15 de agosto de 2013

EL GRAN MILAGRO, SIETE REFLEXIONES



EL GRAN MILAGRO, SIETE REFLEXIONES


1.- TROPEZAMOS CON LA PROPIA INUTILIDAD OCULTA Y DISIMULADA.

2.- EL SEPULCRO PUTREFACTO DE UNA VIDA ORGULLOSA.

3.- LO ÚNICO QUE SABE HACER ES CACAREAR.

4.- EL ORGULLO ES LA MUERTE ETERNA.

5.- TROPEZÓ CON DIOS.

6.- QUEDAMOS SIN DIOS MIENTRAS QUE DIOS SIGUE SIENDO DIOS.

7.- EL QUE ES SU ENVIADO


1.- TROPEZAMOS CON LA PROPIA INUTILIDAD OCULTA Y DISIMULADA

 Como esta desesperado el adversario por ser recibido, atendido, tomado en cuenta, no deja de perseguir a las almas y de repetirles aquello que dijera a la mujer en el paraíso, ‘seréis como dioses’, buscando hacer de cada alma una diosa que le mundo reconozca, acepte, tome en cuenta, valore, etc.

 Como cada uno esta hundido y perdido en sí, abismado en su nada, se deja tentar por el adversario, cede y se entrega a su ambición, siguiendo las mentiras, cayendo en los embutes, de satanás.

 La verdad es que, si queremos salir del abismo en el que estamos metidos, no tenemos que seguir a la serpiente, al anticristo, a ese falso salvador que viene a decir lo que queremos escuchar, sino que al contrario, debemos hacer un esfuerzo real por buscar a Dios y escuchar lo que no queremos escuchar.

 Debemos buscar a Dios, la Verdad, colaborar en Su Revelación, aceptar los errores, reconocer la propia miseria, pues es así como saldremos, si escuchamos y seguimos al adversario que es lisonjero, zalamero, adulador, vamos derecho a una trampa.

 Lo que ofrece el adversario no es salida real, no es solución verdadera, es una verdadera trampa, un abismo peor que aquel en el que estamos metidos, porque vende la perdición eterna al precio de la Vida Eterna, y nos dejamos engañar, estafar, robar, le entregamos la vida para que disponga de ella haciéndonos merecer, buscar, querer y desear la perdición eterna renegando de Dios, del Salvador y de la Vida Verdadera.

 Si estamos hundidos, derrumbados, postrados, humillados, en vez de hacernos adorar, ver, reconocer, obedecer, entregándonos a peleas inútiles contra otros que se hallan en la misma deplorable situación que nosotros, debemos levantarnos realmente para buscar a Dios.

 Si Dios no esta en el mundo, si estamos ante la gran desolación, la abominación de la desolación o abominación desoladora, lo que debemos hacer es esforzarnos un poco mas, no quejarnos, no buscar alternativas, no perder el tiempo y darnos a vicios y perversiones.

 Es hora de que abramos los ojos, estamos siendo probados, no podemos seguir siendo tan soberbiamente estúpidos como para ver y comprender que nos hallamos ante la gran desolación y no ponerle remedio alguno.

 Hemos llegado a ser verdaderamente indolentes, totalmente indiferentes a nuestro bien, nos podrimos en vida y no nos interesa, tomamos consciencia de que nos hallamos ante un abismo del que no podremos salir, y no solo no nos importa, sino que redoblamos el esfuerzo por perdernos.

 ¿Qué va a hacer Dios Con Nosotros?, no lo que debería, simplemente nos coloca una piedra de tropiezo para que despertemos, permite humillaciones, permite que conozcamos los límites propios para que abramos los ojos de una vez, para que salgamos de esa indiferencia atroz propia de los cadáveres.

 Lo que permite El Señor es que cada cual conozca su ser verdadero, obra un Milagro, El Gran Milagro anunciado, es decir, ilumina las consciencias, nos deja ver en la miseria inmunda y miserable que hemos llegado a ser al elegirnos constante, egoísta y desesperadamente solo y siempre a nosotros mismos, al dedicarnos a conformarnos en el ego y a saciarnos en el orgullo.

 Permite que nuestro orgullo se venga al suelo, derrumbe, permite un tropiezo donde comemos el polvo y vemos que no somos esos dioses que pretendíamos ser, que decimos ser para exigir que nos adoren, sirvan, obedezcan mientras no queremos ver que así es como cultivamos orgullo, soberbia, etc., para cosechar delirios, fantasías, alienaciones.

 Permite que tropecemos con la propia inutilidad que ocultamos y disimulamos durante mucho tiempo esforzándonos por mentirnos a nosotros mismos, es decir, quisimos engañarnos y no permite que lo hagamos, sino que deja que veamos lo que realmente somos, podemos, sabemos, tenemos, y esto ocurre con alguna humillación, limitación, etc.

 Tal cosa la hace por Amor y porque Es Dios, dado que no nos deja abandonados a la estulticia cultivada que debemos cosechar ahora, sino que, permite el tropiezo con la única razón de que despertemos, abramos los ojos y podamos querer salir del delirio, del engaño, para que queramos dejar de mentirnos a nosotros mismos.

 Tropezamos con la propia inutilidad oculta y disimulada simplemente porque se ha vuelto desbordante, no dejamos de cultivarla al no querer solucionarla, de manera que ahora la vemos-padecemos en como nos entorpece la vida, teniendo de esta manera la oportunidad única de librarnos de ella, cosa que hacemos solo si volvemos a Dios renunciando a la propia voluntad, deponiendo el orgullo.

2.- EL SEPULCRO PUTREFACTO DE UNA VIDA ORGULLOSA

 No buscamos a Dios, hallándonos postrados, hundidos, derrumbados ante las miserias de nuestro orgullo, nos resistimos a Él, nos oponemos, no queremos aceptar nuestra miseria, no la admitimos, defendiendo así el orgullo, afirmando que lo preferimos y que rechazamos a Dios por ello.

 No nos interesa Dios, nos adoramos, no queremos traicionarnos, somos fieles a nosotros mismos, por ello, aun viendo que nos autodestruimos, no queremos buscar a Dios, no hacemos esfuerzo alguno, y mucho menos un sacrificio que nos liberaría.

 Si renunciásemos a nosotros mismos por una vez, si confiásemos en Dios por una vez, seríamos libres, pero, no queremos, estamos obtusamente empecinados en vencer, prevalecer, imponernos, ganar siempre, suponiendo que eso es bueno, no viendo que así es como nos estamos autodestruyendo dado que entramos en guerra contra todos, hasta contra Dios mismo.

 Estamos ciegos de orgullo y descontrolados de miedo, pues nos llena el vacío, de manera que desesperados buscamos ganar, imponernos, prevalecer, no viendo que así lo único que conseguimos es seguir cultivando caprichos, o sea, deformándonos, convirtiéndonos en hijos de satanás y no de Dios, pues a Dios lo rechazamos incesantemente.

 Una vez deberíamos ser derrotados en el orgullo para ser liberados, pero, no lo permitimos, nos obsesionamos por prevalecer. Dios como Padre, permite que sigamos ese camino obsesivo, desesperado e histérico por un tiempo, pero, por Amor, también permite un tropiezo, solo y simplemente para darnos una oportunidad de corregirnos.

 Ese amor de Dios Revelado, lo rechazamos, pues aun vencidos, no nos damos por vencidos, entonces, nos volvemos siete veces mas caprichosos que antes, diez veces mas perversos, y absolutamente obtusos, rebeldes, renegados, de manera que llegamos a convertirnos en mas iguales a los demonios que a Ángeles o que al Hijo mismo de Dios.

 La derrota del orgullo la permite El Señor y consiste en que tropezamos con los propios límites para depravarnos o corrompernos mas, es decir, chocamos con la propia inutilidad en el esfuerzo por demostrar que somos útiles mientras estamos desesperados por ser obedecidos caprichosamente sin ver que nos endemoniamos por la maldad y obsesión.

 Esa derrota para el orgullo, es buena, justa, necesaria y una debida corrección de Dios como Padre y como Dios. El problema es que nos seguimos desesperando por resistirnos, oponernos, por renegar de Dios, impedimos que nos libere buscando volver al abismo siempre, defendiendo el orgullo.

 Ante la caída del orgullo, nos resistimos, oponemos, no dejamos Que Dios nos Salve, no le permitimos Que nos Ame, al contrario, como tontos buscamos al adversario pidiéndole que nos defienda contra Dios, esforzándonos por seguir mintiéndonos a nosotros mismos.

 Habiendo sido derrotados en el orgullo, humillados, nos alzamos como demonios autosuficientes mintiéndonos, engañándonos, adulándonos, teniéndonos lástima, no viendo que así es como nos encerramos en el propio abismo condenándonos para siempre.

 Nos cerramos por completo a la verdad, elegimos quedar ciegos e inermes sumergidos en la mentira, hundidos y perdidos en la propia nada escuchando el eco de la desolación diciendo sin cesar, ‘yo, yo, yo’.

 Dios quiso abrirnos, salvarnos, quiso que salgamos del sepulcro putrefacto de nuestra vida orgullosa y desamorada, pero hicimos un esfuerzo por volvernos a sumergir, por enterrarnos mas abajo huyendo de Dios, convenciéndonos de que Su Amor, Su Milagro, no fue tal, es decir, manifestando que no queremos ser libres del orgullo y que queremos mentirnos aun mas, todo lo que sea necesario para seguir fingiendo que somos dioses y para tratar de demostrar que podemos vivir sin Dios haciéndonos adorar.

3.- LO ÚNICO QUE SABE HACER ES CACAREAR

 Algunos esperan el Gran Milagro anunciado como algo espectacular, deslumbrante, llamativo, demostrando así la incoherencia e ignorancia, la incongruencia y la misma inconsistencia de su fe infantil.

 Dios no hace cosas llamativas, no quiere espectáculo, no busca admiradores ni seguidores, y aun así, si realiza algo espectacular como fue la resurrección de su amigo Lázaro, no es considerado en su importancia por sus contemporáneos, sino condenado, perseguido, aborrecido por ello.

 Ahí se demuestra lo que cada uno tiene en el corazón, y por otro lado que sabemos nada y entendemos menos de religión.

 La verdadera religión no consiste en que Dios venga a adorarnos, que nos conforme, nos de el gusto, nos haga caso, Él Es Dios y Seguirá Siendo Dios, de manera que no habla a la humanidad diciendo lo que queremos escuchar, no dice lo que deseamos que diga, porque no miente, ni quiere aduladores infelices que solo se preocupan por sí mismos.

 Dios no nos hace caso porque Es Dios simplemente, porque Él Es Dios, y porque lo seguirá siendo, por mas que los caprichosos delirantes, ambiciosos, perversos e incoherentes de soberbia pretendan creer y hacer creer otra cosa.

 Dios no nos hace caso, ni nos lo va a hacer, si así fuere, es un engaño, estamos mirando una fantasía, o la estamos construyendo, porque Él Es Dios, somos nosotros los que debemos aprender a obedecerlo, dejar de ser tan obtusamente rebeldes, tan consumadamente delirantes de soberbia.

 Por mas que Dios sea Amor, no va a dejar de decir y hacer la Verdad, o sea, no va a mentir para seguir manteniendo esa áurea mágica idiota que queremos imponerle de un dios tan bueno que resulta estúpido. Dios Es Amor, y porque Es Amor, nos corrige, como hace cualquier padre con sus hijos, y como hace todo buen Dios con sus criaturas.

 La corrección de Dios consiste en que permite un tropiezo, permite que veamos, probemos, hagamos experiencia de nuestra inutilidad, incapacidad, de nuestro real ser nada y buenos para menos, o sea, un pedazo abominable de nada lleno de orgullo y presunción que se esfuerza por disimular su miseria, precariedad, indigencia espiritual, su abominable ser real.

 Disimulamos el ser nada porque nos desesperamos por ser adorados, porque le miedo nos domina y porque no queremos ponerle límites al orgullo, sino que al contrario, le permitimos que nos tome por completo creyéndole en ese abismo al adversario que finge defendernos cuando en realidad defiende su dominio sobre nosotros empujándonos a ser rebeldes.

 Por orgullo no vamos a Dios ni aun viendo que lo necesitamos, ni haciendo la experiencia clara de que somos un abismo de miserias y que lo único que tenemos son mentiras, un cúmulo abominable de orgullo y soberbia iracundo y desafiante que lo único que sabe hacer es protestar, quejarse, cacarear como la maldita gallina que es.

 Somos unos tontos, tenemos la oportunidad única de ser limpiados, liberados, purificados, de volver a Dios, y así a la Vida, pero nos estamos esforzando por hundirnos, abismarnos, precipitarnos en el infierno al seguir mintiéndonos, al seguir disimulando la miseria abominable deforme de vicios y corrupciones que hemos llegado a ser, la que se ha vuelto tan desfachatada que ya es grosera e imposible de esconder.

 Tal vez no lo hemos comprendido, el Gran Milagro anunciado consiste en conocernos a nosotros mismos, en que Dios Revela la Verdad dejándonos ver, comprendiendo lo que realmente hay en el corazón, no mintiendo, dejando que hagamos amarga experiencia de eso que no quisimos escuchar, de lo que nos seguimos resistiéndonos a ver y que nos esforzamos por ocultar y disimular, o sea, nuestro ser nada y menos que nada.

 No remediamos el hecho de que somos nada haciéndonos adorar, eso nos lo ofrece el adversario, pero es un engaño que dura menos que la vida de aquel que le cree y lo sigue, ahí caemos en una fantasía que nos esforzamos por defender y cultivar donde al ser nada inicial, le añadimos un ser miserables para acabar por convertirnos en abominables de orgullo, soberbia, vicios y corrupciones.

 Nos falta verdadero amor a Dios, pero también a nosotros mismos, debido a que no nos movemos por conseguir y obtener nuestro Verdadero Bien, solo seguimos esforzándonos por mentirnos, engañarnos y por cuidar la imagen por la que esperamos ser adorados, reconocidos, tomados en cuenta en el mundo, suponiendo que eso es salvación.

4.- EL ORGULLO ES LA MUERTE ETERNA

 Dios quiere Salvarnos, librarnos, se esfuerza por llamarnos, despertarnos, abrirnos los ojos, lo ha intentado todo, sin embargo, no hicimos otra cosa amas que rechazarlo, repudiarlo, renegar de Él, de manera que tenemos lo que queremos, es decir, tenemos la ausencia de Dios que hemos construido, buscado, cultivado, generado.

 No tenemos a Dios cuando lo adulamos, cuando hacemos lo que se nos ocurre exigiéndole a Él que nos preste atención, ni cuando hacemos lo que otros dicen que es de Dios, o por y para Él. Tenemos a Dios cuando lo recibimos, cuando lo aceptamos, es decir, cuando colaboramos en Que Se Haga Su Voluntad en nuestra vida.

 Si no vamos por este Camino de la Revelación de la Divina Voluntad, no tenemos a Dios, si no alguna imitación de Dios, una imagen falsa construida por nosotros y patrocinada por el adversario que quiere que permanezcamos en el error, en tinieblas, lejos verdaderamente de Dios, y encima, convencidos de que lo tenemos, debido a que así no lo buscaremos en verdad.

 Quiere esto el perverso porque así logra seguir succionándonos la vida, quitándonos vitalidad, logra corrompernos y volvernos aun peores que Él, mientras que, como tontos, nos esforzamos por decir y aparentar que somos de Dios o que lo seguimos, servimos, adoramos, etc.

 Nos estamos cayendo a pedazos, nos hundimos en la propia nada, ni aun así queremos abrir los ojos, al contrario, nos desesperamos por seguir negándolo, ocultándolo, disimulándolo, porque no queremos aceptar que nos hemos equivocado, que siempre fuimos orgullosos renegados solo y exclusivamente preocupados por nosotros mismos y desesperados por ser saciados, conformados, por vernos satisfechos en el ego.

 ‘No fui derrotado, salí airoso, me fue bien’, decimos delirantes de soberbia esforzándonos por mentirnos a nosotros, por defender el orgullo, y desgastándonos en esfuerzos por disimular aquello que nos avergüenza, cuando la verdad es que deberíamos aceptar derrotas, humillaciones, desprecios, etc., esas cosas que a diario cosechamos de otros preocupados por sí como nosotros que se esfuerzan por hacerse adorar, o al menos, mentirse y engañarse de que lo consiguen.

 No dejamos de darle vida al orgullo, es decir, de dedicarnos a éste, no viendo que solo tenemos orgullo cuando lo alimentamos, pues si dejamos de darle nuestra vida, si dejamos de defenderlo, si dejamos de mentirnos y de tratar de engañarnos, somos y seremos eternamente libres.

 La esclavitud real a la que estamos sometidos es la del orgullo, y sin embargo, no dejamos de defenderlo, alimentarlo, acrecentarlo, no queriendo ver que nos oprime, aplasta y exige histéricamente que le hagamos caso engrandeciéndolo mientras nos hace creer que eso somos nosotros.

 Ese orgullo, por mas que este en nosotros, no somos nosotros, sino que es algo diferente, como una piel abominable y bestial que fingimos que es algo agradable y seductor solo porque sirve para hacerse ver-notar en el mundo.

 Ese abominable y repulsivo orgullo, no somos nosotros, pero, pasamos a serlo cuando nos fundimos con éste, cuando pudiendo ser libres, renegamos de Dios y lo elegimos a ese, no considerando que es el veneno fermentado de satanás en el alma.

 Considerar lo que ocurre, en principio, el orgullo no somos nosotros, es algo que esta en nosotros y que se mueve independientemente de nuestra voluntad engañándonos, haciéndonos creer que somos nosotros y que nos conviene tenerlo, defenderlo, protegerlo y obedecerlo, y al hacerlo, al rendírnosle, es donde realmente pasamos a ser orgullo porque quedamos fundidos, sellados, confundidos como dos líquidos inseparables y totalmente dominados.

 La acción de Dios consiste en intentar separarnos, en ponerle límites al orgullo, en detener su ímpetu e impedir momentáneamente su dominio, pero, como no queremos recibirlo, obedecerlo, hacerle caso, quedamos atrapados, fundidos, entregados y sometidos irremediablemente a ese orgullo-amor propio.

 No consideramos siquiera que ese orgullo que es la expresión del amor propio, que es como la espuma de las olas del mar, es en realidad la muerte eterna, o sea, la ausencia de Dios, el resultado de la falta de un verdadero amor a Él.

5.- TROPEZÓ CON DIOS

 Dios nos concede un instante, un tiempo, lo que sea necesario para que nos veamos, para que comprendamos, para que escuchemos, pero, si no obstante queremos volver atrás, no nos lo impide.

 Podemos comprender lo que Dios hace hablando con cualquier persona en estos tiempos, notar que nadie escucha, cada uno esta completamente encerrado en sí, absorto en sus pensamientos, perdido en su abismo de preocupaciones egoístas donde no cesa de repetir ‘yo, yo, yo’, poniendo así de manidito que es solo un egoísta desamorado preocupado por sí hasta el hartazgo, y que por ello se hunde en su nada.

 A una persona así no se le puede hablar, no escucha, no ve, no entiende, ni aun diciendo que tiene ojos, oídos, inteligencia, etc., pues solo hay soberbia, orgullo y un automático y constante esfuerzo por hacerse adorar, escuchar, una dedicación completa y absoluta por imponer que le presten atención y que se lo demuestren haciéndole caso.

 No dejan las personas hoy en día de estar encerradas en sí, dedicadas a satisfacer su ego-orgullo y de hallarse empeñadas en prevalecer, imponerse, haciéndose obedecer en bobadas, pues así logran que les presten la atención que quieren.

 Tal empeño, trabajo, esfuerzo, demuestra el egoísmo total, brutal e infernal que fermenta en las almas, además de la incoherencia, pues un egoísta le pide a toro egoísta que le preste atención y se enoja si no lo obtiene, es decir, un orgulloso ególatra solo preocupado por sí y por alimentar su alineación y sostenerla, le exige a otro que le preste atención, lo adore, le haga caso, lo que es como pedirle peras al olmo, o usando una expresión bíblica, pretender cosechar uvas de los espinos.

 Como tontos nos desesperamos por imponer a otros iguales o peores que nosotros que nos presten atención, y que nos lo demuestren haciéndonos caso, sirviéndonos, postrándose y entregándose a cumplir o satisfacer nuestros caprichos.

 No conformes con eso, llenos de soberbia y plenamente convencidos de ser dioses, el paso siguiente es querer vencer a Dios, suponer que Él debe postrarse, entregarse a cumplir caprichos o entrar en esas miserias inmundas y depravadas totalmente desamoradas que se le preparan en el mundo.

 Así es como insultamos a Dios, así es como demostramos que la soberbia alcanzada por la humanidad no tiene nombre por lo exagerada que ha llegado a ser, tanto como la incoherencia de prender dominar y vencer a Dios.

 Dios no puede entrar en las estrecheces de los abominables y repulsivos corazones humanos de estos tiempos, no son moradas dignas para Dios, son abismos repugnantes de egolatría, antros de perdición, donde cada uno defiende su orgullo pestilente y donde pretende atrapar a Dios para solo probar o demostrar que se ha vuelto obsecuente con el adversario y completamente delirante de soberbia.

 Así es que  a Dios no se lo encuentra ya en el mundo, no se lo halla en los lugares que solía frecuentar, no se lo puede encontrar en sus templos, ni siquiera en las pretendidas consagraciones, pues solo se le ofrece un deseo abominable de ser adorado que lo insulta y repele.

 Nadie quiere ver ni aceptar su abominable desolación, por ello nadie la remedia, sino que obramos como esa persona que no quiere escuchar mientras se desespera por lograr ser escuchada, incluso por Dios, gritando desaforadamente o haciendo cualquier cosa para llamar la atención y obtener adoración.

 No escuchamos a Dios porque no queremos, porque seguimos queriendo que Él nos escuche y obedezca a nosotros, porque seguimos desesperados por vencerlo al pretender que nos haga caso, cuando en realidad somos nosotros los que debemos obedecerlo a Él, solo y simplemente porque Él Es Dios.

 Como esas personas comunes y corrientes que hoy en día hablan desesperada, histérica e insoportablemente sin para suponiendo que así serán escuchadas o exigiendo que se les preste atención, somos respecto de dios, por eso no lo vemos, no lo escuchamos, no comprendemos nada, y encima, todavía tenemos el orgullo delirante de sostener que sabemos, podemos, tenemos, y hasta tratamos de demostrarlo poniendo de manifiesto que somos peores que hipócritas, pues estamos llegando a límites de depravación, corrupción y degeneración que no tienen ni nombre ya, pues exceden todo lo conocido hasta ahora.

 En esta inmensa indiferencia a Dios, producto de una obsesiva, constante y caprichosa preocupación por sí, Dios hace un alto, permite que nos conozcamos, que el mundo se detenga por un momento para que podamos ver la verdad, comprender la necesidad que tenemos de Él, es decir, permite que hagamos amarga experiencia de nuestro ser real topándonos así con la miseria que somos.

 Es en esto que consiste el Gran Milagro anunciado, permite que no podamos seguir haciendo lo que hacemos, permite que el orgullo sea aniquilado, insultado, pisoteado, para que podamos ver lo que somos sin mentirnos, para que nos callemos un instante y escuchemos a Dios mismo cuando nos Revela la Verdad.

 Una persona que se desespera por ser escuchada, atendida y obedecida, es como aquella que se hago, debido a que se esta ahogando en sí misma, y eso es lo que Dios quiere evitar, por ello permite un golpe, choque, tropiezo, para que podamos ver lo que somos realmente y comprender lo que estamos haciendo, dándonos así una oportunidad única para corregirnos.

 Esa persona que habla sin cesar clamando desesperadamente ser escuchada, necesita un golpe, cachetazo o un balde de agua fría para frenar su histeria angustiante y manipuladora, para hacer un instante de silencio, y eso es lo que permite Dios, como cuando saulo tropezó contra Dios mismo mientras lo perseguía orgullosamente diciendo que lo defendía.

6.- QUEDAMOS SIN DIOS MIENTRAS QUE DIOS SIGUE SIENDO DIOS

 Nos esforzamos por admirarnos, queremos convencernos de que somos un deleite, algo grande, importante, perfecto, adorable, no queriendo ver la realidad, metiéndonos en un abismo de orgullo, mentiras y vanidades.

 Queremos convencernos de que somos admirables, y luego, queremos convencer a otros de la misma mentira, fantasía, delirio, alineación, enojándonos si no lo logramos, y demostrándolo caprichosos, egoístas y desamorados que hemos llegado a ser.

 No vemos que estamos haciendo eso que dice el Apocalipsis, que estamos matando a los Dos Testigos del Amor de Dios, Testigos de la Verdad, porque nos esforzamos por convencernos de la mentira.

 Tiene muchos significados el Misterio de los Dos Testigos del capítulo once, pero el mas profundo y sencillo es aquel que se refiere a las Dos Naturalezas del Señor, de Jesús, el Mesías. Él Es Hijo de Dios e Hijo de Hombre, por ello reúne en su Persona, en Su Ser, dos Naturalezas, Divina Perfecta y Humana Perfecta.

 Es Hijo de Dios, por ello Es Dios, y Es Hijo de María Virgen, por ello es Humano, o sea que, Es Dios por parte de Padre, y es Humano por parte de Madre, pero Él en sí, Es La Palabra de Dios, Su Verbo Hecho carne sin dejar de Ser Dios.

 Los habitantes de la tierra celebran que han matado a los Dos Testigos de Dios, y es ahora, en estos tiempos que se desentraña y comprende cabalmente su misterio mas profundo y simple, significa que la humanidad ha matado al Señor dos veces, y lo ha matado en Su Humanidad y en Su Divinidad.

 En la Primera Venida, lo mató su propio pueblo elegido en su Humanidad, en ésta, su Segunda Venida, lo mató su pueblo elegido en Su Divinidad, debido a que ha realizado como el primero, lo indecible para apagar su Revelación, por echarlo, relegarlo, confinarlo, acallarlo, silenciarlo, etc., haciéndole así revivir Su Pasión en forma mística, espiritual, no en su Cuerpo ya Glorioso, sino en su Espíritu.

 Al rechazar la Revelación de Dios, escupimos a Dios, lo insultamos, lo azotamos, coronamos de espinas, crucificamos, etc., simplemente porque lo estamos despreciando, lo estamos echando de nuestra vida y del mundo. Por nuestro bien Dios insiste, continúa Revelándose, volviendo, pero todo tiene un límite porque no es tonto, ni nos va a salvar obligándonos.

 A ese límite hemos llegado, entonces, la Revelación de Dios se ha acabado, se ha estado, simplemente porque no la hemos querido, de manera que Dios no nos va a imponer que lo miremos, escuchemos o prestemos atención. Dios acepa que lo hemos despreciado, y no es que le duela a Él por Él como nos ocurre egoístamente a nosotros cundo somos consumadamente despreciados, le duele por nosotros porque nos Ama y sabe a lo que nos exponemos.

 Seguimos como aquellos que en el tiempo del diluvio se esforzaban por no ver lo que era evidente, lo que solo comprendieron cuando se ahogaron. Ahora nos ahogamos en amor propio, naufragamos en orgullo y nos perdemos en vicios, abominaciones, corrupciones y miserias.

 Hemos matado a Dios místicamente, espiritualmente, hemos matado e impedido Su Revelación, pero Dios no ha muerto, sino que nosotros somos los muertos, nosotros somos los que quedamos sin Dios, pues Dios sigue Siendo Dios.

 Hoy se comprende el misterio principalmente encerrado en ese capitulo del Apocalipsis, pues hoy se ha consumado, la humanidad ha renegado de Dios, ha prescindido de Él, y en esto todos tenemos parte, responsabilidad, culpa, debido a que no hemos querido recibir a Dios, no hemos querido permitirle Que Se Revele, al contrario, nos esforzamos por acallarlo, por seguir mintiéndonos, engañándonos, por seguir cultivando el orgullo y continuar viviendo para el ego ajenos totalmente a Dios, sumergidos en nosotros, perdidos en tinieblas de angustia, preocupación, etc.

 El que fue el primer pueblo elegido consumó el deicidio matando al Señor en Su Humanidad, mientras que el que fue hasta ahora el segundo pueblo elegido, consumó el deicidio matando al Señor en Su Divinidad, cosa que hizo al impedir su Revelación, al no querer recibirlo, escucharlo, y mucho menos obedecerlo.

 A esto le ha sumado un agravante, se ha inventado algo totalmente humano, inútil e inservible que consiste en una religión que encierra todas las herejías que no ha combatido y que han penetrado en el mundo y en las mismas religiones, una nueva religión mundial de, por y para el mundo.

 Esta religión carece absolutamente de Revelación, por lo tanto, carece absolutamente de Dios, solo tiene apariencias externas de ser de Dios como las tenían fariseos, maestros de la ley, saduceos, escribas, etc., en el tiempo de la Primera Venida o Paso del Señor.

 Esa falsa religión esta en toda religión así como también es practicada de hecho por toda la humanidad, y consiste en el culto a sí, a la imagen, a la personalidad, el ‘yoísmo’, donde se ejercitan las almas en un individualismo colectivo, una verdadera alineación, extravío, desvarío, fantasía, de manera que tenemos múltiples sectas o ramas de esa religión mundial inútil que es en esencia satanismo puro.

Leer:

LA RELIGIÓN DE satanás, devaluación de la religión:




7. EL QUE ES SU ENVIADO

 Dios Se Ha Revelado, ha intervenido, Ha Pasado por la vida personal de cada uno abriendo el sepulcro que llamamos ‘vida’, Iluminándonos, dándonos a conocer la Verdad, pero, nos esforzamos por cerrar, por rechazarlo, repudiarlo y seguir hundidos y perdidos en nosotros mismos mintiéndonos, adorándonos, como nenes caprichosos.

 Dios quiso levantarnos, sacarnos, resucitarnos, pero, nos esforzamos por seguir hundidos en el abismo de preocupaciones inútiles pensando solo y siempre con creciente y enfermiza obsesión en nosotros, resistiéndonos a tener Fe Verdadera, oponiéndonos a Su Voluntad.

 Hemos hecho algo peor aun, nos esforzamos por convencernos de que tenemos razón y de que Dios se ha equivocado, condenándolo a Él, volviéndolo a crucificar, como si al mentirnos y creerlo, lo que siempre fue y será mentira pasar a ser por un instante verdad.

 El problema es que la mentira que queremos creer, solo es verdad para nosotros que asila queremos ver, no pasa  a ser verdad, ni aunque goce de aceptación generalizada, es decir, ni aunque engañemos a muchos y nos mientan adulándonos, conformándonos y haciéndonos caso como si realmente fuésemos los dioses que decimos y que queremos creer y hacer creer que somos.

 Si seguimos negándonos a Dios, seguiremos ocultos, enterrados, arrastrándonos como gusanos bajo tierra sin poder ver el sol, sin conocer la Verdad, exponiéndonos a los enemigos espirituales que quieren devorarnos, destrozarnos, aprovechar el hecho de que queremos estar sin Dios para hacer lo que estando Dios no podrían que es perdernos.

 Dios ha dado a cada uno una Cruz personal, una limitación a su orgullo-amor propio, pero, nos esforzamos por quitárnosla, no viendo que la Cruz Es La Señal de Dios, y no queriendo comprender que al esforzarnos por borrar su Signo o Señal, nos estamos imponiendo el signo o señal del adversario, el de los rebeldes, renegados, desamorados, orgullosos, miedosos, cobardes, sin fe, etc., que solo se preocupan por sí y que se dedican desesperadamente a hacerse adorar.

 Repudiando la intervención de Dios en la propia vida, también impedimos Su Paso y Vida-Presencia en el mundo, entonces, quedamos presos de la bestialidad amorfa, viciosa y corrupta que se forja en nuestro interior, o sea, en ese abismo de egolatría que pretendemos que es una vida y que nos esforzamos por aparentarlo adorable para ser aceptados, tomados en cuenta y obedecidos en el mundo.

 Si rechazamos la Voluntad de Dios, rechazamos a Dios, entonces, por mas que digamos tener a Dios no lo tenemos, y es ahí donde nos mentimos, engañamos, donde puede el adversario encerrarnos y confundirnos, donde puede hacerse pasar por Dios porque él esta desesperado por ser adorado.

 Habiendo rechazado la Voluntad de Dios, la ausencia de Dios ha crecido en nosotros y no lo hemos querido ver ni notar, de manera que quedamos atrapados en ella, sometidos a sus caprichos, debido a que crece igual por mas que queramos creer que no esta cuando perseveramos tercamente en la rebeldía contra Dios, en el esfuerzo de renegar de Su Voluntad.

 Esa ausencia de Dios en nuestro interior se ha vuelto bestial, deforme, abominable y nos domina, controla, es el abismo de egolatría, el delirio de orgullo, la fantasía donde nos consideramos dioses y exigimos ser adorados mientras que fingimos que amamos a Dios o que lo seguimos y tenemos.

 Habiendo rechazado la Revelación de Dios, quedamos hundidos, sumergidos, atrapados y perdidos en el abismo de nada que somos donde solo podemos escuchar el eco de nuestros pensamientos confundidos por la serpiente antigua y homicida que se acerca para acabar de enloquecernos mientras carecemos de defensa y protección, solo y simplemente porque no buscamos al Señor, no permitimos Su Revelación-Paso-Venida, porque no permitimos Que Hable Revelándonos la Verdad y haciéndonos libres.

 Atrapados por la propia falta de amor a Dios, no podemos defendernos y es ahí donde el adversario nos impone lo que quiere y lo aceptamos como propio, es así como impone su voluntad y la aceptamos, y es ahí donde nos hace suyos porque tenemos su voluntad como propia, y como tontos la defendemos.

 Considerar que, al recibir el pensamiento-revelación del adversario estamos atesorando la mentira, cuando en realidad deberíamos esforzarnos por atesorar la Revelación de Dios y recibir Su Pensamiento Expresado en Su Palabra, Su Verbo, Su Hijo Enviado a nosotros como El Verdadero y Único Salvador.

 Si no queremos recibir Su Revelación, no queremos recibir Su Palabra, entonces, no recibimos al Que Es Su Enviado, y así es como no podemos ser defendidos por Dios, Salvados, socorridos ni nada bueno, hundiéndonos y perdiéndonos en tinieblas, en el abismo, entregaos a los vicios y expuestos a todos los enemigos espirituales.

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