5 de julio de 2013

1.3. LA RESURRECCIÓN DE LOS ESPÍRITUS



1.3. LA RESURRECCIÓN DE LOS ESPÍRITUS

 Debemos empezar a conocernos, reconocernos, contemplarnos a la Luz de Dios, porque, de lo contrario iremos a la perdición eterna, la corrupción nos devorará por completo y acabaremos perdidos en tinieblas para sufrir sin fin ni remedio.

 La única manera de recibir la Luz de Dios es abrirse a Él, es renunciar a sí mismo, a la propia voluntad para Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad, o sea, se trata de no oponerse, no rebelarse, no renegar, aprender a obedecer, porque ahí es donde las puertas están verdaderamente abiertas para Dios.

 Eso posibilita Su Paso por nuestra vida, y si Dios, El Creador, El Que Es La Luz, Pasa, es evidente que produce un cambio, una transformación, porque las tinieblas se desvanecen y convierte en Luz-Vida lo que toca, es decir, en Él mismo, pero, si no le abrimos, no le permitimos pasar, vamos a quedar irremediablemente atrapados en nuestra nada-miseria, en la falta de amor a Él, inundados de amor propio y desesperados como el que se ahoga queriendo obtener ser adorados, como satanás.

 Solos no somos capaces de nada, o peor, somos capaces de engañarnos, de entregarnos al adversario y a la muerte eterna para acabar presumiendo de que somos perfectos y estar desesperados como todo orgulloso-muerto, por lograr ser aceptados, adorados, tomados en cuenta y no despreciados, no rechazados, no ignorados.

 No somos capaces de amar a Dios, podemos querer, intentamos demostrarlo también, pero, no somos capaces verdaderamente de amar a Dios, y mucho menos como es debido, tenemos que aprender a renunciar a nosotros mismos, a abrirnos, recibirlo, permitirle a Él Revelarse y entrar de esta manera en nuestro ser, dejándolo Ser y Hacer.

 Solo si Su Amor-Vida-Espíritu-Presencia entra en nosotros, podemos amar a Dios Verdaderamente, porque lo hacemos con Su Amor-Espíritu, con su misma Esencia.

 Comprender acá la importancia de recibir La Revelación de Dios, a Aquel Que Es La Revelación de Dios, porque si aceptamos la Palabra de Dios, si colaboramos en Su Revelación dejándolo que entre en el alma, entra limpiando, purificando y sale liberando, salvado.

 El Hijo de Dios permanece en nosotros, arde de Amor a al Padre, nos purifica, corrige y Une con Él, convirtiéndonos en ofrendas agradables al Padre, nos va uniendo a Su Muerte Mística, nos asocia a Su santo Sacrificio y pasa a realizarlo y actualizarlo desde el corazón, porque Es Él El Que Vive en nosotros.

 Si seguimos al Señor en El Camino de La Revelación de Su Voluntad, le estamos permitiendo Que Venga, colaboramos en Su Vuelta, y es así como verdaderamente lo tenemos, porque Él puede permanecer Vivo. Si El Señor Vive y Reina en nosotros, si Hace Su Voluntad en nuestra vida, tenemos Vida Eterna, Verdadera, Mística, Espiritual, porque ahí verdaderamente Él Es en nosotros, y en el mundo por medio nuestro.

 Si puede hacer Su Voluntad en nosotros El Señor, como no tiene voluntad rebelde contra El Padre, sino que su Voluntad es Amor Verdadero al Padre, Voluntad de Amarlo, de Que Se Haga Su Voluntad, nos asocia a Su Vida, nos convierte en amor verdadero al Padre, porque nos Guía a queramos Que Se Haga La Voluntad del Padre en nuestra vida.

 Así es que sube, surge, se eleva, una Columna de Amor Ardiente, de Luz pura hacia El Cielo en devolución de la Columna de Luz Pura y Ardiente Que Ha Descendido y Venido a nosotros, ésta va por dentro, la que desciende la contiene, y es así como se forma una Unión Mística, Real, irrevocable, indestructible, porque la Presencia Viva del Hijo en nosotros amando al Padre como en El Cielo, nos une a Él y nos vuelve parte de Él, Uno Solo.

 En definitiva, la Resurrección del Espíritu no consiste en que amemos por nosotros mismos a Dios, sino que en que amemos a Dios de tal manera que dejemos Vivir-Reinar-Permanecer al Hijo en nosotros para Que Él Ame al Padre en y desde nosotros, uniéndonos así a Él, asociándonos y dejándolo Ser a Él con y en nosotros.

 Otra vez, eso es lo que permite Que El Padre también Venga a nosotros, y que por medio del Espíritu Santo la Santísima Trinidad Habite en una criatura, porque ésta habita en Ella.

 Así es como se Hace Su Voluntad como en El Cielo, acá en la tierra, no hay otra manera, si pretendiésemos hacer por nosotros su Voluntad, seríamos imitadores, farsantes, billetes falsos, monitos remedadores de Dios como satanás, el adversario.

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