12 de agosto de 2013

784.- UNOS LO BUSCAN POR UNA COSA Y OTROS POR OTRA



784.- UNOS LO BUSCAN POR UNA COSA Y OTROS POR OTRA

 ‘Yo puedo hacer que te adoren’, dice el adversario acercándose a las almas, seduciéndolas, envolviéndolas, engañándolas, imponiéndoles que lo acepten, sin embargo, son las almas las que tienen la última palabra, las que en definitiva se dejan seducir, engañar, embaucar, estafar, corromper, perder, etc.

 La verdad es que no necesitamos que nos adoren, esa es la ambición del adversario, pero, si nos dejamos rondar por éste, vamos a acabar deseándolo, pues va a acabar entrando y va a continuar haciendo sus malas y perversas obras en y por medio nuestro, o sea, va a terminar tomándonos y poniéndonos a su servicio fingiendo y haciéndonos creer que es por y para nosotros.

 Los tontos que elegimos al enemigo, somos nosotros, pues no cesamos de entregarnos a satanás y los suyos, simplemente porque somos ambiciosos, considerar que no tenemos necesidad de lo que el perverso nos hace desear, o de aquello que nos convence que necesitamos o nos hace falta.

 Somos nosotros los que debemos rechazarlo, vencerlo, repudiar su maldita tentación, pero no lo hacemos, sino que nos dejamos seducir, engañar, convencer, y acabamos perteneciéndole al adversario aun diciendo que amamos a Dios. A Dios no lo amamos porque no aceptamos Su Voluntad, si aceptásemos la Voluntad de Dios, le perteneceríamos a Dios, estaríamos en comunión con Él y Él nos tendría a nosotros, que es donde conoceríamos la Vida Eterna.

 Cuando se acerca el adversario al alma, comenzamos  asentir miedo, preocupación por nosotros, debido a que nos transfunde su maldito espíritu, y es él quién tiene miedo, debido a que tal es la naturaleza de su inmundo espíritu, preocupación por sí, la esencia del miedo.

 Sintiendo o percibiendo su inmundo espíritu, padecemos su mismo miedo, esa angustia recalcitrante que produce el deseo de ser adorado, y es así que nos dejamos vencer y convencer, o sea, contagiar y acabamos haciendo lo mismo, nos dedicamos a hacernos adorar, donde se nota que el adversario ha penetrado en nosotros y que su espíritu inmundo es el que reina, domina y prevalece.

 De esta manera estamos empeñados en ser y hacer como el enemigo, usando el tiempo para corrompernos, perdernos, estropearnos, internarnos en tinieblas, volvernos demonios sobre la faz de la tierra, cuando deberíamos empelarlo, aprovecharlo, en buscar a Dios y llegar a ser de esta manera como dijo El Señor, como Ángeles, verdaderos hijos de Dios.

 Como no queremos amar a Dios en verdad, no podemos ser hijos de Dios, es lógico, de manera que tenemos como padre al cerdo infernal que hemos elegido, al inventor y maestro de la mentira, al enemigo de la salvación de la humanidad.

 Si nos dejamos seducir, engañar, envolver, terminamos haciéndole caso, y es el adversario el que nos dirige haciéndonos creer que es por y para nuestro bien o el de otros, cuando en realidad nos esta usando como a marionetas para que construyamos su reino-presencia en nosotros, es decir, al gran desolación, la ausencia de Dios, nos usa para que nos opongamos a Dios, incluso diciendo que lo amamos y elegimos, no pudiendo ver la Verdad simplemente porque no queremos amar a Dios en verdad, sino que mas bien nos preocupamos, interesamos y dedicamos a tratar de lograr que Dios nos adore a nosotros, nos conforme y haga caso.

 Si nos dejamos seducir, engañar y manipular por el adversario, vamos a hacer lo que éste quiere mientras que creeremos que estamos haciendo lo que queremos, de manera que acabamos suponiendo ser grandes, importantes, perfectos, etc., llenándonos de orgullo por ser autosuficientes, renegados y rebeldes, por estar en contra de Dios.

 El miedo nos lleva a que nos dediquemos a hacernos adorar, amar, aceptar, etc., pero no hacemos nada para librarnos del miedo, sino que, al contrario, hacemos todo lo posible por continuar siendo esclavos del adversario y por seguir estando bajo el dominio-imperio-reinado del miedo, que es la muerte eterna.

 La verdad es que debemos dejar, permitir, admitir que otros nos odien, desprecien, aborrezcan, etc., no importa eso, el que mal anda mal acaba, la Justicia Divina se ocupará de obrar, intervenir, Pasar, Hacer Justicia, lo que debemos ver es lo que hay que cambiar, modificar, corregir, ahí El Señor nos va a Iluminar, y a la vez Fortalecer, para que podamos convertirnos y aprovechar todo dolor como monedita de reparación así como un medio de purificación.

 Si nos dedicamos a hacernos adorar, a no permitir que nos odien, desprecien, aborrezcan, etc., lo que hacemos en realidad es no perdonar, no aceptar, no soltar, no liberar, y luego, por mas que no lo notemos, comenzamos a morir, además de que quedamos expuestos, sometidos y asociados al adversario.

 Si nos dejamos seducir por la oferta del adversario, no amamos, no perdonamos y nos dedicamos a saquear almas, pues les exigimos lo que no hemos sembrado, amor.

 Comprender que nunca el adversario va a hacernos favor alguno, es lógico, nos odia a la vez que solo se preocupa por él mismo, sin embargo, y aunque cueste creerlo, hay muchos que lo eligen, prefieren y buscan, tanto consciente como inconscientemente, o sea, unos lo buscan a sabiendas, y otros solo movidos por ambición, miedo, interés, vicios, perversión, indiferencia, despecho, etc.

Leer:

97.- LA GRAN CRUZ BLANCA Y LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR: http://jorgelojo12.blogspot.com.ar/2013/04/97-la-gran-cruz-blanca-y-la-segunda.html





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