida en éste que del Reino de Dios, manifestando así que o quieren el Reino.

 Todos llevamos por costumbre una vida controlada, sujeta, ordenada y sometida a nuestra voluntad, en apariencia perfecta, pero, absolutamente vacía, llena de orgullo que es amor propio y es como estar lleno de aire, hincharse como globo, y como es vacío en sí, invita a llenarse o consumir mas orgullo, de manera que acabamos por explotar como un globo que se infla demasiado.

 En tal orgullosa presunción, donde fingimos que todo lo podemos, sabemos, tenemos, etc., tropezamos, y es ahí donde nos sorprende El Señor como un ladrón, en la noche, en la propia oscuridad del orgullo, y no es para castigarnos, sino para ‘curarnos’, el orgullo, para liberarnos de nosotros mismos, es ahí donde por la oración, podemos acceder al gran milagro, pero generalmente no lo hacemos.

 En ese tropiezo quedamos frente a frente con lo que somos, con nuestro vacío expuesto como en una fractura de huesos expuesta, tomamos conocimiento de nuestra ceguera, como cuando Saulo chocó contra El Señor y quedó con escamas en los ojos.

 Se siente el miedo, porque vemos-comprendemos lo que hay dentro nuestro ese vacío desolado, terrorífico, amargado y amargante, y es ahí donde debemos convertirnos quebrarnos, destruir el orgullo, admitir que somos nada, podemos nada, tenemos nada y en ese quebrar el orgullo, admitir la necesidad de Dios que tenemos, para dirigirnos humildes a Él, ahí es que se caen las escamas orgullosas de los ojos porque El Señor mismo nos Impone Las Manos para derramar Su Espíritu Santo Purificador, Libertador, obrando en nuestro interior un verdadero cambio, una transubstanciación espiritual.

 Si en la oportunidad del tropiezo no nos convertimos, lo que ocurre es que realmente quedamos a merced del ladrón, del adversario que nos ha golpeado para hundirnos y llenarnos de miedo, para que, aterrorizados, hagamos cualquier cosa fingiendo que nos salvamos y lo que hace en realidad es empujarnos a que queramos rescatar, defender, resucitar el orgullo y aumentar el amor propio.

 Comprender ahora acá la importancia de la oración, en le mismo hecho podemos convertirnos o perdernos, pues el enemigo esta desesperado por imponerse como dueño, por echarnos las garras encima y hacernos arquitectos-constructores de nuestra vida, destino, mundo, no viendo que en realidad lo que hace surgir es el anticristo, un orgullo redoblado, reforzado, una columna de amor propio.

 Entonces, una intervención Milagrosa del Señor Vence al anticristo, pero, comienza con ese tropiezo donde se desploma el orgullo, y es donde también tiene que comenzar nuestra colaboración, ahí debemos querer convertirnos, orar, cambiar de rumbo, de vida, etc., porque así manifestamos que queremos ser liberados de los enemigos y que queremos Nuestro Verdadero Bien, dado que El Señor no nos va a Salvar contra nuestra voluntad, quiere que la manifestemos colaborando con lo que hace y perseverando en la confianza.

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