15 de julio de 2013

580.- RECLAMANDO ADORACIÓN A DIOS



580.- RECLAMANDO ADORACIÓN A DIOS

 Jesús, El Señor, El Hijo de Dios, dijo que Él escuchaba al Padre antes de Hablar, antes de juzgar, y que por ello su juicio era justo, porque eran dos resolviendo, decidiendo, mientras que nosotros hacemos lo que se nos viene en ganas, o si tomamos el consejo de toro, es para formar una asociación ilícita, porque queremos que confirmen nuestra voluntad rebelde, egoísta, desamorada, que adoren nuestro orgullo y nos ayuden a prescindir de Dios como siempre.

 No solo somos caprichosos, rebeldes a Dios y preocupados por nosotros mismos, sino que presumimos de ser buenos, correctos, perfectos, y para alimentar tal delirio de soberbia buscamos que nos crean, acepten, adoren, demostrando que estamos buscando confirmación para la mentira que queremos creer.

 Nos volvemos hipócritas, no nos importa siquiera el propio y Verdadero Bien, luego, no nos interesa el de otros, de manera que no solo nos perdemos, sino que, corrompemos y perdemos a otros al hacernos adorar, acepta, obedecer, creer, servir, etc., y es así como colaboramos con satanás que es el que quiere la perdición de las almas.

 No es lo mismo hacer cualquier cosa y pintarla de buena, que hacer algo que es realmente bueno, y, ¿Qué es lo realmente Bueno?, amar a Dios, obedecerlo, aceptarlo, recibirlo, renunciando a sí mismo para Que Él Venga-Vuelva, no solo a nuestra vida, sino al mundo de esta manera.

 No vamos a librarnos del tormento, del mal que nos aqueja si no empezamos a buscar el Bien y lo Bueno, al Que Es Bueno y a obrar por ello en El Bien, es decir, si no empezamos a amar a Dios como es debido, porque la raíz de todos los males es rechazar a Dios y hundirse en sí mismo, perderse en el abismo de la propia nada.

 No podremos librarnos nunca del acoso del adversario, de su obsesión, de sus demandas, caprichos e imposiciones, debido a que no queremos amar a Dios, a que no aceptamos Su Voluntad, y solos no podemos contra el cerdo infernal, solo renunciando a nosotros y aceptando la Voluntad de Dios, podemos vencer al enemigo, y justamente, tal hecho es en lo que consiste vencer al adversario.

 No se trata simplemente de echara a satanás y sus secuaces de nuestra vida, sino de ser purificados para que no puedan volver jamás, y eso implica aceptar realmente al Señor para que, al Pasar Él, nos limpie y sane, sellándonos con Su Espíritu-Amor, estableciendo su Vida-Presencia en nosotros.

 Permaneciendo Dios en nosotros, con nosotros, no puede el adversario volver porque hemos elegido a Dios, y aunque ronde desesperado, no podrá hacer mucho, solo lo que permita El Señor para el crecimiento, la evolución espiritual, y para que colaboremos con Él en salvar almas.

 De ninguna manera podemos obrar por nosotros mismos un crecimiento o una evolución espiritual real, todo lo hace Dios, nosotros tenemos que colaborar aceptando, recibiendo y especialmente, perseverando, esforzándonos por permanecer fieles a Dios mientras estamos siendo purificados, transfigurados, transubstanciados por El Paso Real del Señor por nuestra vida.

 Es paso falso del Señor ese que inventamos aprendiendo y repitiendo cosas de memoria o haciendo y obrando por cuenta propia construyendo cualquier cosa menos lo que es debido.

 Es Paso Real del señor El Que Él Hace entrando porque lo aceptamos y donde tiene libertad de obrar como quiera, porque El Sumo Sacerdote Eterno Es Él y hace lo que nadie puede hacer, sacarnos del abismo, rescatarnos, redimirnos, salvarnos, y por sobretodo, devolvernos a la comunión con El Padre, haciéndonos herederos de la Vida Eterna.

 Lo que Él Hace, no puede hacerlo nadie, sin embargo, no lo recibimos, lo suplantamos y nos desesperamos por merecer ser mirados, adorados, tomados en cuenta, suponiendo que eso es algo útil, bueno, necesario, o urgente, no queriendo ver que así es como estamos despreciando a Dios y rechazando la posibilidad de la Vida Eterna.

 No debemos dejarnos ganar por la muerte-vacío, por la desolación que hay en nosotros, donde el adversario habla y nos convence de que rechacemos a Dios, nos tienta para que nos elijamos, nos dediquemos al orgullo-ego y no busquemos lo que es realmente bueno, eterno, definitivo y conveniente, no solo para nosotros, sino también para muchos.

 Considerar que quiere el adversario llamar la atención de Dios, quiere imponerle que lo mire, que se acuerde de él, por ello es que hace tanto escándalo, berrinche y es capaz de incendiar el mundo, pues es un cerdito ególatra preocupado por él mismo que quiere ser adorado.

 No ha perdonado, por supuesto, y tampoco puede hacerlo ya, es y será el adversario porque es lo que ha elegido ser, no fue creado por Dios así, él mismo se hizo así por haber renegado de Dios, prescindido de Él y por haberse desesperado por ser adorado en el lugar de Dios y por haber querido vencer a Dios buscando imponerle que no ame, que es lo mismo que pretender que Dios no sea Dios.

 La Verdad es Que, mientras Dios Sea Dios, o sea Siempre, el adversario va a seguir comiendo el fruto de capricho, es decir, eso que quiere para otros, lo que da, nada, sufriendo de esta manera su propio vacío y desolación, pero, para que esto sea así, debemos colaborar con Dios, porque el enemigo no quiere y encima tiene muchos adoradores, aduladores, colaboradores que no solo le ofrendan la vida, sino que le consagran la vida de otros como si fuesen dueños.

 Dios puede y quiere echar al enemigo, pero, nosotros no queremos, lo defendemos, lo preferimos y elegimos, debido a que seguimos renegando de la Voluntad de Dios, nos seguimos resistiendo a amar a Dios como es debido, abriendo por ello las puertas del infierno para darle acceso al enemigo a nuestra vida y al mundo.

 Debemos empezar a buscar la Voluntad de Dios, colaborar en Su Revelación, de lo contrario estaremos irremediablemente a merced del adversario que sigue avanzando desesperado a pasos agigantados, que sigue metiéndose en las almas para reclamar a Dios adoración y aceptación cosa que éstas hacen suponiendo que es por y para ellas mismas que lo piden.

 No debemos resistirnos ni oponernos a las purificaciones que Dios Hace, al contrario, debemos colaborar perseverando, orando para no dejarnos arrastrar por el adversario a la rebeldía en medio de la purificación dolorosa.

 Como no ha perdonado a Dios, el adversario sigue reclamándole, buscando su adoración, por ello es que se apodera de las almas, no solo para saciarse, conformarse, aliviarse, sino para, por medio de éstas, él presente por su espíritu de orgullo, reclamar a Dios adoración.

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