17 de junio de 2013

431.- ANATEMA



431.- ANATEMA

 Debemos librar un verdadero combate espiritual para liberarnos del dominio de satanás, expulsarlo no solo desalma propia, sino también de la creación, tenemos que colaborar en la Vuelta del Señor por y para nuestro Bien Verdadero, y el de muchos.

 Lógicamente, no vamos a empezar a exorcizar el mundo, pero no sería un mal comienzo. La victoria sobre el adversario consiste en derrotar el orgullo, en abandonar la rebeldía contra Dios, en empeñarse-dedicarse-consagrarse a colaborar en Que Se Haga La Voluntad de Dios en nuestra vida y en el mundo, cosa que solo es posible si renunciamos a la voluntad propia ofreciéndola como Santo Sacrificio agradable al Señor.

 Mientras solo practiquemos una religión mundana, un culto en, por y para el mundo, no estamos librando el combate espiritual, al contrario, somos unos ciegos engañados que colaboran con el adversario cuando dicen seguir a Dios.

 Las religiones en este punto han llegado a ser inútiles, ineficientes, inservibles y hasta serviles con el adversario, convirtiéndose en lobos disfrazados de ovejas, pues sea que guarden tradiciones y sean modernistas, han abandonado el culto verdadero a Dios, carecen de amor real a Él y no lo obedecen, pasándose en banda al adversario y poniéndose a su servicio para engañar almas y corromperlas, llenarlas de orgullo y arrastrarlas a las tinieblas, postrándolas y perdiéndolas en la muerte eterna.

 El verdadero combate consiste en renunciar a sí mismo, a la propia voluntad ofreciéndola como sacrificio a Dios para Que Él pueda Hacer Su Voluntad en nuestra vida, para que así tenga lugar, pueda hallarse Vivo y Presente.

 Una religión que consista solo en estudio, es un lavado de cerebros al servicio de satanás, no deja de ser una secta. Una religión que consista solo en obras de caridad, no deja de ser una ong al servicio de vaya saber quién la financia y controla por detrás beneficiándose con la falsa filantropía. Una religión que solo pone el acento en lo moral, es igualmente inerte en lo espiritual, también construye en la arena y deja lo esencial afuera. Una religión o culto que adora cualquier cosa menos al Dios Vivo y Verdadero, es espiritismo, satanismo, así como aquella en la se le rinde culto al ‘yo’.

 Una verdadera religión es aquella en la que se ama a Dios, se lo adora y obedece, donde el trabajo primero y principal consiste en discernir Su Voluntad para no oponerse a Ella, para permitirle y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Tampoco es religión ponerse a pelear contra demonios, eso es accidental, secundario y accesorio, los demonios nos van avenir a buscar si queremos realmente obedecer a Dios, y es ahí donde se libra el combate espiritual.

 No consiste el combate espiritual en pasar el tiempo lidiando con demonios que no quisieron obedecer a Dios y que menos nos van a obedecer a nosotros en su inmundo, abominable y eterno orgullo. El verdadero combe consiste en vencer a los enemigos espirituales para obedecer a Dios, consiste en efectuar una verdadera renuncia a sí mismo.

 Tal renuncia es una renuncia a la propia voluntad, y es un sacrificio que se ofrece a Dios, sacrificio de sí, verdadero holocausto, donde somos sacrificados espiritual o místicamente por amor a Dios.

 Esa renuncia es la que pidió El Señor en el tiempo de Su Primera Venida para que lo podamos seguir, y es ahí donde muriendo místicamente a nosotros mismos al abrazar la Santa Cruz de Su Revelación, Él Es Libre, porque Hace Su Voluntad como en el Cielo, en la tierra de la propia vida-casa-corazón.

 Ese sacrificio es el que nos vuelve hijos de Dios, porque es seguir verdaderamente al Señor, dado que lo recibimos en Verdad y Él vive y Reina en nosotros, porque Hace Su voluntad.

 Podemos vencer al adversario mediante uno o varios exorcismos, pero, si el corazón esta orgulloso por ello, nos ha entrado por detrás y nos domina. Lo mismo sucede si estamos vacíos, recordar lo que dijo El Señor, que si se echa un espíritu impuro vaga por lugares desiertos, pero vuelve con siete peores si la casa esta vacía.

 La casa es la vida, el corazón, la propia tierra, lo que somos y hacemos, y está vacía porque estamos carentes de amor a Dios, faltos de amor verdadero a Él, entonces, debemos vencer al adversario bien y en verdad, es decir, confiar en Dios, creer en Su Amor y amarlo.

 El amor verdadero a Dios se expresa en la obediencia, cuando obedecemos Su Voluntad y colaboramos en Que Se Haga-Reine-Triunfe, y no una vez o dos, ni siquiera siete, sino como dijo El Señor, setenta veces siete, es decir, siempre, haciendo de tal sacrificio de sí una constante, perseverando en éste Camino. Derrotando al adversario de esta manera, no puede volver, no tiene acceso, y por mas que nos persiga por sí o por otros por los que nos hace odiar, no puede estar adentro nuestro.

 Así es como retroceden las tinieblas también en el mundo y como será vencido al final satanás, cuando no halle cómplices, cuando no pueda meterse en la vida de las almas, cuando lo rechacemos y expulsemos del corazón, declarándolo anatema.

 De una manera o de otra, vamos a ser declarados anatema, es decir, o para Dios o para el adversario, estamos y estaremos totalmente consagrados, entregados, así es que o bien seremos destruidos en la Fe por el enemigo, o bien destruiremos al enemigo al perseverar en la Fe siendo espiritualizados y transfigurados por El Señor.

 La elección de que holocausto ofrecer, a quien ofrecerse en holocausto, depende de cada uno, nosotros elegimos si queremos estar totalmente consagrados a Dios o totalmente consagrados al adversario, y así, si nos consumimos en amor a Dios, o en amor propio y orgullo, y en el consecuente deseo desesperante de ser adorados.

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