30 de octubre de 2013

1365.- DIOS NO DICE LO QUE QUEREMOS ESCUCHAR



1365.- DIOS NO DICE LO QUE QUEREMOS ESCUCHAR

 No podemos defendernos contra la mentira y el engaño de satanás, contra su espíritu maldito por cuenta propia, solos no podemos hacer nada, debemos echar el orgullo a tierra, recordar lo que dijo El Señor a los apóstoles, “Sin Mí nada pueden”.

 Queremos creer y demostrar luego para convencernos y convencer, que todo lo podemos, que solos obramos bien, pero no vemos que es así como alimentamos el orgullo y nos mentimos mientras prescindimos de Dios y renegamos de Él.

 Ahí estamos generando rebeldía, le abrimos la puerta a satanás para que se infiltre y para que nos siga mintiendo, de manera que hasta hay quienes creen que es humildad rendirse culto a sí, ser fiel a sí mismo, a la propia idea, volviéndose fanático que acaba por apagar y extinguir toda Revelación en su obsesión por lograr la perfección de su dedicación a sí mismo, a su imagen-orgullo.

 Considerar entonces acá, un buen ejemplo de un mal ejemplo, uno de los dos papas que conviven en la iglesia, uno de los dos líderes sectarios que se ha convertido en ególatra orgulloso y se rinde culto a sí mismo queriendo contagiar esa egolatría narcisista infernal imponiendo al mundo que religión es practicar la teología marxista de la liberación, el racionalismo y el materialismo mientras que el discurso es propio del dragón infernal en el que se ha convertido para seducir, engañar y arrastrar a las almas a la perdición eterna.

 Construimos una imagen falsa de nosotros mismos volviéndonos fanáticos de lo que somos y hacemos, pues insistimos con esto en ser aceptados, adorados, obedecidos, servidos, tomados en cuenta y eso lo hacemos porque buscamos ser despreciados, desechados, rechazados, etc., lo mismo que le hicimos previamente a Dios.

 Esperamos cosechar algo diferente a lo que le hicimos a Dios, pero es una tontería, no vamos a obtener mas que lo que hemos sembrado, y como hemos apagado su Revelación, vamos a conocer el vacío y la desolación, el mismo desprecio, rechazo, repulsión, etc., dado que, se cosecha la siembra, cada uno tiene lo que es, lo que hace, y no lo que dice, finge y hasta cree ser y hacer.

 Nos engañamos a nosotros mismos queriendo ver lo que deseamos ver, pero eso no muda la naturaleza de las cosas, no cambia la realidad, solo construye ficciones en las que nos volvemos ególatras consumados, unos verdaderos desamorados que no saben ni quieren hacer otra cosa mas que preocuparse por sí mismos siempre.

 Tropiezo, dificultades y reveces, son para que comprendamos que solos no podemos, que necesitamos de Dios, que no podemos continuar prescindiendo de Él, son por y para nuestro verdadero bien, para que no sigamos dedicándonos inútilmente al orgullo, a hacernos adorar, a encerrarnos en nosotros mismos negándonos a amar a Dios en verdad rindiéndole culto a la imagen que construimos sin Él, al anticristo, al desolador.

 No aprovechamos las dificultades para adquirir algo de humildad, al contrario, las usamos para corrompernos y depravarnos mas, para rebelarnos mas aun contra Dios y para continuar prescindiendo de Él dedicándonos al orgullo, cultivando el amor propio, entonces, confirmamos una vez mas que la Revelación de Dios la usamos para caída y no para Resurrección, y no es culpa de Dios.

 El Señor Se Ha Revelado, ha intervenido o Pasado por nuestra vida para que conozcamos El Camino, para que lo busquemos y sigamos, para que le pidamos el Pan Vivo diario que recibimos solo en una verdadera comunión espiritual con Él donde permitimos y admitimos Su Revelación-Paso-Venida.

 Si no seguimos al Señor, si no discernimos Su Voluntad, inventamos algo que llamamos ‘religión’, ‘culto’, ‘espiritualidad’, etc., pero no es otra cosa mas que ocultismo, egolatría, satanismo práctico, es decir, narcisismo en el que las almas le rinden culto a la imagen-personalidad, esa máscara por la que desean ser vistas, aceptadas, reconocidas y adoradas, la que consideran su salvación en el mundo.

 No vemos con claridad lo que Dios Revela, simplemente porque no lo queremos ver ni oír, hacemos fuerza para rechazarlo, repudiarlo y continuar prescindiendo de Él, dado que lo que Él dice, esta plenamente claro y es mas que evidente, nosotros lo vemos oscuro porque Dios no dice lo que queremos escuchar, no dice mentiras, dice la Verdad.

 En vez de defendernos contra la mentira, estamos defendiéndonos contra la Verdad, ¿Tiene eso sentido?.

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