5 de julio de 2013

1.6. QUE DIOS NOS HAGA EL BIEN QUE SOLO ÉL PUEDE HACER



1.6. QUE DIOS NOS HAGA EL BIEN QUE SOLO ÉL PUEDE HACER

 Primero Dios Envía-Revela Su Espíritu de Verdad, lo va haciendo de a gotitas, porciones, y a medida que lo vamos aceptando, recibiendo, va entrando en nosotros transformándonos, purificándonos, espiritualizándonos, transfigurándonos, Resucitándonos y transubstanciándonos.

 Es Fuego, Ardor, Llama Viva y Ardiente que produce esos efectos en nosotros, y si vamos siguiendo al Señor en El Camino de la Revelación de Su Divina Voluntad, va dándonos una vida nueva, va formando su Vida-Presencia-Reinado en nosotros.

 Ese Espíritu de Verdad, purifica los siete vicios capitales dándonos los Siete Sagrados Dones del Espíritu Santo, pero no es mágico, y si bien es algo que Solo Dios Puede Hacer, requiere nuestra colaboración, la que consiste en renunciar a nosotros mismos, a la propia voluntad para Que Se Haga-Reine-Triunfe la Voluntad de Dios.

 Al renunciar a nuestra voluntad siguiendo la Voluntad Divina, aceptamos a Dios, Él entra, Su Espíritu entra y Pasa obrando lo antes mencionado, porque así nos va crucificando, uniendo a Su Santo Sacrificio y así es como nos va convirtiendo en una ofrenda de Amor Puro, Real, Vivo y Ardiente a Él.

 Cada renuncia es una pequeña Crucifixión, así como también muerte y Resurrección donde El Señor nos va transfigurando, donde Él, como Sumo Sacerdote Eterno nos transubstancia para dejarnos completamente unidos a Él, convertidos en uno con Él, pasando a Vivir-Estar-Permanecer-Reinar Él en nosotros, y por medio nuestro en el mundo, dado que pasamos a ser como templos vivientes que lo tienen a Él.

 Así es como El Señor va purgando día a día a los vicios, nos va liberando de los enemigos espirituales a los que nos conduce a vencer, los que vencemos en la Santa Cruz, aceptando Su Voluntad y renunciando a nosotros, a la voluntad propia con la finalidad de Que Se Haga Su Voluntad, Que Reine y Que Triunfe, tanto en nuestra vida como en otros y en el mundo.

 Así es como nos va convirtiendo Él, pero con nuestra colaboración, no puede hacerlo Él por sí solo porque no quiere imponérnoslo, ni lo podemos hacer nosotros por cuenta propia y sin Él, porque hacemos imitaciones burdas que solo sirven para que nos auto-engañemos.

 De esta manera surgen en nosotros siete fuegos ardientes, los Siete Dones del Espíritu Santo se arraigan, y esas Siete Llamas Ardientes de Amor Puro y Verdadero, se unen en la parte alta formando una nueva Llama, donde Dios puede bendecir y donar el Espíritu siguiente.

 El Espíritu que Sigue, Es El Espíritu de La Libertad, el que engendra las Siete Virtudes, las que, otra vez, combaten los siete vicios, llenan sus abismos y surgen como llamas ardientes de renuncia a sí y de entra-consagración-don de amor de la criatura a Dios.

 Esas siete Llamas Ardientes forman una sola en su conjunto, en la parte superior, donde Dios Bendice y derrama el Espíritu-Don siguiente, que es El Espíritu de La Paz. De este Espíritu surgen los Siete Frutos del Espíritu al vencer, como se explicó antes, a los siete vicios y generar Siete Llamas Ardientes de Amor-Entrega a Dios.

 Esas siete Llamas Ardientes forman una sola nuevamente en la parte superior, donde Dios Bendice y derrama el Espíritu que sigue para librar un nuevo combate contra los siete vicios capitales como prueba de confirmación del Don de Dios.

 El Espíritu Es El Espíritu de La Luz, y de éste combate surgen Siete Llamas Ardientes que son las Siete Bienaventuranzas.

 De esas Siete Llamas Ardientes reunidas en su cúspide, surge una Llama Única nueva que es Bendecida por Dios con un nuevo Don Espíritu, El Espíritu de Amor.

 Acá comienza propiamente El Reino de Dios, es la Vida Mística, porque llegado a este punto el alma ya no vive, Es Dios El Que Vive, como dijo San Pablo, Es Cristo El Que Vive.

 Acá derrama El Señor Su Espíritu de Justicia y Misericordia, porque Es Él viviendo, El Que Se Halla Presente, Reinando.

 Llegado este punto del crecimiento o evolución espiritual es que dijo San Juan que el alma no peca, ni puede pecar, debido a que no se rebela contra Dios, ni puede, pues se halla ya Pre-Santificada, debido a que vive como en El Cielo, acá en la tierra, en Presencia de Dios, adorándolo, amándolo como Él manda y merece, como se le debe.

 Debemos pedirle al Señor que no nos deje caer en tentación, que no nos somete a prueba, pero, no con la intención de que no seamos probados, sino que no cedamos, no lo traicionemos, no nos elijamos, sino que nos de o haga el Don de la Perseverancia Final para que podamos alcanzar la Salvación, incluso, antes de acabar el paso por el mundo, para que seamos así PRe-Santificados.

 Considerar que somos nosotros los que probamos, tentamos, desafiamos a Dios, porque no lo amamos y esperamos que nos adore, le reclamamos que nos mire, haga caso, sirva, o que acepe nuestras vanidades, delirios, fantasías, eso que hacemos sin Él y contra Él.

 No debemos someter a prueba a Dios, no debemos tentarlo, hay que aprender a empezar a amarlo, a renunciar a nosotros y entregarnos a Su Voluntad.

 Nadie es justo por sí mismo, no son las cosas que hacemos o dejamos de hacer las que nos hacen justos, o santos, sino que es Dios Vivo Viviendo en nosotros, hallándose Presente y Reinando El Que nos Hace Justos-Santos. Nuestra pretendida justicia, perfección, santidad, es el obstáculo orgulloso que repele a Dios, que lo rechaza y que le impide hacernos El Bien Verdadero.

 Considerar por lo expuesto que la Verdadera Justicia, Santidad, Espiritualidad, depende de Dios, pero, siempre esta pendiente de nuestra aceptación. En la única manera que podemos decir que depende de nosotros es en el sentido de que depende de nuestra aceptación Que Dios nos Haga El Bien Que Solo Él Puede Hacer.

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