21 de octubre de 2013

1301.- NO LO QUEREMOS RECIBIR



1301.- NO LO QUEREMOS RECIBIR

 Por miedo, costumbre y desamor las almas se resisten a prestar atención a Dios, continúan convirtiéndose en desamoradas orgullosas que no hacen otra cosa mas que pensar en sí y dedicarse a satisfacer-conformar su orgullo abismal y siempre creciente.

 No prestando atención a Dios, la debida atención, no escuchándolo, no dejándose Guiar por Él, acaban las almas perdidas y enterradas en tinieblas aun no queriendo, incluso teniendo buena voluntad, y es que tal cosa se la merece su falta de un verdadero y firme amor a Dios.

 Como las almas no ofrecen un real santo sacrificio de sí, se privan de Él incluso hablando todo el tiempo sobre Dios, pues en realidad, en esencia, continúan dedicada o consagradas a sí mismas, honrando a Dios con los labios, no con el corazón.

 No amando a Dios como es debido, convirtiéndose las almas en mediocres espirituales, se colocan a sí mismas en un limbo espiritual en el que no pueden hacer otra cosa mas que sufrir. Sufren porque están privadas de Dios, se autoconsumen y se exponen a los enemigos espirituales que aprovechan para destrozarlas.

 Perdidas en tinieblas las almas continúan insistiendo orgullosamente con que tienen fe, creen en Dios y lo aman, hasta dicen que lo sirven, pero la verdad es que no hacen mas que dedicarse irremediablemente a buscar la propia satisfacción, conformidad, es decir, saciedad para su ego.

 Las almas que se encuentran en este estado no están perdidas, pero padecen como si lo estuvieran, exponiéndose por ello a perderse, dado que los tormentos, el cansancio y la debilidad, conspiran para que acaben por abandonar la fe y enterrarse definitivamente en el abismo.

 Deberían hacer un esfuerzo por dejar de defender su orgullo, por dejar de valerse por sí, por aceptar que necesitan de Dios y buscar así al Salvador, al Mesías, recibiendo la Revelación-Don de Dios, pero como no lo hacen, se están perjudicando y exponiendo a perjudicarse aun mas sin remedio ni solución.

 Se esfuerzan las almas por permanecer en el limbo espiritual donde orgullosamente creen que sirven a Dios y que lo hacen mejor que otros, exponiéndose por ello a peligros muy grandes, proporcionales a su orgullo, a su amor propio y consecuente proporcional desamor a Dios.

 De esta manera pasan por el mundo como por el desierto, privándose de Dios, mirándolo de lejos, por detrás del velo o manto de neblinas que no se animan a romper para confiar verdaderamente en Dios y tenerlo.

 Son las misma almas las que desean permanecer postradas, enterradas y perdidas en el desierto, en el abismo de la desolación, en sí mismas, privándose de Dios, no entrando en su Reino, simplemente porque no quieren amar a Dios en verdad, porque no quieren confiar en Él realmente, es decir, porque continúan prescindiendo de Su Revelación.

 Como continúan prescindiendo de la Revelación de Dios, las almas continúan perdidas en las tinieblas de su estulticia, pues se acabarían y disiparían las tinieblas si aceptasen a Dios, si recibieran Su Revelación, El Pan Vivo Bajado del Cielo.

 Todos tenemos la posibilidad de entrar en El Reino de Dios ahora, de salir d las tinieblas, de volver a la vida-comunión con Dios, pero si no lo hacemos, si continuamos prescindiendo del Don de Dios, de Su Revelación, seguimos privándonos de Él, impidiendo la Segunda Venida y condenándonos a esperar lo que nunca va a llegar, simplemente porque no lo queremos recibir.

 Como queremos creer lo que se nos ocurre sin escuchar a Dios, quedamos encerrados en las tinieblas que merecemos con Justicia porque no queremos recibir al Señor, Su Revelación, el Don de Dios, Su Presencia Viva en y entre nosotros.

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