29 de octubre de 2013

1360.- SEGUIMOS TRABADOS



1360.- SEGUIMOS TRABADOS

 Diariamente Viene El Señor a nuestra vida, quiere Pasar, desea corregirnos, encaminarnos, porque su Amor Se Revela haciéndonos El Bien, El Verdadero Bien.

 Como somos orgullosos, soberbios, miedosos y desconfiados, prescindimos de Él, no le prestamos atención ni le hacemos caso, entonces, estamos rechazando al Señor, y lo que es peor, para construir una apariencia en la que hipócritamente decimos tenerlo para engañarnos y engañar a muchos.

 Mientras continuamos dedicados a nosotros mismos, empeñados en conseguir ser adorados, reconocidos, tomados en cuenta y aceptados, estamos ignorando al Señor, seguimos prescindiendo de Él y continuamos anegándonos en tinieblas, de manera que, solo presumimos, tenemos fantasías, delirios, no a Dios.

 Considerar que el adversario se echa encima de los suyos haciendo así la versión infernal de Pentecostés donde Dios descansa en los suyos. Cuando el adversario se echa encima de las almas viciosas, aquellos vicios que ya tenían, se potencian, entonces quedan definitivamente esclavas y se encaminan a tratar de satisfacerlos sin ver que no lo van a conseguir nunca, que siempre van a hallarse en deuda, como ocurre con las naciones que pagan los intereses usureros y confiscatorios de la deuda externa.

 Las almas que impidieron la Revelación, que se opusieron al Paso Libertador del Señor, que no quisieron escucharlo, y por ello no lo obedecieron quedando encerradas, hundidas, abismadas en sí, ahora tienen que soportar a satanás encima, en derredor, abajo, etc., pues el cerdo infernal las enlaza, ata, encadena y arrastra como esclavas a su abismo obligándolas a procurarle satisfacción.

 Así es como las almas comprueban amargamente lo que son los ídolos, ven que no son dueñas de sí y que solo pueden hacer lo que les mandan, obedeciendo irrestrictamente a satanás y a los suyos que reinan por medio del terror, en el miedo, manipulando, mintiendo y engañando.

 No son dueñas de sí las almas, se cumple lo que dijo El Señor, quisieron conservar su vida siendo mezquinas para con Dios, ahora la han perdido, están obligadas a tributársela por completo a satanás y a la muerte eterna, no pudiendo disponer de sí como se les antoja porque quien tal cosa hace es satanás, aquel al que eligieron por rey.

 El Señor quiso salvar a todas las almas, pero no todas las almas quisieron ser salvadas, son muchas las que prefirieron el mal camino y se hallan ya condenadas aun mientras se encuentran de paso por el mundo.

 Dios se asienta en aquellas almas que han renunciado a sí para recibir al Señor, aceptarlo y obedecerlo, y si Vive Dios con y en nosotros, tenemos Vida Eterna aun cuando nos hallamos de paso por el mundo, porque Dios Vive y nos comunica Su Vida, nos hace vivir.

 Notar la diferencia con satanás, el monito remedador de Dios, éste no vive y hace no vivir, convierte en muertas orgullosas y desamoradas a las almas, una verdadera abominación, algo repugnante y totalmente repulsivo.

 Las almas que no recibieron al Señor están desesperadas por el vacío y la desolación que sienten, por ello se dedican con maldad a hacerse adorar, pero, por mas que digan ser grandes, importantes y hasta representantes de Dios o de vaya a saber quién, no debemos ni temerles, ni obedecerlas, así como tampoco sentir culpa porque no les damos alimento para su egolatría.

 Que amemos y obedezcamos a Dios mientras nos hallamos de paso por el mundo, ya es amonestación que invita a otras almas a la conversión.

 Si no buscamos la Voluntad de Dios y no lo obedecemos, irremediablemente pertenecemos al mundo, entonces, tenemos su espíritu y a los que en éste se hallan, quedando horriblemente atrapados en vanidades en las que nos consumimos desesperados por obtener ser adorados mientras que creemos que lo obtenemos.

 No somos dueños de nosotros, aquello que se ha formado mientras renegamos de Dios, nos somete, dispone de nosotros enterrándonos en el abismo del olvido de Dios y encerrándonos en una húmeda mazmorra de la que encima, no queremos salir, pues aun nos seguimos negando a admitir que necesitamos al Señor, al Mesías, al Salvador.

 Continuamos impidiendo la Revelación, seguimos trabados por negarnos a hacer lo esencial en la vida, confiar en Dios en verdad. Por mas que alcancemos la perfección en algo en el mundo, ¿De qué sirve si hemos matado el espíritu y prescindido de Dios suicidándonos espiritualmente?.

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