27 de agosto de 2013

940.- ¿POR QUÉ EL REINO DE DIOS SE CONQUISTA?



940.- ¿POR QUÉ EL REINO DE DIOS SE CONQUISTA?

 Por supuesto que El Señor no mintió, por ello, sabemos que El Reino de Dios se conquista, y esa es la razón por la que nadie lo busca, por la que nos conformamos con vanidades, apariencias, por conformar el orgullo y llenarnos de amor propio esforzándonos por engañarnos-mentirnos no viendo que así terminamos mas al servicio del adversario que de Dios.

 Que se conquiste el Reino de Dios, no significa que sea como ocurre en la tierra, que hay que aniquilarlo para tomarlo, sino al contrario, debemos dejar que nos aniquile para que nos tome, que fulmine el orgullo para que nos libere del reino del adversario, de las tinieblas, del orgullo, de la mentira, el error y el engaño.

 Como tontos nos esforzamos por creer y aparentar, para hacer creer, que pertenecemos a Dios, pero, la verdad es que eso es solo hipocresía en la que reina-impera el adversario. Podemos cumplir con las prescripciones y exigencias de una ley religiosa, pero, eso no significa que amemos a Dios, el corazón puede estar aun muy lejos de Él, enteramente sumergido, abominablemente enterrado en vicios, totalmente perdido y absolutamente dedicado a nosotros, al orgullo y a la muerte eterna.

 Se conquista el Reino de Dios cuando nos dejamos conquistar por Dios, cuando pasamos por una verdadera muerte mística, es decir, cuando renunciamos a nosotros mismos al punto de tal de convertirnos en nada por amor a dios, volviéndonos una ofrenda total a Él sin reserva.

 Eso solos no lo podemos hacer, para realizar tal cosa tenemos que comenzar por la verdad mas simple, aceptar que necesitamos de Dios para llegar a Dios, cosa que no hacen las almas cuando solo se dedican a cumplir con leyes, preceptos, prescripciones, exigencias, etc., pues suponen que se salvan por lo que hacen o dejan de hacer, no pensando siquiera que así era la religión del antiguo testamento que ya quedó vieja dos veces.

 Si damos el primer paso, si admitimos que por mas que hagamos, es nada comparado con lo que El Señor puede hacer en y por nosotros, comenzamos ya a conquistar El Reino. Admitiendo que sin Él es nada lo que podemos, comenzamos a aceptar la Verdad, y es en la Verdad Que Él Viene, porque Su Espíritu Es Espíritu de Verdad.

 Ahí debemos comenzar a buscar Su Voluntad, hacer un esfuerzo por discernirla en la oración, y no comprendiéndola, por realizar un total y real abandono en Él para Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad. Así es como nuestra voluntad va siendo vencida, derrotada, y es así como somos librados de ella.

 Eso es importante, considerar que el adversario ha fundido su voluntad con la nuestra y nos ha impuesto que aceptemos la suya como propia, de ahí que la voluntad humana deba ser derrotada por la Divina si queremos llegar a ser verdaderamente libres.

 Solo El Señor puede librarnos, limpiarnos, purificarnos, salvarnos, pero, si no manifestamos querer ser salvados, liberados, purificados, rescatados, etc., no puede hacer nada, pues no nos va a forzar a que lo aceptemos, recibamos, admitamos, no fuerza la voluntad.

 Ahí se traba un combate, recordar que el adversario domina nuestra voluntad y nos impone la suya como si fuese nuestra mientras nos limitamos a asentir, a dar conformidad, de manera que el adversario se opone e impone obligándonos a rebelarnos contra Dios.

 Ahí es que debemos hacer un esfuerzo real para llegar a ser verdaderamente libres, pues solo manifestando constantemente que queremos renunciar a la propia voluntad para Que Se Haga-Reine-Triunfe la Divina Voluntad en nuestra vida, vamos a obtener Que Dios lo Haga.

 Dios quiere que manifestemos varias y constantemente Que Queremos Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad en nuestra vida para que lo creamos nosotros y para purificarnos en esa constancia, además, para probarnos y para que veamos si realmente es eso lo que queremos, o es solo una expresión de deseos.

 Acá es que no debemos equivocarnos, El Reino de Dios Se Conquista, pero, no porque debamos vencer a Dios e imponerle nuestra caprichosa, rebelde y orgullosa voluntad egoísta y asociada y sometida al adversario, sino porque Él nos conquista a nosotros, porque nos libera ayudándonos a vencernos y a reconquistar el control sobre nosotros que lo hemos perdido al entregarnos al adversario y sumergirnos en la muerte eterna.

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