11 de octubre de 2013

1225.- IDENTIDAD-PERSONALIDAD, (Segunda parte)



1225.- IDENTIDAD-PERSONALIDAD, (Segunda parte)

 Cuando el adversario logra imponer su voluntad en nuestra vida, esta obteniendo que lo aceptemos, recibamos, y a la vez, hacernos suyos, que le pertenezcamos.

 Al imponer su voluntad y nosotros aceptarla, hacerla propia, esta forjando una manera de ser que es una abominación, una deformidad, una inmundicia, pues convierte al alma en prostituta suya, la envicia, corrompe, estropea y envilece hasta degradarla de tal manera que incluso, llega a perder los rasgos de humanidad.

 Esto significa que, con el correr del tiempo, si el alma no rechaza a satanás y continúa aceptando su voluntad, se va deformando, estropeando y denigrando hasta destruirse-corromperse de tal manera que adquiere imagen y semejanza con satanás.

 Ahí se forma un ser nuevo, el alma llega a ser totalmente nueva, pero no para bien, se convierte en algo diferente, un demonio, la negación de aquello que pudo ser, la oposición a aquello a lo que estaba Predestinada por Dios, su Creador.

 Si buscamos a Dios y aceptamos Su Voluntad, si recibimos Su Revelación colaborando de esta manera en la Vuelta-Venida del Señor al mundo, El Señor desarrolla nuestra personalidad, forja nuestra identidad y nos da así un nombre nuevo, uno que es producto de la alianza con Él.

 Esa alianza-unión con Dios es la fuente de todo bien y el Principio de la Vida-Presencia de Dios en el alma y en el mundo, es un puente entre este mundo y Su Reino, la escala de jacob.

 Si no amamos a dios, si no buscamos Su Voluntad y no colaboramos en Su Revelación, solos nos estamos privando y apartando de Él, razón por la que terminamos hundidos, desmoronados y perdidos en nosotros mismos, de donde surge el miedo, la preocupación por sí, aquello que pretendemos usar para justificar el dedicarnos a hacernos amar, aceptar, adorar, servir, obedecer, etc.

 Si no amamos a Dios, si no buscamos Su Revelación y no lo obedecemos, somos unos inmaduros incurables, unos miedosos cobardes que se niegan a amar como es debido y que se desesperan por obtener ser adorados como los nenes celosos que no quieren amar, pero que sí quieren y siempre, ser adorados.

 Tenemos que madurar, crecer, evolucionar, debemos empezar a amar a Dios y salir de nosotros mismos entregándonos a Él. Ya buscándolo comenzamos a salir del abismo de la egolatría y el narcisismo.

 Quiere el adversario una aceptación incondicional, es decir, nos quiere esclavos y totalmente sometidos, buscando por ello anular nuestra voluntad, privarnos de voluntad propia e imponernos siempre su voluntad, pues esa desesperado por ser adorado y así es como obtiene verse satisfecho.

 En eso lo que hace es anular la voluntad propia, atrofiarla, impedir que crezca y madure, imponiéndonos la suya en su lugar y haciéndonos creer que es propia.

 Comprender acá la necesidad e importancia de buscar a Dios, de renunciar a eso que creemos que es voluntad propia, porque así es como le damos muerte a la presencia del adversario, como nos liberamos de su dominio-imperio-reinado.

 El Señor solo puede desarrollar una verdadera y propia voluntad, darnos una identidad personal, verdadera personalidad, forjar la verdadera imagen de nosotros mismos. Esto es porque nos limpia, purifica, corrige y conduce-Guía al amor, a que amemos a Dios primero, y a que vayamos madurando-creciendo-evolucionando en espiritualidad en esto.

 Aquellos que rechazan a Dios, que impiden Su Revelación, que ignoran al Señor y prescinden de Él, no tienen una verdadera personalidad-imagen-identidad, sino que tienen a satanás y llevan su imagen en sí, por ello llegan a ser como él en la tierra, como él es en el infierno, son ellos en la tierra, es decir, unos seres orgullosos, ególatras, narcisistas, desamorados, corruptos, etc.

 Los que eligen ser sin-Dios, los que no buscan al Señor ni participan en Su Revelación, son la imagen de la ausencia de Dios, de la negación de Él, del orgullo y el amor propio, y por mas que crean que tienen una identidad propia, una personalidad verdadera, son unos muertos como satanás, pues satanás es tal porque ha rechazado a Dios para elegir adorarse a él mismo.

 Adora su vacío y desolación, un delirio, una fantasía, lo que él quiere creer, una verdadera mentira, una ilusión, pues mira y ve lo que desea ver, y al no buscar a Dios, al no recibir Su Palabra de Verdad, se enreda en sus tinieblas, aquellas que prefiere en el lugar de La Luz Verdadera.

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