28 de octubre de 2013

1352.- DESENCADENAMOS LO PEOR



1352.- DESENCADENAMOS LO PEOR

 ¿Qué peor castigo hay que el de que no hallen las almas límite alguno a sus deseos de depravación, corrupción y autodestrucción?.

 Dios no castiga a las almas, ellas mismas eligen su castigo, se loo provocan, causan, son la misma causa, porque eligen renegar de Dios hasta consumar frenéticamente una abominable desolación en la que es imposible hallar a Dios, quedando por ello expuestas o encaminadas a su autodestrucción irremediable.

 Dios ha dado múltiples oportunidades de corrección, rectificación, para que las almas no se perdieran, no se internaran en tinieblas, pero éstas han preferido depravarse, corromperse, anegarse en la inmundicia del orgullo, el amor propio y los vicios, revolcándose en tal lupanar con los peores demonios.

 No es Dios el que baja a castigar a las almas, ellas mismas se provocan la autodestrucción, se arruinan y encima, han llegado a transvasar la línea sin retorno, entrando en una vertiginosa caída en la depravación infernal.

 Ya las almas no tienen límite alguno, no hay freno, advertencia o señal que les impida que se depraven, corrompen, estropeen, arruinen, etc., pues quisieron eso, desean transvasar todo límite, convirtiendo así no solo el mundo en un infierno gigantesco, sino la propia vida-casa-corazón.

 Convirtieron su vida y el mundo en un infierno de ausencia de Dios, de oposición y rebeldía contra Él, de reniego y caprichos sin límite alguno, entonces, corren sin solución las almas a su eterna perdición acelerando vertiginosamente la velocidad de la caída.

 Pudiendo contar con la asistencia-Guía del Señor, las almas prefirieron no hacerlo, desearon renegar de Él, desecharlo, prescindir de Su Revelación y así eligieron romper todo límite y enterrarse en tinieblas sin salvación alguna, entonces, no es castigo de Dios, es la cosecha de lo que hemos sembrado.

 Al rechazar la Revelación, al no querer escuchar la Verdad ni verla, hemos elegido la ausencia de Dios, el vacío, la desolación, la abominable desolación, entonces, eso es lo que tenemos, padecemos, de manera que no podemos sino perdernos, y todo esfuerzo que hacemos es por dedicarnos sin remedio al orgullo-amor propio donde nos auto-exterminamos.

 No hacemos mas que dedicarnos al orgullo-amor propio porque estamos hundidos, encerrados, perdidos y atrapados en nosotros mismos, sometidos por el miedo y suponemos que al hacernos amar, adorar, servir, obedecer, al imponer que nos presten atención, vamos a librarnos del miedo no viendo que es así como lo provocamos.

 No podemos quejarnos de que avancen los enemigos espirituales y provoquen estragos arruinando almas, destrozándolas vivas, consumiéndolas, realizando cosas indescriptibles que ni nombre tienen ya, pues tienen tal capacidad para realizar eso porque hemos renegado de Dios, prescindimos de Él, nos opusimos como idiotas a Su Revelación, entregándonos o consagrándonos en ello a satanás, la muerte eterna y la perdición irremediable.

 Siempre fomenta los vicios satanás para poder así atontar a las almas, debilitarlas y distraerlas, luego les cae encima, las aplasta, somete y hace de ellas lo que se le antoja, las trata como a las prostitutas que prefirieron ser, las droga con mas vicios obligándolas a trabajar para él.

 El peor vicio que pueden consumir las almas es el orgullo, éste las destroza, acaba por consumirlas a ellas, de manera que son drogadictas, adictas al orgullo, se desesperan por saciarlo, conformarlo, por consumirlo no viendo que son consumidas por éste.

 Mientras se dejan consumir por el orgullo al que se dedican, se van debilitando, atontando y embruteciendo, se deforman y terminan por convertirse en demonios aun pasando por el tiempo, es decir, estando aun de paso por el mundo, jactándose de tener los pies sobre la tierra y de ocuparse de las cosas y problemas de mundo.

 Las almas se sienten satisfechas de ser mundanas, de haberse convertido en infernales depravadas, corruptas y desamoradas, de haberse suicidado espiritualmente al renegar de Dios, al impedir su Revelación, al haber hecho aquello que satanás quería para poder pasearse por el mundo como dueño dada la oscuridad que en éste se ha provocado.

 Considerar lo ocurrido, renegando de Dios, prescindiendo de Él, oponiéndonos a Su Revelación, oscurecimos el mundo de tal manera que satanás esta libre y puede hacer lo que quiera, ¿Hace falta que Dios nos castigue?, solos hemos provocado o desencadenado lo peor, y no podemos decir que es castigo de Dios, es lo que hemos querido, Dios quiso Salvarnos.

 Desencadenamos lo peor porque no podría haber cosa peor que dejar a satanás suelto y adorarlo encima como salvador, dios, señor, dueño, etc., estamos a merced de un demente orgulloso ególatra que se encuentra desesperado por saciarse en su maldito orgullo y que hace cualquier cosa para ello.

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