12 de julio de 2013

557.- QUE VIVAMOS EN LA VERDAD



557.- QUE VIVAMOS EN LA VERDAD

 La Verdad Es Que Él Es Dios, la mentira es ‘yo soy dios’, y esto pone en evidencia como oda la humanidad directa o indirectamente es mentirosa, porque si bien hay muchos que dicen, ‘señor, señor, señor’, en la práctica, no aman a Dios, no lo adoran, no lo obedecen, no lo siguen, no le permiten Revelarse.

 La humanidad es agnóstica teórica y prácticamente, pues nadie cree en Dios, ni le interesa, ni lo cree necesario o le resulta indecente si existe o no. Prescindimos de Dios como si no fuese algo grave, importante, capital para la misma existencia en la Creación Que Es de Dios.

 Que nosotros hayamos convertido el mundo en un infierno, no significa que sea eso, Dios no creó la abominación que nos esta destruyendo, Dios no hace cosas malas ni feas, no sabe, no puede, nosotros construimos la destrucción de la creación, echamos a Dios del corazón y del mundo para considerarnos dueños y ahora pagamos las consecuencias.

 Hemos dado un golpe de estado revolucionario al servicio secreto de su majestad la muerte eterna guiados por el comandante y aspirante a rey satanás, tanto en la propia vida como en el mundo, debido a que hemos echado a Dios, prescindimos de Él, renegamos de Su Voluntad, nos oponemos a Él y ni queremos hacerle caso.

 Presumimos poder vivir sin Dios, nos esforzamos por creer que lo hacemos, resistiéndonos a ver la realidad, estamos a merced de satanás y del espíritu de la muerte eterna, junto con todos los enemigos espirituales.

 Como tontos queremos defender lo indefendible, pretendemos excusarnos como Adán y Eva luego de haberse rebelado contra Dios, uno le echa la culpa a otro, como si Dios fuese ciego o tonto, como si no conociera de antemano lo que iban a hacer.

 Pretendemos que estamos postrados en las tinieblas solo por culpa y responsabilidad ajena, y si bien mucho es herencia, también es elección propia, pues si alguien nos empuja a una ciénaga inmunda y corrupta, nos esforzamos por salir para no pudrirnos ahí, pero habiéndonos encontrado en la putrefacción espiritual mas horrenda jamás conocida, todavía seguimos insistiendo con que no sucede nada, o esperando que otro lo solucione por nosotros, o nos contentamos con establecer culpables, no queriendo ver que nos estamos pudriendo, corrompiendo, que nos ahogamos naufragando en la propia descomposición.

 Todavía queremos seguir creyendo que somos dioses, por ello, seguimos postrados en el abismo de nuestra nada descomponiéndonos, corrompiéndonos y transformándonos a imagen y semejanza de los demonios, de quienes estamos en compañía, a quienes servimos y adoramos.

 Queremos creer que somos dioses porque tenemos miedo, estamos preocupados por nosotros y buscamos convencernos de que merecemos ser adorados, así es que nos construimos esa imagen ideal, perfecta, de vanidades solo apreciables o estimables en el mundo para obtener la adoración que consideramos como salvación y liberación del miedo, de la preocupación.

 Buscando ser adorados, estamos diciendo que somos dioses, y es así como estamos alimentando el ego, un abismo abominable que tenemos adentro que es insaciable, y que se comprota como agujero negro en el espacio, cuando se le da el gusto, lejos de saciarse, crece, se multiplica y demanda mas, de manera que al final, ni devorando a Dios se conforma.

 El ego es la presencia de satanás en nosotros, es su espíritu, y todos le rendimos culto, somos ególatras, nos preocupamos por nosotros mismos, nos desesperamos por lograr merecer y obtener ser adorados suponiendo que nos llenamos, saciamos y conformamos, no viendo que así solo nos vaciamos mas, porque no amamos a Dios ni a nadie, solo nos admiramos, adoramos y exigimos luego que otros hagan lo mismo, y hasta de Dios esperamos adoración, la queremos y reclamamos diciendo ser perfectos, los mejores, etc.

 Solo Dios Es Dios, Él Es Dios, y aunque muchos lo confiesen con la boca, con su corazón y en su obrar están diciendo otra cosa, o mas bien, confiesan lo que en verdad son, ególatras desamorados que se incapacitan a sí mismos voluntariamente al no querer amar, que se vuelven demonios deformes, bestias espirituales, abominaciones que tienden no solo a su corrupción corporal, sino la mas grave y eterna, la espiritual.

 No solo con la boca debemos decir que Él Es Dios, sino con la vida misma, con los hechos, en la manera que vivimos. Esto lo hacemos cuando renunciamos a la propia voluntad para aceptar la Voluntad de Dios y colaboramos en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Solo siguiendo al Señor en El Camino de La Revelación de Su Voluntad decimos la verdad, decimos que Él Es Dios, y no solo con palabras, sino con la vida misma, con hechos, en el modo de vivir, de ser y hacer, así como de no hacer.

 Solo El Señor nos Guía, Él nos Conduce, y nos va llevando a Que Vivamos en la Verdad, pero, si no lo escuchamos, no le prestamos atención, no lo obedecemos, no le permitimos Que Se Revele, nada puede hacer, pues le estamos diciendo que no lo queremos por Dios, Señor, Maestro y Guía.

 Por mas que hablemos de Dios y sobre Él todo el tiempo, si no buscamos Su Voluntad, si no queremos Que Se Haga-Reine-Triunfe y no colaboramos en ello, no vivimos, no evolucionamos, no crecemos, no vivimos ni permanecemos en la Verdad, sino que seguimos encerrados en nosotros, abismados, perdidos en la nada.

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