5 de julio de 2013

1.5. IMPORTANCIA DEL PERDÓN A DIOS



1.5. IMPORTANCIA DEL PERDÓN A DIOS

Siete Espíritus de Dios
Enemigos a vencer
Verdad
Demonio
Libertad
Mundo
Paz
Carne
Luz
Muerte eterna
Amor
Bestia del mar
Justicia
Bestia de la tierra
Misericordia
Estatua


 El crecimiento, la evolución espiritual, consta de siete partes, porque se produce venciendo a los siete enemigos buscando, queriendo, pidiendo a Dios sus Siete Espíritus.

 Los Siete Espíritus de Dios: Verdad, Libertad, Paz, Luz, Amor, Justicia y Misericordia.

 Los enemigos que se vencen al adquirir esos espíritus, son respectivamente: demonio, mundo, carne, muerte eterna, bestia del mar, bestia de tierra y estatua.

 Solos no podemos hacer nada, lo dijo El Señor, y es evidente que hacemos nada, pues espiritualmente nos estamos pudriendo, corrompiendo, degradando y pasando al adversario volviéndonos hipócritas que se engañan a sí mismos, que se mienten y se lo creen.

 Realizando un culto, practicando una religión o espiritualidad, no implica que evolucionemos espiritualmente necesariamente, no quiere decir que progresemos en el Verdadero Amor a Dios, generalmente tales cosas acaban siendo solo superficiales, superfluas, y por ello engañosas, nocivas y hasta perversas.

 Son perversas porque las almas terminan engañadas, creen que aman a Dios cuando en realidad no lo hacen, creen que evolucionan espiritualmente cuando en verdad no lo están haciendo. Crecer o evolucionar espiritualmente no es practicar ritos, no es aprender o adquirir conocimientos alimentando la mente.

 El error garrafal es que falta lo esencial, es que, a pesar del Primer Paso del Señor, seguimos perdiendo el tiempo en lo secundario, aparente, superficial, que puede o no ser bueno, útil, pero que en el fondo es inocuo, y a la larga se convierte en un verdadero obstáculo, porque lleva a las almas a transformarse en fuentes de orgullo, amor propio y de deseo de adoración, es decir, hijas de satanás.

 El problema es que, por cumplir con una religión, rito, culto, espiritualidad, las almas creen que aman a Dios, no ven que lo esencial queda de lado, que se están llenando de orgullo, amor propio, de deseo de adoración, y que por ello no generan amor, no se unen con Dios, sino que se pierden ahogan y naufragan en sus vicios, en la propia corrupción, degradación y se están entregando por ello al adversario y a la muerte eterna.

 Lo esencial es amar a Dios en verdad, no engañarse a sí mismo y tratar de convencerse, y esto se logra renunciando a sí mismo para aceptar la Voluntad de Dios y entregarse-consagrarse a Ella, a Él por Ella.

 La Voluntad de Dios debe ser buscada, discernida, para eso es que debemos orar, pedirle a Él Que Haga Su Voluntad así como en El Cielo, en la tierra propia, en el corazón, en nuestra vida, permitiéndole entrar, purificarnos, resucitarnos, transfigurarnos, transubstanciarnos.

 La verdadera religión no la podemos hacer nosotros, la verdadera adoración no es humana, consiste en aceptar a Dios, recibirlo, dejarlo Vivir-Ser-Hacer en nosotros, y en el mundo por medio nuestro, es un Verdadero Don de Dios y Es Él Viviendo, lo que implica que nosotros estemos muertos, o sea, que no haya rebeldía sino obediencia, acompañamiento, verdadera Humildad.

 Considerar que no amamos a Dios en verdad y nos engañamos a nosotros mismos si no le permitimos Que Se Haga Su Voluntad en nuestra vida. Este engaño es nocivo, perverso y abominable, porque nos deja vacios de Dios y llenos de orgullo, presunción, volviéndonos arrogantes que deliran de soberbia y se desesperan por lograr ser adorados, tanto por Dios como por otros en el mundo, y es así como surgen los lobos disfrazados de cordero, verdaderos anticristos que quieren recoger para sí y saquean el rebaño de Dios.

 La verdadera evolución o progreso espiritual consiste en amar a Dios en verdad, en irlo aceptando-recibiendo a diario, y es en esto que consiste la Verdadera Religión, si falta esto, solo practicamos cosas superficiales, inútiles, nocivas para el espíritu, y si el espíritu se envenena volviéndose orgulloso, estamos en la muerte eterna y no en el Reino de Dios.

 El Espíritu de Dios, El Amor de Dios, nos mueve al Amor, es decir, entra en nosotros y limpia, purifica, pero, requiere para eso que queramos amar, que queramos aceptar a Dios primero, y luego, que perdonemos a otros, pidamos perdón y a la vez nos perdonemos y pidamos perdón.

 Perdón es aceptar, no rechazar, y es a la vez olvidar y no reclamar, es soltar y liberar, por ello, debemos comenzar por perdonar a Dios y por pedirle perdón, sin miedo ni vergüenza de utilizar la palabra, “Perdón”, porque si no la usamos, no se ocurre cambio, no hay modificación alguna, solo se encubren miserias con apariencias volviéndose las almas hipócritas.

 Comprender acá la razón por la que hay almas que se pasan el tiempo hablando de Dios, sobre Él y hasta a Él, pero, son pocas las que lo dejan Hablar a Él, que le permiten Que Se Revele y así diga lo que esta bien y lo que no, lo Que Es Bueno y lo que no.

 No amamos a Dios cuando queremos obligarlo a que nos de lo que queremos recibir, ni cuando le insistimos en que nos haga caso, sirva, porque ahí estamos llenos de orgullo, de miedo, de preocupación por nosotros reclamando desesperados adoración, poniendo de manifiesto que estamos muertos, sin amor y sin voluntad de amar, y por ello postrados en al muerte eterna.

 Debemos permitirle a Dios Que Se Revele, de otra manera no lo amamos en Verdad. Si dejamos a Dios Que Se Revele, estamos dejando a Dios Que nos Ame, y es así como somos Amados por Dios en Verdad.

 Mientras no permitamos y no colaboremos en La Revelación de Dios, no amamos a Dios en verdad, solo estamos sentados a la sombra de la muerte engañándonos y pretendiendo engañar a otros, construyendo imágenes mentirosas por las que esperamos ser amados, adorados y en donde no amamos, ni queremos, colaborando por ello con el adversario en la autodestrucción propia y ajena.

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