21 de octubre de 2013

1298.- NOS DEVORA CUANDO NO DEVORA A OTROS



1298.- NOS DEVORA CUANDO NO DEVORA A OTROS

 Somos egoístas para con Dios, no lo amamos en verdad, solo y siempre pensamos en nosotros mismos y no hacemos otra cosa mas que hallarnos hundidos-perdidos en la nada inconsistente y desamorada en la que nos hemos convertido.

 Nos dedicamos a satisfacer el ego, a saciar el orgullo, convirtiéndonos por ello en ególatras narcisistas que solo cuidan su imagen-apariencia-aspecto-personalidad, y que por ello no salen ni quieren, de su abismo, no dejan de pensar siempre solo en sí.

 Como no hacemos mas que pensar en nosotros mismos, en saciar el ego, nos vemos vencidos y dominados por éste, porque nos empuja a que busquemos darle conformidad y así es como también nos inclina hacia el pasado, pues busca donde fue amado, quiere ir a lo viejo y conocido.

 Con esto se cumple lo que dijo El Señor de que ponemos la mano en el arado y miramos hacia atrás, de manera que no servimos para el Reino, no entramos en éste.

 Conspira contra nosotros el propio vacío que tenemos, el mismo abismo que generamos de egolatría, orgullo, miedo, preocupación por nosotros mismos, simplemente porque tiene animación propia y nos devora, a la vez que nos mueve y manipula imponiéndonos que le procuremos satisfacción.

 También considerar que el adversario se sirve de ese abismo de egolatría que tenemos dentro, del mismo vacío-olvido de Dios, del orgullo-amor propio donde pensamos solo y siempre en nosotros mismos, porque nos asusta, atemoriza y logra preocuparnos para que continuemos dedicándonos a satisfacernos, conformarnos y de esta manera nos apartemos de Dios y olvidemos de Él.

 Estamos dedicados-consagrados-entregados a satisfacernos, conformarnos, saciarnos, en definitiva, a continuar provocándonos la ruina que ya padecemos y que padeceremos agravada eternamente. No queremos dejar de pensar en nosotros, ni de dedicarnos a conformarnos, entonces, somos caprichosos, rebeldes desamorados obtusos y tercos que solo y siempre piensan en sí.

 Eso expone la debilidad, el miedo que nos domina-controla-somete, la ceguera en la que nos hemos hundido para acabar perdidos en tinieblas.

 Nos domina-somete la propia debilidad, el mismo miedo, la falta de amor que tenemos, y si usamos como excusa el miedo, la preocupación por sí, para no amar, estamos enroscándonos en nosotros mismos, nos perdemos en el abismo desolado de las tinieblas inconsistentes y orgullosas.

 No solo no amamos a Dios, sino que también somos tan hipócritas que fingimos hacerlo, entonces, nos privamos de Dios dos veces, llegamos a consumarnos como mentirosos incurables, verdadero ególatras herederos de judas, hijos de la muerte eterna, súbditos de satanás, almas muertas y totalmente perdidas sin remedio ni solución.

 No queremos colaborar en la Revelación de Dios, no lo buscamos, entonces, no lo recibimos, quedando así privados de Dios por voluntad y elección propia, condenados encima a tratar de conformar y satisfacer el mismo vacío-ausencia de Dios que provocamos en el interior cuando no lo queremos recibir.

 No queremos siquiera escuchar a Dios, al contrario, estamos desesperados por lograr que Dios nos escuche, mire y haga caso, que nos preste atención y obedezca, demostrando de esta manera que el orgullo-miedo nos domina y que nos hemos convertido en hipócritas peores que los fariseos, maestros de la ley, saduceos, escribas, etc., del tiempo del Primer Paso del Señor por el mundo.

 Toda la abominación la encubrimos y disimulamos con una apariencia amable, seductora, interesante, nos damos un aspecto o aire de importancia, porque queremos ser creídos en las mentiras, deseamos que otros vean nuestros delirios, estamos desesperados por lograr engañarlos para que caigan en las redes de nuestra egolatría infernal saciando-conformando el ego que nos devora a nosotros cuando no consume a otros.

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