22 de octubre de 2013

1304.- CHOCAN SIN CESAR CONTRA DIOS



1304.- CHOCAN SIN CESAR CONTRA DIOS

 Si nos martillamos el dedo, aunque éste duela, quién se queja es la boca, debido a que cada parte del cuerpo ejerce su función, el problema es que siendo el alma la que esta enferma o muerta, no sabemos expresarlo, entonces, no sabemos comprenderlo.

 Solo sentimos un malestar generalizado que atribuimos a otras causas y de esta manera buscamos soluciones que no son tales, las que nos esforzamos por creer y donde en realidad estamos engañándonos para acabar mayormente perjudicados, debido a que el problema real, la causa del mal no la solucionamos dejando que la enfermedad espiritual progrese, avance y termine por matarnos.

 La enfermedad real, la causa de todos los males es que tenemos un espíritu muerto adentro, o sea, un espíritu que es de orgullo, amor propio, egolatría, miedo, preocupación por sí, de donde sentimos luego angustia, vacío y desolación, histeria y desesperación.

 Tales síntomas son el signo evidente de la enfermedad espiritual que estamos ignorando, la que agravamos mientras buscamos soluciones solo psicológicas, o si nos contentamos con atribuir el malestar a tal o cual causa sin solucionar el problema real.

 Podemos salir del abismo, podemos volver a la Vida, abandonar las tinieblas de la muerte, podemos salir del estado de muerte en el que el alma se halla, pero para ello debemos recurrir al Médico Divino, El Señor, El Mesías, porque Él Solo Es El Que Puede Resucitar al alma.

 El alma muere porque padece encima y en ella a un espíritu muerto. El espíritu lo tenemos muerto porque no queremos amar, sino que nos empeñamos en preocuparnos por nosotros mismos enterrándonos, encerrándonos, abismándonos en el vacío y en la desolación.

 El espíritu muerto, orgulloso, miedoso, desamorado, no puede darle vida al ama, entonces padecemos todos los síntomas antes mencionados y continuamos en tinieblas olvidados de Dios, del amor y de la Vida, simplemente porque deseamos permanecer en la mentira.

 Permanecemos en la mentira porque nos autojustificamos para no amar, para ser rebeldes, desamorados, caprichosos, obtusos, para continuar en rebeldía contra Dios mirándonos sin querer amar, aceptar, renunciar, obedecer, renegando de Dios, de Su Voluntad, de la Verdad, queriendo que sea verdad solo nuestro capricho.

 Nos hallamos de esta manera en guerra contra Dios, porque buscamos prevalecer sobre Él, queremos imponerle la propia voluntad y es así como nos autodestruimos, arruinamos, estropeamos.

 Simplemente, si queremos salir del abismo, de la oscuridad y de la muerte, debemos dejar de pelear contra Dios, debemos buscar donde es que hay rebeldía contra Su voluntad, tanto consciente como inconsciente, y renunciando ahí, lograremos estar en comunión con Él, y como Él Es La Vida, recibiremos la Vida Eterna.

 Recibimos la Vida Eterna que nos vivifica, resucita y transforma hasta transubstanciarnos, hasta convertirnos en personas absolutamente nuevas, pero, si continuamos renegando de Dios, si seguimos prescindiendo de Él y obsesionados concretar la propia voluntad mientras nos esforzamos por creer que es nuestro bien, vamos a quedar no solo privados de Dios, sino destruidos en el camino, convertidos en polvo y cenizas por chocar contra Él, y por autoconsumirnos al no recibir Su Espíritu-Vida.

 Dios quiere corregirnos, no es caprichoso, los tercos, testarudos, caprichosos, obsesivos, somos nosotros, pues deseamos continuar desafiándolo, provocándolo, esgrimiendo rebeldía, y lo que es peor, después pretendemos tener lástima y que otros también nos la tengan, cosa que buscamos cuando vemos que contra Dios no podemos, o cuando comprendemos en el estado que quedamos cuando hizo lo imposible por prevalecer sobre Dios. Ni siquiera consideramos que nos suicidamos espiritualmente, que nos primazo de Dios ahora y para siempre.

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