5 de julio de 2013

1.1. LA RESURRECCIÓN DE LOS CUERPOS



1.1. LA RESURRECCIÓN DE LOS CUERPOS


REINO
QUE ES
Corporal o material
Cuerpo
Moral o intelectual
Alma
Espiritual o místico
Espíritu


 La persona esta formada por tres reinos, el corporal o material, el moral o intelectual, y el espiritual o místico. El reino material es el cuerpo, el reino moral es el alma y el reino espiritual es el espíritu.

 Todos tenemos los tres reinos, porque todos tenemos cuerpo, alma y espíritu.

 El cuerpo vive porque tiene un alma que lo anima, y el alma vive porque tiene un espíritu que le da vida.

 Evidentemente la parte o reino mas importante es el espíritu, porque es el que da vida al alma, que es la que anima al cuerpo.

 Si el alma se separa del cuerpo, la persona muere a la vida en este mundo material. El cuerpo es temporal, de no haber ocurrido el pecado original, el cuerpo padecería una muerte, pero accedería a una resurrección en el que sería transformado, transfigurado y podría ser ascendido al Cielo como ha ocurrido con María Virgen, y como bien lo describen la V. S. de Dios Sor María de Jesús de Ágreda y María Valtorta en sus obras.

 Maria Virgen por su Inmaculada Concepción, y por haber conservado Inmaculado Su Corazón, no cometió pecado, no se rebeló contra Dios, hizo su paso por el mundo en el Reino de la Divina Voluntad como Ella misma lo explica y se encuentra en las obras de Luisa Picarreta.

 Siendo Inmaculada, sin defecto, sin vicio, sin mancha, toda pulcra, toda santa, no había razón para que su cuerpo o reino material conociera el sepulcro, así es como fue la primera Resucitada después del Señor, como puede leerse en las autoras precitadas, y también en un relato sobre su vida que transcribe la Santa A. C. de Emmerich.

 Nosotros, suerte común de los mortales, recibimos la herencia de muerte de Adán y Eva, por ello, somos concebidos con y en pecado, nos alcanza la sentencia de muerte de los progenitores de la raza humana, de manera que conocemos la corrupción del sepulcro, el cuerpo va irremediablemente a la ruina.

 Que vaya a la ruina, no quiere decir que debe despreciarse, sino que debe colocárselo en su lugar, el ínfimo, el último, es solo una estructura, un templo, pero cáscara descartable donde debe habitar el alma, la que a su vez, es cáscara del espíritu que debe florecer, que debe ser un Fuego Ardiente de amor a Dios.

 Si llegamos a pasar una purificación en tierra que nos libere de los efectos del pecado original, es decir, si abandonamos la rebeldía contra Dios y comenzamos a hacer nuestra vida en comunión con Él, nos introducimos en Su Reino, porque Él Vive en nosotros, así es que hacemos la vida, el paso por el mundo en El Reino de la Divina Voluntad, en perfecta y total comunión con Dios.

 Esto provoca que se genere un Fuego Ardiente de Caridad Divina, una Presencia Real de Dios por Su Espíritu Santo en nosotros, lo que provoca una transformación, transubstanciación, verdadera resurrección que purifica espíritu, cuerpo y alma.

 Eso hace que el alma se conserve, purifique, transforme, y lo mismo provoca en el cuerpo, de manera que, esforzándonos por seguir al Señor, por aceptarlo, obedecerlo y permanecer plenamente consagrados a Él, alcanzamos la Pre-Santificación, somos Salvados por Dios y pasamos por el mundo como hijos suyos, dando testimonio de la Verdad, de Que Él Es Dios, porque lo amamos y obedecemos que es el mejor testimonio, el verdadero.

 Así es como el cuerpo no experimenta la corrupción del sepulcro, pues sitien morimos, somos sepultados, ese cuerpo espiritualizado, o bien queda incorrupto como testimonio para muchos en el mundo, o es definitivamente transfigurado por La Fuerza de Dios y sube espiritualizado para permanecer definitivamente en el Cielo.

 Se engaña el que espera que el cuerpo corrupto algún día resucite, ha vuelto al polvo, la resurrección de los cuerpos es consecuencia de la resurrección de las almas, y la resurrección de éstas, es consecuencia o efecto de la resurrección de los espíritus.

 Esto quiere decir que, debemos reunir nuestro espíritu con Dios porque la separación del espíritu humano del Espíritu Divino es lo que se conoce como ‘pecado original’, debido a que es rebeldía, desobediencia, rechazo a Dios, es fuente de orgullo y amor propio, es lo que hacemos cuando elegimos no amar a Dios y preferimos amarnos-adorarnos a nosotros mismos.

 El Nombre del Padre Es Santificado cuando El Hijo Venido a nosotros nos reúne con Él, pudiéndonos así dar Vida, devolvernos a la Vida Eterna, al Reino de Dios, a permanecer en comunión real, mística, espiritual con Él, donde recibimos Su Vida-Espíritu-Esencia como herencia.

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