30 de junio de 2013

525.- NECESITAMOS LA VERDAD



525.- NECESITAMOS LA VERDAD

 Celosos, preocupados por nosotros mismos, queremos como el adversario imponer a otros que no amen, y así es como terminamos por no amar nosotros cuando decimos que lo hacemos, así nos llenamos de amor propio, deseos de adoración y acabamos postrados en tinieblas.

 Queremos ser amados, tememos no serlo, por ello atacamos el ídolo-orgullo ajeno, suponiendo que así obtendremos lo que queremos o evitaremos lo que no queremos, pero, es un engaño, porque nadie renuncia a su orgullo-ídolo-amor propio, y menos para adorar a otros.

 En el fondo, somos todos egoístas, porque somos miedosos, cobardes, preocupados por nosotros, no amamos, ni queremos hacerlo, de ahí que seamos miedosos y no tengamos otra cosa mas que miedo, preocupación por sí.

 Queriendo ser amados, lo pedimos, exigimos, imponemos y demandamos, pero, no amamos, olvidamos lo que dijo El Señor, que se cosecha la siembra, , debido a que, hasta cuando damos esperamos recibir, ser compensados, saciarnos en el ego, orgullo y amor propio.

 No vamos a conseguir, obtener, ser amados, si no amamos, tenemos que limitar a nuestro orgullo-miedo-amor propio, debemos ponerle un límite al ídolo-yo, dejar de saciarnos, conformarnos, de seguir siendo fieles egoístamente a nosotros, porque de lo contrario, nunca tendremos nada para dar a otros, y mucho menos a Dios, por lo que seguiremos postrados en la propia miseria.

 Sin renunciar a nosotros mismos, sin sacrificarnos, no vamos a generar amor, porque lo tenemos todo dedicado-consagrado al ego, al orgullo, al amor propio, de manera que siempre vamos a hallar excusas para no amar, para condenar, despreciar, debido a que lo que queremos es seguir adorándonos, satisfaciéndonos, saciándonos, conformándonos, buscando por ello lo seguro, o falsamente seguro, atándonos en apegos inútiles aduladores donde fingimos amar y donde esperamos serlo, pero donde en realidad naufragamos todos en un inmundo mar de hipocresía.

 No debemos pedirles amor a otros, sino que debemos amarlos, aceptarlos, y colaborar con Dios en El Bien Que Él Quiere Hacerles, lo que significa que no les exijamos que nos amen o adoren a nosotros, eso es secundario, aleatorio, lo importante es que amen a Dios, que lo acepten.

 Tampoco debemos imponerles que lo hagan, sino que debemos colaborar en que lo hagan renunciando a nosotros, ofreciendo un sacrificio de la propia voluntad al Señor para que pueda convertir los corazones.

 Como estamos apegados al mundo y somos esclavos del miedo, de la muerte eterna, decimos que amamos a otros y que nos interesamos y preocupamos por ellos, pero en realidad, es orgullo, amor propio, culto a la imagen, querer ser adorados y aceptados, tanto por Dios como por el prójimo.

 Notar que nos interesa solo el bien superficial, banal, vanidoso de otros, no nos interesa lo esencial que es la salvación de su alma, que se hallen en comunión con Dios.

 Comprender acá lo que ocurre con el farsante traidor que es uno de los papas actuales, solo cuida y cultiva orgullosamente su imagen cuando aparenta pobreza y no solo construye sino que difunde una imagen afín con los tiñeses del nuevo orden con el que colabora, como no podía ser de otra manera, considerar a la secta o facción a la que pertenece.

 Si bien la pobreza es un problema, no es el problema, no se puede solucionar eso primero sin solucionar el problema real que es que no amamos a Dios, no lo adoramos, no lo obedecemos, razón por la cual, después no conducimos, no guiamos, a otros a que hagan también lo esencial, amar, obedecer a Dios, renunciar a sí.

 La dedicación de la iglesia a la teología de la liberación, es la transformación cultural para alinearla al nuevo orden mundial, porque es desviarla de lo esencial, el amor a Dios, la obediencia a Su Voluntad, para enterrarla, empantanarla y postrarla en el mundo, paso previo a rasgarla y acabar de dividirla y desmembrarla, es la liquidación final posterior al cierre y ruina impuesto por la facción o secta que tiene al otro papa, la que gobernó anteriormente.

 La pobreza es un problema, pero, es causado por los mismos bancos y entidades financieras que quieren ahogar, estrangular y matar por medio de hambres, pestes y guerras a los pueblos, que así corrompen a las naciones y las someten, implantando dictadores que se fingen democráticos, infiltrando instituciones y arruinando tanto el estado como la nación.

 No es nada que pueda solucionar la iglesia, sí paliar, remediar en parte con asistencia que es necesaria, pero el problema del mundo no es ese, el problema real es que satanás esta instalado y domina, reina e impera en los corazones y en el mundo entero, porque no hay quien ame a Dios generosa y desinteresadamente, cada cual solo piensa en sí mismo y en la satisfacción de su orgullo convirtiéndose en un maldito ególatra desamorado incapacitado para amar y desesperado por hacerse adorar.

 Necesitamos la Verdad, la Revelación, porque sin ser Guiados por Dios, acabamos perdidos y enterrados en tinieblas, aun teniendo buena intención, dado que la Verdad no la vemos, no la conocemos, ni la reconocemos por nosotros mismos, pretender hacerlo es actualizar el pecado original, ponerse al servicio de satanás, que es el que se dice fuente de luz cuando en realidad es fuente de perdición, oscuridad, muerte, mentira y corrupción abominable, debido a que él mismo es eso y peores cosas aun para las que no tenemos ni nombre.

524.- LA ESCLAVITUD REAL ES LA DE NO QUERER AMAR



524.- LA ESCLAVITUD REAL ES LA DE NO QUERER AMAR

 Cuando corren las almas tras el poder en el mundo, aunque sea sobre quien tienen al lado, solo ponen de manifiesto que tienen miedo y que están construyendo egoístamente una sensación de falsa seguridad.

 Esa sensación de falsa seguridad es aquella en la que se engañan a sí mismos creyendo que dominan, controlan, someten, aplastan y esclavizan o retiene a otros.

 Este poder o autoridad imperativa sobre otros, la buscan los miedosos como el adversario mismo, con seducción, engaño, violencia, intimidación, etc., por ello, comprender acá que, los mas violentos son los mas cobardes y miedosos, son los que están mas preocupados por sí, y que por ello llegan como satanás, a hacer cualquier cosa buscando construir una falsa sensación de seguridad.

 Querer poder sobre otros, dominar, controlar, someter, es miedo, es egoísmo, preocupación inútil por sí, clara evidencia de la falta de amor a Dios y de la angustiante y desesperante preocupación por sí, que es inútil e innecesaria, debido a que, si amásemos a Dios en verdad, no tendríamos miedo, ni preocupación alguna, y no nos dedicaríamos a nosotros.

 Queremos dominar a Dios, vencerlo, aplastarlo, someterlo, impedirle Que Se Revele, debido a que no lo queremos escuchar, porque tenemos miedo y no estamos dispuestos a obedecerlo, preferimos engañarnos, encerrarnos, evadirnos, ocultarnos, incluso decir que no existe o que es sin relevancia que exista o no.

 La Fe es para valientes, los cobardes dicen tener fe en sí mismos mientras como satanás, llenos de miedo, preocupados por sí, se dedican a hacerse adorar, servir, etc., prescindiendo de Dios y engañándose a sí mismos al querer creer que así lograrán obtener lo que buscan angustiante y desesperadamente.

 Cuanto mas impidamos a Dios Revelarse, mas miedo, oscuridad, vacío y desolación habrá en el corazón, mas estaremos sometidos la miseria que nos provocamos, debido a que, amar a Dios es permitirle y colaborar en Que Se Revele.

 Si Dios Se Revela, tenemos que obedecerlo, y eso es lo que no queremos, pues no confiamos, no queremos creer en su Amor, tememos por nosotros, con miedo nos elegimos, retrocedemos y encerrados-hundidos-abismados en nosotros, lo inventamos, suplantamos, tenemos a un dios falso acorde a nuestra mediocridad espiritual, uno dominado y servil que no nos sirve de anda, y que al contrario, nos perjudica, porque no es Dios, sino el adversario transfigurado en ángel de luz que finge adularnos, adorarnos, conformarnos, cuando en realidad nos esta robando vida, quitando vitalidad y sometiendo a una miseria inmunda depravada donde las almas se corrompen irremediable y eternamente.

 Nos imponemos no amar, y luego, nos castigamos por ello, no vemos que estamos dominados por el miedo y la cobardía, por la debilidad y la preocupación inútil por nosotros mismos, lo que debemos hacer es dejar de castigarnos, odiarnos y despreciarnos, tenemos que empezar a querer nuestro Bien Verdadero y confiar en Dios, seguirlo, aprender a obedecerlo, dándole tiempo para que lo haga.

 Considerar que, nuestro mismo orgullo nos aborrece, odia y maltrata porque no nos dedicamos a hacernos amar, adorar y servir, reconocer y aceptar, de manera que acabamos hundidos, postrados, con autodesprecio, con miedo y con culpa, no viendo que así es como nos estamos dejando arrastrar al infierno, postrar en la muerte eterna.

 Si queremos que la realidad sea verdaderamente diferente, debemos manifestárselo a Dios, y luego, prestarle atención, seguirlo, porque Él nos va a sacar de la miseria, de la postración en la muerte eterna, del abatimiento, nos va a ir corrigiendo, purificando y va a llega a darnos una vida diferente, cosa que no podemos conseguir o alcanzar por nosotros mismos, con odio y con autodesprecio.

 Considera que no sabemos, no tenemos ni idea de lo que esta bien, ni de lo que esta mal, no sabemos donde esta el problema real, ni comprendemos nada, por ello es que tenemos que aprender a confiar en Dios, Que Ve, para Que nos Ilumine-Guíe, para Que nos Fortalezca y Conduzca a ganar la batalla sobre los enemigos y espirituales logrando ser verdaderamente libres, total y absolutamente, como verdaderos hijos de Dios.

 Considerar que siempre la esclavitud primera y real, es la del miedo, la de la preocupación inútil por sí, la del orgullo y el amor propio, y en definitiva, la de la miseria propia, ese no querer amar a Dios ni a nadie, suponiendo que, al dedicarse a hacerse adorar o al dedicarse a despreciar a todos, obtendremos algo bueno.

523.- ÉL ES NUESTRA COLUMNA VERTEBRAL



523.- ÉL ES NUESTRA COLUMNA VERTEBRAL

 No somos todos iguales, por ello pretender dar o imponer a todos lo mismo, sería sumamente injusto, a cada uno hay que darle lo que le corresponde, y no por nosotros, sino por Dios, no debemos juzgar por cuenta propia, sino hacer como El Señor que dijo que Él escuchaba al Padre antes de juzgar, antes de hablar.

 Encerrados en nosotros, en nuestras limitaciones, dominados por el miedo, la preocupación por sí, juzgamos demasiado severamente a unos, y demasiado benevolentemente a otros, demostrando que en realidad lo único que tenemos es miedo, que no escuchamos al Padre y que no cesamos de valernos por cuenta propia que es el camino de la ruina eterna, de estar sin-Dios ahora y para siempre.

 Tenemos miedo y culpa por lo que somos, tenemos, hacemos, podemos, y es por ello que impedimos a Dios que nos ame en Verdad, porque fingimos humildad, mientras que somos orgullosos que buscan aceptación, reconocimiento, a la vez que se desprecian y desprecian.

 No queremos amar verdaderamente a Dios, sino que queremos lograr que nos haga caso, buscamos dominarlo, someterlo, prevalecer sobre Él, de manera que fingimos humildad, para creer que somos piadosos y obedientes, pero en realidad es debilidad, miedo, cobardía, incapacidad voluntaria de amar, debido a que no queremos amar a Dios como para aceptarlo y dejarlo libre.

 Como tenemos culpa, miedo y nos autodespreciamos, queremos que Dios sea extremadamente bueno, porque en el fondo le tenemos miedo y suplicamos ser aceptados, no despreciados, poniendo de manifiesto la carencia total de Fe.

 Otras veces queremos que sea extremadamente severo y justo, como si Dios tuviese que estar a disposición nuestra o seguirnos a nosotros, no queriendo ver que estamos haciendo caprichosamente lo que queremos y que no cesamos de dedicarnos a nosotros mismos inútilmente.

 No amamos, ni queremos amar, por ello nos desbandamos a un extremo u otro, porque no aceptamos a Dios, ni nos entregamos a Él, de manera que lo inventamos, suplantamos, y todo se reduce a un esencial y básico problema, falta de verdadero amor a Dios, no tenemos voluntad de amarlo.

 Ahí es donde impedimos su Revelación y nos dedicamos a inventarlo, como tontos nos quedamos atrapados, postrados en nosotros mismos y encerraos en el olvido de Dios, en las tinieblas del tiempo decadente y miserable, de esta generación perversa y depravada, porque, aunque digamos amar a Dios, no lo hacemos.

 No queremos amar, hacemos lo que queremos que es preocuparnos por nosotros mismos, dedicarnos a hacernos amar, adorar, aceptar, tomar en cuenta, preocuparnos siempre, obsesivamente por nosotros, buscando excusas para seguir haciéndolo, para seguir adorándonos y para seguir no amando.

 Que otros no nos amen, o que parezca que es así, es la excusa que usamos para no amar, para encerrarnos, acusar y dedicarnos a lamentarnos, para seguir preocupándonos por nosotros, para seguir buscando su aprobación y quedar como tontos atados a lo que es inútil.

 Debemos renunciar al orgullo, fulminarlo, renunciando a nosotros mismos lo hacemos, debemos dejar de preocuparnos y de dedicarnos a nosotros mismos, porque, aunque logremos ser perfectos según el mundo y según lo que otros quieren, no somos, ni seremos amados, ni vamos a conseguir estar libres del miedo, porque nadie ama, ni quiere hacerlo, sino que, cada uno se preocupa por colgarse como demonio-sanguijuela de otro para quitarle vida, para imponerle que viva para alimentar su ego y conformar sus caprichos, suplir el efecto de sus rebeldías contra Dios.

 Debemos estar atentos que muchos usan la lástima para encubrir un lobo feroz, son trampas, tumbas disimuladas, y nosotros que tenemos miedo y estamos preocupados por nosotros mismos, que tenemos miedo y culpa por lo que somos o tenemos, nos dedicamos a tenerles lástima a aquellos que quieren que se la tengamos porque así obtienen ser adorados, tomados en cuenta y vivir de la vida que nos roban.

 No debemos tenerles lástima a otros, porque no es amor, debemos colaborar para que crezcan, evolucionen, para que salgan de su miseria espiritual, de su postración, cosa que hacemos orando e intercediendo por ellos, pero, por sobretodo, colaborando con Dios, obedeciéndolo, porque Él Guía, conduce, nos lleva a participar en sus obras, a asociarnos en la Resurrección que quiere hacer de la humanidad.

 Mirando a otros, no debemos ni tener lástima, ni tampoco indiferencia como los que dicen que están como merecen, el verdadero amor al prójimo consiste en querer para ellos lo que Dios quiere, y colaborar en Que lo Haga como nos vaya guiando e inspirando al efecto.

En definitiva, Que Ame Dios por medio nuestro, es decir, aceptándolo, recibiéndolo, dejándolo Vivir, Ser y Hacer a Él, que también salga, mane, brote, que lo dejemos educarnos en el Verdadero Amor y participemos en sus Obras, en las del Amor Verdadero, no amando por nosotros mismos, porque podemos desbandarnos, torcernos, cuando debemos crecer erguidos, porque Él es nuestra columna vertebral.

522.- EL QUE NOS DEFIENDE



522.- EL QUE NOS DEFIENDE

 Siempre amenaza el adversario con cosas para lograr que retrocedamos, busca, estudia o intuye nuestro miedo, la preocupación por sí para usarlo en nuestra contra, o en su favor que es lo mismo.

 Todos tenemos miedo, preocupación por nosotros, es natural, es parte del ser humano, pero, es lo mas bajo, es el instinto de conservación, por ello, si ponemos el miedo y la preocupación por sí encima de todo, es porque en realidad estamos de cabeza, enterramos la cabeza como el avestruz por miedo y la tenemos en el lugar de los pies.

 El miedo es pensar en sí, y cuanto mas pensemos en nosotros, mas miedo tendremos, pues mas orgullo, amor propio, preocupación por sí habrá. Es como si quedásemos pegados, apegados, encerrados en nosotros, porque pensamos en el ‘yo’, y después no podemos dejar de hacerlo, lo que, con el correr del tiempo, se transforma en locura y obsesión.

 Llenos de nosotros mismos, debido a que no hemos levantado la mirada a Dios, estamos ahogados, y en definitiva, llenos de miedo, porque es ausencia de Dios, olvido y negación de Él, lo que provoca debilidad, fragilidad, inconsistencia.

 El miedo surge de nosotros como un cerco en derredor, parecen murallas, defensas, pero, son cercos que nos retienen, aíslan condenándonos a pudrirnos en la propia nada mientras nos vamos convirtiendo en miedo y mas miedo, una pila de inútil preocupación por sí mismo.

 No amamos ni queremos, tenemos miedo, estamos preocupados, por ello el adversario puede asustarnos, hacernos retroceder, amenazarnos, nos hace ver los defectos ajenos y temerlos, suponer su odio, condena, desprecio.

 Considerar acá como hacemos de otros un ídolo al que adulamos, porque queremos su aceptación, reconocimiento, y porque tememos su desprecio, y como nos vamos hundiendo, encerrando y enterrando en nosotros, desde atrás de la montaña de orgullo, del velo negro de amor propio, miedo y preocupación por sí, vemos a otros, como a Dios, deformes, oscuros, vemos sus defectos y nos asustamos, lo que hace que retrocedamos mas.

 Acá esta la trampa del adversario, no amamos en realidad ni a Dios, ni a nadie, solo tenemos miedo, estamos preocupados por nosotros y es así que adulamos, adoramos y tratamos de agradar, conformar, esperando por ello ser amados y no despreciados, generando orgullo, miedo, preocupación por sí, lo que nos ahoga, somete y esclaviza, porque se forma un círculo vicioso del que no podemos, ni queremos salir.

 Las relaciones que tenemos, no son puras, y por ello no son reales, sino falsas, hipócritas y perniciosas, pues queremos ser amados, estamos preocupados por nosotros, dominados por el miedo, así es que hacemos cualquier cosa para lograr adoración y es ahí donde tratamos de agradar a otros, pero, al hacerlo, ni los amamos, ni nos amamos debidamente, de manera que nos hundimos, abismamos, ahogamos y terminamos suplicando merecer ser amados, adorados, tomados en cuenta o no despreciados.

 Nos estamos dejando arrastrar por el adversario, llevar a la deformación viciosa y desamorada, miedosa, cobarde, y es porque no amamos, sino que el miedo nos domina y terminamos buscando lo que queremos egoístamente y tratando de evitar lo que no queremos, como si tal dedicarse a sí, fuese útil, provechoso, beneficioso y real.

 Siempre el adversario va a buscar imponernos que no amemos, siempre nuestro miedo, la preocupación egoísta por nosotros, va a querer imponernos lo mismo, pero, si queremos amar a Dios, obedecerlo y confiar en Él, Es Dios Mismo El Que nos Defiende, asiste, protege y Fortalece para que lo hagamos.

 No importa lo que sufrimos, sirve para purificación y crecimiento, así como medio de liberación y de fortalecimiento para otros, además también es un camino que abrimos para que otros puedan hallar fuerza para vencer a los enemigos espirituales y salir de su postración miedosa y egoísta buscando a Dios, Su Reino y una Vida Verdadera, no la miseria a la que nos postra y obligan el adversario y la muerte eterna.

 No importa lo que los enemigos nos amenacen con hacernos padecer, debido a que, cuando nos quieren hacer padecer, lo hacen, cuando amenazan es, o bien porque no pueden, o bien porque no se animan y ladran como perros atados que son.
 Siempre son y serán perros atados si tenemos Fe, porque La Presencia Viva del Señor, los atemoriza y limita, de manera que no podrán hacer mas que lo que Dios les permita para nuestro crecimiento, evolución espiritual, purificación, podrán los cerdos infernales querer hacer mucho, pero, no esta en su capacidad, solo en su arrogancia, delirio, verborragia, etc.

521.- LA VARA DE DIOS



521.- LA VARA DE DIOS

 Miramos la realidad y no podemos hacer otra cosa mas que amargarnos, entristecernos, decepcionarnos, por ello fingimos no verla, nos esforzamos por mentirnos, engañarnos y convencernos de mentiras, falsedades, volviéndonos hipócritas frustrados, resentidos, odiosos que esconden su veneno.

 El veneno es el fruto de la frustración, del desengaño, de la decepción o desencanto, de la desilusión, pero por sobretodo, es el fermento que surge en el alma cuando nuestro orgullo esa aniquilado, destruido, cuando se vino al suelo.

 El veneno es lástima, pena, autocompasión, son los lamentos por el orgullo malherido, el efecto por encontrarse desengañado, decepcionado de sí, y por seguirse odiando, aborreciendo, despreciando.

 La realidad que nos aqueja, no es definitiva, puede ser cambiada, modificada, no superficialmente como los que se convencen de que ven lo que no es verdadero, sino real y esencialmente, cambiando la sustancia, lo verdadero y definitivo, que es lo que determina la realidad verdaderamente.

 Debido a la falta de fe y de amor, nos hallamos como nos encontramos, pero, huimos de esta realidad frustrante haciéndonos amar, adorar, imponiendo que nos vean, reconozcan, tomen en cuenta, etc., lo que es un engaño momentáneo, es como drogarse espiritualmente.

 La solución verdadera es un cambio sustancial, esencial, consiste en dejar de mirarse a sí mismo, dejar de preocuparse por sí, dejar de tenerse lástima y autocompasión, y también, dejar de odiarse-despreciarse, para pasar a amarse verdadera y debidamente, lo que significa querer para sí lo que Dios quiere, y en definitiva, querer a Dios, El Bien y la Vida.

 Si empezamos a amar a Dios en verdad, no solo cambia nuestra realidad, sino que también se modifica el entorno, se movilizan otros corazones a los que estamos ligados, así como también, desde otros nos combate el adversario queriendo impedir que alcancemos la libertad de los hijos de Dios.

 No importan los problemas, reveces, contradicciones, oposiciones, si queremos, como Dios quiere, y Él Es Dios, somos y seremos verdaderamente libres, pero, debemos trabajar, esforzarnos, sacrificarnos, comprender que El Señor nos da los talentos para que los hagamos fructificar, pues si bien Dios puede y hace todo, es necesario que colaboremos no estorbando, dejándolo hacer.

 Tenemos que prestarle atención para aprender de Él lo que es bueno y lo que no lo es, porque, encerrados y hundidos en nosotros, dominados por el miedo, acabamos llamando ‘bueno’ a lo malo, y ‘malo’, a lo bueno, debido a que estamos de cabeza y a merced de los enemigos espirituales que quieren postrarnos en la corrupción para devorarnos, consumirnos y arruinarnos mientras ellos se sacian.

 Primero es siempre el cambio espiritual, primero es la conversión, vencer a los enemigos espirituales, luego se produce el cambio externo como consecuencia natural, llega como Don de Dios añadido, debido a que hemos buscado lo primero y esencial que es a Él mismo, El Reino, como enseñó El Señor.

 Entonces, no debemos ni amargarnos, ni engañarnos, tenemos que movernos, dejar de lamentarnos, de odiar y de renegar, de perder el tiempo en las obras de las tinieblas, tenemos que empezar a aceptar a Dios, colaborar con Él, salir del abismo de amor propio, orgullo, miedo, preocupación inútil por sí, y dedicación egoísta y banal a sí, que es dedicarse al orgullo, o lo que es lo mismo, a la muerte eterna.

 No vemos la realidad, no la apreciamos, porque no aceptamos a Dios, no recibimos Su Espíritu, la Vara de Dios, la Revelación de la Verdad, quedando sumidos en tinieblas, ahogados y sofocados por las inútiles preocupaciones de las que se sirven el adversario y la muerte eterna para atarnos y postrarnos, perdernos y corrompernos, devorarnos y consumirnos, arruinarnos y cambiarnos en ellos mismos haciéndonos así suyos.

520.- COSECHA DE MISERIA



520.- COSECHA DE MISERIA

 Considerar que Dios mira los corazones, siempre fue así, y conviene Que Así Sea, porque las apariencias engañan, incluso a quien aparenta.

 Mirando los corazones El Señor Es Justo en la situación en que permite que se halle una persona en el mundo, pero, como Es Bueno, quiere que se halle en una situación mejor, de manera que de esa persona depende modificar su situación, quererlo, y de otros colaborar para que sea así.

 Dada la mediocridad espiritual, el desamor y la falta de buena voluntad, es justo que estemos en el mundo sin-Dios, pero, no es definitivo, si queremos mejorar tal situación, podemos, primero porque Dios lo quiere, y segundo porque Dios lo puede aunque otros no lo quieran, se opongan y hagan la guerra.

 El Señor Viene-Vuelve en estos tiempos, y como sucedió en Su Primera Venida, es para realizar un Juicio, para que los que no ven, vean, y para que, los que dicen ver, no vean.

 Esto significa que Dios da la oportunidad de ver la Verdad y entrar en comunión con Él a las almas, a todas, a los que nunca se preguntaron por Él, ni supieron de su Amor o siquiera de su existencia, mientras que, aquellos que se llenan la boca hablando de Dios y sobre Él sin haberlo mirado siquiera una vez, pues no han levantado la cabeza de su ombligo-ego, no lo ven, ni lo van a ver.

 No es que Dios se niegue u oculte, al contrario, esta  al avista, al alcance de la mano, no lo ve el que no quiere, no lo encuentra el que no lo busca, no lo tiene el que no lo quiere.

 Acá se produce el engaño generalizado, las almas que creen orgullosa, presuntuosa y arrogantemente que lo tienen, como no lo aman en verdad, no lo buscan, no lo desean, ni se entregan a Él, no lo ven, no lo tienen, ni lo tendrán.

 Dios no es injusto, mira los corazones y da a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, de manera que, aquellos que quieren enterrarse, ahogarse, naufragar en su orgullo y amor propio, es ahí donde están aunque hablen de Dios todo el tiempo, que de hecho lo hacen con mayor desesperación hartazgo ahora que sienten su vacío-ausencia, que están postrados en su misma desolación, en su falta de verdadero amor a Él, suplicando de esta manera verse saciados, conformados, consolados, volviéndose lobos disfrazados de cordero.

 Por supuesto que Dios no esta alegre hallándose ausente, muerto en los corazones, sino que Él mismo sufre, debido a que permanece Crucificado, ni el alma misma comprende la gravedad de su estado, se halla como en la tarde del viernes Santo, principiando un gran vacío, una gran desolación con todo lo que ha ocurrido en aquel momento y que bien puede leerse en los libros de la V. S. de Dios S. María de Jesús de Ágreda, la Santa A. C. de Emmerich, María Valtorta y Luisa Picarreta.

 El alma que renuncia a sí misma, a su propia voluntad, es crucificada en el lugar del Señor, porque ahí El Señor permanece Vivo y Resucitado, entonces, puede comunicarle al alma Vida Eterna.

 Comprender acá la eterna y capital diferencia entre un alma que ama a Dios, lo obedece, acepta Su Voluntad y colabora en Que Se Haga, permanece en La Luz, tiene Vida, y Vida Eterna, es feliz y bienaventurada debido a que, aun hallándose de paso por el mundo, ve a Dios, debido a que vive como en El Cielo, acá en la tierra.

 El alma que hace caprichosamente su voluntad propia, egoísta, orgullosa, ambiciosa, renegada, perversa, es delincuente, ladrona, traidora, hija de la perdición, discípula de judas, porque pasa por el mundo, se halla sobre la faz de la tierra, con su templo-vida-casa-corazón, vacío, sin-Dios, hallándose por ello completamente desolada, en tinieblas, sin Vida, sin Luz, sin Verdad, con las consecuencias que ello implica, como corrupción, muerte, vicios, etc.

 Considera la gravedad de lo que se enseña e impone tanto para las almas en el mundo como en las religiones, esa peste abominable de la confianza en sí mismo y de desarrollar las supuestas capacidades, el exaltar el ‘yo’, etc., eso es el veneno mas puro de satanás, la esencia mas pestilente, venenosa y perversa del adversario, porque es negar a Dios, matar a Dios, crucificar al Señor y actualizar diaria y constantemente el pecado original, consagrándose de esta manera a satanás, a la perdición, a la muerte eterna.

 Hoy en día debemos consagrarnos a Dios, a Su Voluntad, ofrecer un verdadero y Santo Sacrificio de sí, de la propia voluntad para Que Se Haga La Voluntad de Dios, porque así es como recibimos a Dios, así es como Él Vive-Reina-Permanece en nosotros y en el mundo.

 Esto debería hacerse en las religiones, pero, se hallan sumidas en tinieblas, atadas al mundo de tinieblas, perdidas tras sus fines y objetivos propios, es ahí donde la traición a Dios es como al de judas, de manera que no puede El Señor cosechar verdadero amor, salvo raras excepciones, de éstas que dicen seguirlo, pues se eligen a sí de cabeza a los pies.

 Debería practicarse en el mundo tal Santo Sacrificio de la voluntad propia para Que Se Haga-Reine-Triunfe la Divina Voluntad, pero, no hay interés verdadero de amar a Dios, en el mundo cada uno se desespera por lograr ser adorado, negándose por completo a amar en verdad a Nuestro Creador, de manera que tampoco acá puede cosechar El Señor, salvo raras excepciones como rosas en el desierto, mucho amor.

 No pudiendo El Señor cosechar amor verdadero de los corazones, no puede multiplicarlo ni devolverlo, porque la verdad es que el amor que damos a Dios, son esos panes y pescados que Él multiplica para repartirlo entre muchos.

 Considerar acá entonces que la verdadera miseria de estos tiempos es espiritual, es la raíz de todos los problemas, la falta de verdadero amor a Dios y la sobreabundancia de un excesivo, miedoso, abominable y egoísta amor propio que se traduce en un angustiante y desesperante deseo de adoración infernal que fermenta en las almas como llaga ardiente.

519.- DIOS QUIERE SIEMPRE NUESTRO VERDADERO BIEN



519.- DIOS QUIERE SIEMPRE NUESTRO VERDADERO BIEN

 Dios Es Justicia y Misericordia, ni Justicia sola, ni Misericordia sola, nosotros somos los que tomamos un solo aspecto desbandándonos hacia un lado u otro, llenándonos en ambos casos de orgullo y dedicándonos a cultivar el amor propio para terminar enterrados, sepultados y ahogados, perdidos en tinieblas, llenos de miedo y de egoísta preocupación por sí.

 Si solo fuese Justicia, sería demasiado severo y acabaría condenando, si solo fuese Misericordia, sería excesivamente bueno y acabaría permitiendo y aprobando la deformación orgullosa y viciosa de la humanidad, su alianza con el adversario y la pertenencia a éste.

 Es necesario que sea Justo para corregir, encaminar, y es necesario que sea Misericordioso para perdonar y no condenar cuando hay buena voluntad, cuando intención de dejarse corregir, encaminar, Guiar al Bien Verdadero, a la Vida Eterna.

 Por lo expuesto, el Verdadero Amor de Dios Se Revela corrigiendo, educando, enseñando, levantando de la miseria, sacando del polvo, resucitando a las almas, cosa que solo Él puede hacer, pero, para lo que requiere, pide, necesita, que las almas quieran ser rescatadas, sacadas, resucitadas.

 El Amor de Dios es Bondad y esa Bondad se manifiesta ofreciendo El Bien Verdadero a las almas primero, y luego, ayudando a que lo obtengan aquellas que lo quieren recibir.

 Un alma por sí misma no puede salir del polvo, la miseria, la mugre, el infierno, la miseria, la muerte eterna que le llega por herencia y elección propia en la vida común sobre la faz de la tierra orientada en estos tiempos de tinieblas hacia el abismo.

 Nos engañamos si creemos que por practicar algún rito, realizar alguna obra buena, ofrecer algún sacrificio, etc., logramos salir de la miseria espiritual, de la postración ante la muerte, de la esclavitud de las tinieblas, solo Dios Salva, pero, también implica que debemos querer ser Salvados por Dios, y a la vez, manifestarlo colaborando.

 La mejor forma de colaborar en la Salvación de Dios es prestándole atención, haciéndole caso, renunciando a sí, a la propia voluntad, para Que Se Haga Su Voluntad, debido a Que Dios Siempre Quiere nuestro Verdadero y Eterno Bien.

 Como Dios Siempre Quiere Nuestro Verdadero y Eterno Bien, quiere limpieza, purificación, corrección, permite la prueba para que seamos purificados en cuerpo, alma y espíritu, Él no quiere nuestro sufrimiento, pero a veces es necesario para ser purificados, corregidos, para que queramos una vida distinta, para que renunciemos al adversario, al mundo, a la carne y venzamos así a la muerte eterna.

 Dios Es Amor, por ello quiere nuestro Bien Verdadero, no nos felicita, no nos adora, no nos miente, no nos engaña porque sea Bueno y Bondad, no apaña delincuentes, no colabora ni aprueba la miseria espiritual, su Amor Se Revela queriendo limpiar, corregir, purificar, y ofreciendo la oportunidad para que cada uno pueda acceder a ello.

 Mirar a Dios como excesivamente bondadoso, misericordioso, tierno, es mirar a satanás y no a Dios, porque el cerdo infernal se hace pasar por Dios para lograr ser adorado mientras justifica la corrupción, la habitualidad en el pecado y el fermento de todos los vicios-gusanos-abismos que corroen almas, cuerpos y espíritus.

 Mirar a Dios como excesivamente justiciero, es mirar a satanás que se impone vengativo, odioso y resentido justificando el odio, la maldad, la matanza y el desprecio hacia otros mientras alimenta el orgullo y la presunción de quienes quieren ver a Dios sin Misericordia para sus enemigos como si fuesen a ser medidos con una vara distinta, ellos creen que lo serán porque están ciegos de orgullo, sin embargo, como lo dijo El Señor, “El que usa la espada, perece por la espada”.

29 de junio de 2013

518.- EL REINO DE CRISTO EN EL MUNDO



518.- EL REINO DE CRISTO EN EL MUNDO

 Vemos lo que somos, es decir, si somos vacío y desolación, eso vemos y veremos si no empezamos a remediarlo, debido a que pudimos ser amor y fuentes de amor, pudimos elegir a Dios y adorarlo a Él, para convertirnos en hijos suyos y fuentes o principios de Su Vida-Presencia en el mundo.

 Si hay amor a Dios, si lo elegimos y aceptamos, si colaboramos en Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad en nosotros, lo vemos, lo tenemos, porque lo hemos recibido en nuestra casa-vida-corazón-tierra-mundo, pero si renegamos de Su Voluntad y prescindimos de Él, no lo podemos ver, porque no lo tenemos.

 La única manera de ver a Dios, es teniéndolo, porque al tenerlo, Él nos tiene, nos transfigura, convierte y así nos posibilita verlo.

 Las almas caminan en tinieblas en el mundo porque no quieren amar a dios en verdad, no quieren confiar en Él, siendo es así como se cierran para no tenerlo y no verlo.

 Caminan las almas sobre la faz de la tierra en tinieblas porque han renegado de Dios, prescindido de Él, porque se han opuesto a Su Voluntad, de manera que solo pueden tener en sí vacío, angustia, desolación, tristeza, muerte, tinieblas, solo pueden verse a sí mismas y no a Dios, con lo que esto conlleva.

 Orgullosos, desamorados, faltos de verdadero amor a Dios, vagamos en tinieblas, somos atormentados por éstas y nos hallamos perdidos en nosotros mismos, condenados de antemano, y todo por elección propia, porque nosotros elegimos no amar a Dios, no aceptarlo, no confiar, rechazarlo, renegar de Él, prescindir, etc.

 Como tantos vemos lo que Dios no hace por nosotros y nos dedicamos a tratar de conseguirlo, obtenerlo, hacerlo, evitarlo, etc., según el caso, no nos importa nada, ni nadie, solo pensamos en nuestro orgullo, en que queremos ser amados, adorados, vernos saciados y conformados en el ego.

 No comprendemos que, amando a Dios, aceptándolo, no hay necesidad alguna, porque Él, Que Es Dios, nos llena, completa y desborda, eclipsa todo aquello que en su ausencia se haría insoportable, angustiante y desesperante.

 Para nuestro orgullo-amor propio, siempre vamos a estar obrando mal, haciendo mal, debido a que es oscuridad, ceguera, y no esta conforme nunca, de manera que, siempre todo lo critica, aborrece y rechaza, poniendo en duda hasta lo mas simple y evidente.

 El orgullo-amor propio, el vacío y falta de Dios que tenemos, no ve sino lo que quiere ver, que todo es oscuro y malo, porque solo se preocupa por él mismo y quiere por ello ser adorado, de manera que todo lo que implique no prestarle atención, es condenable para éste, despreciable, malo, de ahí que tanto mas aberrante le resulte obedecer a Dios.

 No le importa a este espíritu impuro que tenemos adentro de falta de amor a Dios lo que hagamos o dejemos de hacer, como es miedo y preocupación por sí, siempre todo va a estar mal y ser condenable, deplorable, despreciable, criticable, cuestionable.

 Siempre va a encontrar defectos en todo, porque así es como construye su poder, es la forma en la que nos viene dominando, sometiendo y obligando a que, por miedo, cedamos, nos entreguemos, dejemos que nos robe vida y quite vitalidad.

 No tenemos que hacerle caso a ese orgullo-miedo-amor propio, pues aunque parezca que nos sugiere algo por y para nuestro bien, solo esta mirando su provecho que es seguir sometiéndonos, esclavizándonos, arruinándonos, o sea, seguir viviendo de nosotros porque es un agujero negro que succiona vida, quita vitalidad y no le importa nada mas que saciarse.

 Como este espíritu son pueblos enteros que adoran a satanás históricamente y se excitan por el oro, de manera que no hacen nada bueno, sino poseer a otros pueblos, ejercer la depredación y arruinar esclavizando a las naciones mientras ejercen el poder desde las sombras colocando a la vista líderes a los que hacen adorar, servir y obedecer, completando la farsa, realizando el engaño, logrando que los esclavos estén alegres convencidos de ser libres.

 Las autoridades, tanto nacionales como provinciales y municipales, administrativas, legislativas, judiciales, etc., son las caras de los que ejercen el poder desde las sombras, de aquellos que los colocan como títeres para satisfacerlos a ellos, conformarlos y para que sigan enriqueciéndose hasta reventar como cerdos.

 La presencia de almas corruptas en las naciones ejerciendo el poder oculto y el poder visible, pero aparente, produce una degradación o corrupción no solo en lo material, sino en lo espiritual, genera peste, abominación, desolación, perversión, muerte que asola a las almas.

 No nos podemos oponer a su poder acumulado durante siglos de corrupción en el mundo, ni hay que hacerlo, simplemente debemos derrotar a sus patrones, autoridades, dioses, es decir, a satanás y a la muerte eterna, porque así perderán su poder y al final se pelearán entre sí como la banda de delincuentes que son.

 Además, si se obtiene la victoria espiritual sobre los enemigos espirituales, después no pueden los demonios, ni la muerte eterna manipular tan fácilmente a las almas, de manera que estas pasarán a no ser tan corruptas, y hasta podrán convertirse y elegir a Dios, con lo que tendremos el Reino de Cristo en el mundo, es decir, Su Presencia Viva y Obrante con Poder y Autoridad.

 El Reino de Cristo en el mundo, es el efecto o la consecuencia de que El Señor Reine en las almas, se halle presente en los corazones y derrame Su Espíritu en aquellos que se abren a Él, que quieren recibirlo-aceptarlo renunciando a la voluntad propia para Que Se Haga, Reine y Triunfe La Divina Voluntad.

517.- HACEMOS LO QUE SOMOS



517.- HACEMOS LO QUE SOMOS

 Atrae la atención de Dios el alma que dice, ‘quiero ser fiel’, o lo que es lo mismo, “Que Se Haga Tu Voluntad, Señor”, no aquella que se desespera por lograr ser oída, atendida y obedecida, o que se adora a sí misma delante de Él suponiendo que Él también debe adorarla y felicitarla.

 Se han deformado las religiones y vuelto abominables, debido a que no hay amor a Dios, no se colabora en Que Se Haga Su Voluntad, al contrario, tanto las almas como las religiones todas, se preocupan por sí, por hacerse adorar, obedecer, servir, aceptar, reconocer en sus vanidades, satisfacer en sus caprichos, etc.

 Estamos faltos de amor a Dios, por ello estamos faltos de Dios, porque si no lo amamos-aceptamos, no puede estar, no puede entrar, no hay lugar para Él debido a que estamos llenos y desbordantes de orgullo, amor propio y ahogados en la desesperación de querer ser adorados, guiados por el miedo a ser despreciados.

 ‘No te voy a dejar’, dice la muerte eterna queriéndonos retener, postrar, atar, buscando impedirnos que amemos a Dos y que lo obedezcamos, y la verdad es que puede querer o pretender lo que se le ocurra, pero no estamos obligados a obedecerla.

 Considerar que la muerte-vacío esta en nosotros, somos nosotros mismos los que no nos dejamos, no nos permitimos amar a Dios, obedecerlo, seguirlo, confiar en Él renunciando a la propia voluntad, por ello es que debemos vencer el freno interior, el miedo, la preocupación por sí, para poder seguir fielmente al Señor buscando de esta manera el Verdadero y propio Eterno Bien.

 ‘Esta mal, no se puede, no puedo hacer eso’, decimos con miedo, preocupados e imponiéndonos no obedecer a Dios por conformar a otros. Considerar que ya hemos sucumbido y estado postrados mucho tiempo por conformar y agradar a otros y si no le ponemos un límite a eso, terminaremos irremediablemente en la muerte eterna.

 Tratamos de agradar a otros y conformarlos porque somos cobardes, débiles, miedosos, porque estamos llenos de orgullo y faltos de amor a Dios, de manera que, acabamos sometiéndonos a intereses ajenos, gustos, ambiciones, entregándonos como prostitutas esperando lograr aceptación o evitar deprecio.

 Así es como nos sometemos a una esclavitud que no nos deja respirar, que rece hasta consumirnos, y encima, como tontos, queremos creer orgullosamente que somos perfectos por agradar perfectamente a otros en su ego, orgullo y saciarlos en su amor propio al conformarlos en todos sus caprichos.

 Nos atamos, esclavizamos, encadenamos y damos nuestra vida a los de en derredor adorándolos como ídolos, esperando ser amados y no despreciados, volviéndonos así viles, canallas, despreciables, abominables, faltos de Dios y opositores consumados, renegados contra Él.

 El ego es lo que nos mueve a comportarnos de tal manera, el miedo, la preocupación por sí, el deseo de ser adorados, amados y no despreciados. No vemos, ni queremos ver que nos estamos corrompiendo, pudriendo y autodestruyendo, pues parece amor, pero es amor propio en realidad y es darle la vida a los que quieren ser adulados, adorados y conformados, renegando de Dios, prescindiendo de Él y oponiéndosele.

 Nuestra ambición-vacío, ese deseo de ser adorados y conformados, nos arrastra a tratar de agradar a otros, a buscar conformarlos y es porque no podemos hacer externamente otra cosa mas que la que hacemos interiormente, es decir, como nos conformamos en el ego-orgullo siempre y sin límite ni respeto alguno a Dios, luego hacemos a otros lo mismo, queremos conformarlos en su egolatría.

 Debemos ponerle límites al orgullo, el deseo de adoración, porque así es como nos encaminamos a la perdición, debido a que prescindimos de Dios aunque hablemos de Él hasta el hartazgo. Si seguimos queriendo miedosa, egoísta, miserable y cobardemente ser adorados, vamos a seguir mintiendo, negando la Verdad mas pura y simple, Que Él Es Dios y Que Solo Él lo Es.

 No podemos hacer otra cosa que lo hacemos interiormente, debido a que es lo que somos, en lo que nos convertimos, lo que hay, el tesoro acumulado, de manera que, si nos adoramos y conformamos en el ego, terminamos buscando con miedo, preocupación y cobardía queriendo agradar y conformar a otros, suponiendo que así somos y merecemos ser amados.

 El verdadero cambio, la verdadera conversión, solo puede operarla, realizarla El Señor, y lo hace solo si lo admitimos o recibimos realmente, si aceptamos Su Voluntad y le permitimos Que la Haga.

 Debemos permitirle al Señor Que Haga Su Voluntad en nosotros, y en el mundo por medio nuestro, porque ahí es donde le pertenecemos, lo tenemos y nos tiene, ahí somos realmente libres y podemos llegar a ser verdaderamente felices, Bienaventurados aun estando de paso por el mundo.

 Hay que cambiar lo que somos para hacer algo bueno, distinto y real, debido a que no podemos hacer sino lo que somos. Si somos vacío y desamor, rebeldía y falta de amor a Dios voluntaria, es lo que hacemos, no amarlo, negarlo, renegar de Él, oponernos y tentar a otros para que hagan lo mismo, arrastrarlos a que lo nieguen y se opongan como lo hacemos-somos nosotros.

516.- FUENTES DE OSCURIDAD-MUERTE



516.- FUENTES DE OSCURIDAD-MUERTE

 El deseo de controlar a Dios, es del adverado, no nuestro, si lo hacemos nuestro dándole curso, acabamos perdiéndonos al intentar darle la razón a un loco, a un verdadero demente de soberbia por elección propia, satanás.

 Es inútil querer controlar a Dios, así como no tiene sentido alguno, Dios no va a perjudicarnos nunca, eso lo creemos por miedo, preocupados por nosotros, porque carecemos de Fe y porque nos dejamos persuadir por la propia muerte, como por el enemigo.

 Querer controlar o dominar a Dios, tratar de prevalecer sobre Él, es lo que el adversario quiso por miedo, preocupado por él mismo, buscando imponerle a Dios que lo adore en su orgullo-delirio-presunción, en su fantasía, alucinación, demencia voluntaria, por elección propia, debido a que se ha extraviado por su orgullo y soberbia, no solo internándose en tinieblas, sino, convirtiéndose en ellas y fuente de éstas.

 Pudo haber sido una fuente de luz, pero, como no amó a Dios, se volvió una fuente e corrupción, de oscuridad, muerte, un ególatra desesperado por ser adorado.

 Hubiera sido una fuente de luz si hubiese amado a Dios, si hubiese sido humilde, si hubiera renunciado a él mismo para acepar la Voluntad de Dios y colaborar en Que Se Haga, pero, como prefirió elegirse a él mismo, renegar de Dios, prescindir de Él y hacerle la guerra, se convirtió en una fuente de oscuridad, perdición, perversión, abominación, desolación, etc.

 Lo mismo ocurre con las almas, si amamos a Dios, nos convertimos en fuentes de Luz-Vida-Dios, pero, si nos amamos a nosotros mismos, nos convertimos en un abismo, que es lo mismo que decir que somos fuentes de perdición, corrupción, destrucción, abominación, etc.

 Como tontos buscamos ser amados y adorados por Dios, cuando debemos amar a Dios para tener vida, generar amor, luz, para llenarnos, y así poder unirnos a Dios y tenerlo, para tender un puente donde Él pueda Venir a nosotros y llenarnos con Su Vida-Presencia estableciendo Su Reinado.

 Tenemos que amar a Dios para volver a la vida, para que se genere vida y podamos permanecer en comunión con Él, para poder tener así Vida Eterna.

 Considerar acá los lobos disfrazados de ovejas que abundan en el mundo, son almas muertas, con un espíritu muerto, vacías, desoladas, desamoradas que se desesperan por lograr obtener y merecer ser adoradas por Dios, como por el mundo.

 Estas almas fingen amar a Dios, interesarse por el prójimo, etc., pero, no hacen en realidad mas que preocuparse por sí mismas, debido a que es del espíritu que están llenas al estar vacías del Espíritu de Dios. Están vacías del Espíritu de Dios porque no aman a Dios, no lo obedecen, sino que se dedican a sí, a hacerse tomar en cuenta, mirar, aceptar, etc.

 La mediocridad espiritual de unos, contagia y afecta a todos, arrastra, tanto mas si se trata de supuestos líderes o autoridades espirituales, porque engañan, y así como no aman ni obedecen a Dios, impiden que otros lo hagan, pues presumen de hacerlo cuando en realidad solo se adoran a sí mismos, a su orgullo abominable y no hacen mas que preocuparse por lograr ser adorados, tanto por Dios como por otros.

 Sin ser almas religiosas, las autoridades del mundo, tienen poder y autoridad, su ejemplo mueve, cunde, arrastra, y peor es la situación en estos tiempos en los que padecemos dictaduras disfrazadas de democracias donde los líderes se hacen adorar y obedecer despertando fanatismos enfermizos e infernales.

 Éstos líderes son satanistas, primero porque pertenecen a sectas masónicas, segundo porque se adoran a sí mismos, tercero porque se excitan por el dinero y deliran por el poder, de manera que son instrumentos de la perdición infernal para someter y arrastrar a muchos al infierno.

 Ellos mismos están consagrados a satanás y entregados a la muerte eterna por su ambición, perversión, depravación, y por los ritos iniciáticos de las sectas a las que pertenecen.

 No solo se van al abismo de cabeza, sino que arrastran a generaciones enteras, a la vez que siembran la perdición para las venideras, debido a que escupen al cielo, se burlan de Dios, reniegan de la Verdad y aborrecen la Divina Voluntad, se internan en tinieblas de orgullo, perversión, ambición, depravación, etc., conduciendo el destino de los habitantes de las naciones según los caprichos de satanás y de la muerte eterna.

 No se puede hacer nada contra el poder que en el mundo disponen, pero, sí podemos no adorarlos y obedecer a Dios, haciendo así que caigan en su propio vacío y naufraguen a merced de su desolación.

515.- EL ENEMIGO QUE DEBEMOS COMBATIR



515.- EL ENEMIGO QUE DEBEMOS COMBATIR

 Pensamos que hacemos algo mal o malo, y nos lo reprochamos, no nos perdonamos, nos castigamos, quedando ahogados, hundidos en nosotros y por ello, colaborando con la perdición que quieren hacer el adversario y la muerte eterna de todas las almas.

 Sentimos miedo, temblor, preocupación, porque hay vacío adentro nuestro, hay falta de Dios, es decir, espíritu de muerte terna, el que nos provoca tales sentimientos para frenarnos, postrarnos, retenernos en tinieblas, para evitar que sigamos a Dios y lo obedezcamos.

 También en ese vacío, el adversario escupe su veneno y siembra sus dudas, de manera que terminamos retrocediendo aunque hayamos tenido buena intención, porque nos dejamos vencer y dominar por la propia debilidad-miedo-muerte, por ese vacío y desolación, por la falta de Dios.

 Si hacemos un esfuerzo por confiar en Dios, creer en Su Amor, y a hacerlo en verdad, es decir, obedeciéndolo y siguiéndolo en El Camino de la Revelación de Su Divina Voluntad, aniquilamos la muerte, dejamos de producirla y empezamos a ser libres del miedo, de las tinieblas, y por lo tanto, dueños de nosotros mismos y no esclavos.

 La falta de unión con dios genera en nosotros un vacío-abismo en el que puede colarse el adversario, desde donde los enemigos espirituales pueden combatirnos para arrastrarnos a la perdición eterna.

 Si empezamos a buscar la Unión con Dios, si nos dedicamos a cultivar una verdadera comunión, aniquilamos la muerte, la vencemos, extinguimos, dejamos de ser muertos y esclavos, porque Dios Vivo y Verdadero entra en nosotros, deja de generarse la corrupción que nos devora exponiéndonos a la eterna perdición.

 Ese mismo vacío que hay en nosotros, se opone, busca aliados eternos para seguir teniendo el poder, el control, el dominio, para seguir prevaleciendo y esclavizándonos, nos juega en contra, traiciona, porque nos envía pensamientos y sentimientos de miedo, preocupación, dudas, desánimo, desesperanza, decepción, etc.

 Somos tentados por el propio vacío que recurre al auxilio del adversario, de la muerte eterna externa, de otros rebeldes contra Dios en derredor nuestro, etc.

 Éste es el enemigo que debemos combatir, la falta de amor a Dios, la miseria espiritual, la excesiva e inútil preocupación por sí, ese constante elegirse a sí mismos renegando de Dios, prescindiendo de Él, ignorando voluntariamente Su Voluntad e impidiendo Su Divina Revelación.

 Es un maldito traidor que se elige a sí mismo, porque es un espíritu dentro nuestro, el del vacío y de la negación de Dios, de la oposición a Él, de la rebeldía, del amor propio, etc.

 La expresión de tal traidor es el ‘yo’, de manera que somos libres verdaderamente cuando aniquilamos al ‘yo’, no cuando lo exaltamos como enseñan los satanistas.

 El ‘yo’, es orgullo-miedo-amor propio-preocupación inútil por sí mismo, y es lo que nos mueve a dedicarnos a nosotros, a hacernos adorar, servir, obedecer, etc., no viendo que así es como cree el vacío, la negación de Dios, la rebeldía, oposición a Él, y por lo tanto y en definitiva, la muerte eterna en la que nos convertimos.

 Amamos a Dios cuando renunciamos a nosotros mismos, a la voluntad propia para aceptar Su Voluntad, para seguirlo colaborando en Que Se Haga en nuestra vida.

 Considerar acá la razón por la que nos perdemos en cosas inútiles, actividades vanas llenándonos de orgullo y presunción, es decir, renegaos de Dios alegremente, incluso diciendo que lo amamos y adoramos, simplemente porque nos oponemos a Su Voluntad, porque dedicados a nosotros, a hacernos ver, amar, adorar, etc., lo que es cultivar la muere en el corazón, el vacío, la desolación, la negación de Dios, el reniego de Él, un suicidio espiritual.

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