5 de julio de 2013

1.7. LA GRANDEZA DE LOS MISTERIOS DE DIOS



1.7. LA GRANDEZA DE LOS MISTERIOS DE DIOS





 Una vida con Dios, es una vida hecha en medio del mundo prestándole atención a Él, haciéndole caso, siguiéndolo en Su Voluntad, colaborando y favoreciendo en Su Revelación, ahí es donde Dios se halla en Su Trono, Trono de Humildad, de ofrenda de amor a Él, y es donde efectivamente Vive y Reina.

 Así es que Dios esta sobre nosotros, y es como participamos en su inmensidad, en Su Vida sin Fin, Eterna, Mística, Espiritual, Verdadera, lo que podemos comparar con el Cielo mismo inmenso y sin medida, Un Bien Ilimitado, inagotable, inconmensurable.

 Si lo seguimos en El Camino de la Revelación de Su Voluntad renunciando a la propia para Que Se Haga la Suya, Él esta en y sobre nosotros, accedemos a una Vida que no tiene fin, Su Sol Vivo permanece con nosotros.

 De esta manera crece un espíritu anchísimo capaz de unirnos a Él, el alma se integra a éste y el cuerpo también, se forma como un embudo, pues lo mas grande en nosotros es el reino superior, el del espíritu, dado que esta plena y verdaderamente unido al Espíritu-Reino de Dios, El Que nos Dota de una Segunda Naturaleza, la de hijos de Dios.

 Tenemos los pies sobre la tierra, pero, pasamos por el mundo como casi rozándolo, porque estamos bien de paso, no hay asidero, es como un trompo que toca su ángulo inferior e ínfimo la tierra, pues lo mas grande en nosotros es lo espiritual e invisible.

 En el mundo y para éste, somos insignificantes, inútiles, despreciables, porque no ve ni valora la grandeza del alma, y mucho menos la del espíritu, y menos aun ve o comprende la Presencia Viva y Real de Dios Con y en Nosotros. Lo mismo ocurre respecto del juicio del adversario y de sus demonios, y desgraciadamente para nuestra misma carne que no llega a comprender la grandeza de los Misterios de Dios.




 La persona que pretende vivir sin Dios, pasar por el mundo sin amar a Dios verdaderamente, como si Él no existiera o no fuese importante si existe o no, adorándose y haciéndose adorar, esta invertida, se encuentra de cabeza, hundida y desmoronada, con todo los reinos tergiversados.

 Aquella persona que es rebelde a Dios, la que reniega de Su Voluntad y pretende vivir por y para sí misma, forma su vida, su paso por el mundo fuera de Dios, de Su Reino, sin hallarse en comunión con Él, incluso aunque hable sobre Dios todo el tiempo.

 Tal persona forma su vida bajo tierra, debajo de la superficie, pues su vida es un sepulcro, es un abismo. Ésta persona dice y cree ser grande, pero lo único grande, importante, es su delirio, su fantasía y su abominable desolación, porque carece de espíritu y de vida.

 Es realmente una persona desolada, desamorada, que tiene al abismo adentro, porque ella misma se hizo un abismo, se ha convertido en un embudo que se halla bajo tierra.

 Su espíritu no es de apertura-entrega a Dios, sino de rebeldía y rechazo a Él, lo que consiste en una apertura o entrega al abismo, al infierno, a la muerte eterna, su alma hace de nexo a éste espíritu inmundo, corrupto y corruptor, y a la vez lo vincula al cuerpo.

 Esta es la razón por la que los tres reinos de la persona se pudren, corrompen, porque están bajo tierra, enterrados, el alma sucumbe bajo sus caprichos que son a la vez redes, cadenas que la arrastran al infierno y es donde forma su vida habitual, en la mas horrenda oscuridad, mintiéndose, engañándose y pudriéndose sin remedio para cultivar así una real muerte eterna.

 Ahí puede el alma llegar incluso a alcanzar la pre-condenación, es decir, perderse para siempre sin remedio porque ha elegido renegar de Dios consentidamente, ha elegido adorar al adversario directa o indirectamente participando así de la totalidad del espíritu del abismo al que se abre por su espíritu generoso para con éste.

 Es como un cono o embudo invertido aquello en lo que se convierte la persona que quiere ser por sí misma y dedicarse a su imagen en el mundo, no amar a Dios.





 Como se aprecia en la imagen, los dos linajes, el de Dios y el del adversario no se superponen, si bien ambas clases de personas, ciudadanos del Cielo y del infierno respectivamente, están juntos como el trigo y la cizaña en el mundo, no son iguales, ni están juntos realmente, sino uno al lado del otro.

 Espiritualmente las almas que aman a Dios son superiores a las que no lo aman, pero, como aman a Dios y al prójimo, no hacen sentir ese peso de superioridad, porque son como El Señor en Su Paso por el mundo, almas humildes, no imponen su autoridad como lo dijo El Señor hablando de los reyes de la tierra a sus discípulos.

 Materialmente, mundanamente, las almas sin-Dios, rebeldes a Él, renegadas de Su Voluntad, están sobre las que aman y adoran a Dios, lo siguen y obedecen en Su Voluntad perteneciendo a Su Reino, y desgraciadamente, tal autoridad formal, aparente, mundana, terrena, la hacen sentir, padecer, debido a que así es como se mienten-engañan a sí mismas disimulando su complejo de inferioridad, queriéndose convencer y queriendo convencer a otras de que son superiores y que deben adorarlas, servirlas, etc.

 Comprender acá como aquellos fanáticos de sí, adoradores de su propio orgullo, son realmente unos cobardes desamorados que se incapacitan voluntariamente a sí mismos para amar a Dios y al prójimo, y que por ello ni siquiera se aman a sí, sino que adoran un delirio, una imagen, una fantasía, el engaño en el que adversario los tiene y ellas quieren estar para negarle la creación a Dios y presentarle batalla.





 La persona que elige ser sin Dios, pasar por el mundo en rebeldía, no amando a Dios en verdad, así como aquellas que son hipócritas y fingen amarlo mintiéndose a sí y pretendiendo engañar y mentira Dios y al prójimo, reciben la marca de la bestia.

 La marca de la bestia es un triángulo equilátero con el vértice hacia arriba, y otro igual, pero invertido y superpuesto.

 Esto simboliza la persona que se halla de cabeza y bajo tierra, el triángulo invertido, y el que esta al derecho simboliza su delirio-fantasía lo que cree y dice ser.

 Notar que lo que se eleva y presenta a Dios es una punta, un ángulo, lo que simboliza un cuerno desafiante.

 También simboliza el triángulo con el vértice desafiante hacia Dios lo ínfima e insignificante que es ante Dios tal persona, porque carece de amor, solo tiene orgullo, delirios, fantasías, dice y cree ser grande porque así lo reputa el mundo, así se lo dice satanás, pero la Verdad, El Juicio de Dios, es todo lo contrario.

 Dios mira los corazones, por ello la persona sin Dios, sin amor, sin voluntad de amar, sin Verdad, solo es importante, grande, etc., en el mundo, en la hipocresía, en la irrealidad-fantasía, en sus delirios de grandeza, porque todo eso que para ella es tan importante, para Dios es humo, necio.

 Considerar acá para comprender el misterio, El Señor lo dijo, somos medidos con la propia vara, y es así que aquella vara que usamos para medir a Dios, es la Que Dios usa para medirnos a nosotros, por ello, la persona que no valora a Dios como es debido, no puede ser valorada por Él como es debido.

 Comprender lo que dijo El Señor, se cosecha la siembra, y si sembramos desprecio a Dios eligiéndonos orgullosamente a nosotros mismos, eso es lo que cosechamos, por mas que finjamos amar a Dios y adorarlo, pues la verdad es que nos adoramos a nosotros, y por el abismo propio, estamos adorando al adversario y entregándonos a la muerte eterna.

 Considerar que no es la estrella de david, no representa en realidad al pueblo elegido con anterioridad, tal símbolo ha surgido del ocultismo judío, de la kabalá, la que fue formada con la idolatría de egipto y babilonia, dos lugares donde el pueblo se encontró y absorbió tales cosas.

 Es el símbolo del sionismo internacional, que no es judío, y que incluso es contra los judíos mismos.

2 comentarios:

  1. Sí, pero los judios no hacen nada para despegarse del sionismo. Al contrario son cómplices primarios e indispensables. El sionismo caería como una rueda sin su eje si sus integrantes ocultos en la sociedad se quitaran la máscara.

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  2. Es verdad lo que dice, no se mueven para separarse de aquello que los controla, somete y esclaviza a ellos también, y como la mayoría de los pueblos y naciones, no lo hacen por miedo, comodidad e indiferencia hacia su propio bien, así como por interes, porque se dejan comprar, seducir y volver cómplices.

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