30 de octubre de 2013

1367.- DESTROZA EN VIDA A LAS ALMAS



1367.- DESTROZA EN VIDA A LAS ALMAS

 Aquello que debemos y no hacemos en comunión con Dios, terminamos haciéndolo instintivamente sin notarlo, y en absoluta rebeldía y oposición a Él, acabamos por ponerlo al servicio del adversario y éste se beneficia irremediablemente para nuestra ruina.

 Lo que Dios nos da y no se lo devolvemos poniéndolo a su disposición, lo usamos por y para el orgullo, lo empleamos para hacernos amar, adorar, ver, servir, aceptar, reconocer, etc., convirtiéndonos por ello en colaboradores del adversario, en sus cómplices esclavos fieles que encima creen servirse a sí o hacer un bien a otros.

 Queremos creer que asumiendo el control de nuestra vida vamos a ir por buen camino u obtendremos algo bueno, justo, necesario o conveniente, demostrando de esta manera que somos unos rebeldes desconfiados miedosos que obran por presunción.

 Solo queremos creer que somos mejores que Dios, que obramos mejor que Él, que Él se equivoca y que nosotros tenemos razón, y el adversario nos dice que es así, de manera que nos alzamos rebeldes, llenos de orgullo y presunción para rechazar a Dios, no viendo que es de esta manera como satanás consigue lo que quiere, y encima, somos nosotros los que hacemos su trabajo.

 Simplemente debemos vencer el miedo, dejar de oponeros a Dios, dejar de querer imponernos a Él y de tratar de prevalecer, porque eso no es lo que nos da seguridad, sino al contrario, es la causa de la inseguridad.

 Notar que estamos dedicados a la provocación, el desafío, la tentación, no hacemos otra cosa mas que expresar rebeldía, caprichos, como los adolescentes, renegamos contra Dios y todos, convirtiéndonos en furias descontroladas que se autodestruyen irremediablemente.

 No queremos observar la realidad, deseamos continuar viendo la mentira, entonces, nos sentimos orgullosos, presumimos de vanidades y acabamos enterrados en tinieblas, convertidos en polvo y cenizas, vueltos a imagen y semejanza de aquel al que estamos siguiendo en realidad aun cuando decimos que seguimos a Dios, satanás, completamente engañados y ajenos de la realidad, encerrados en la fantasía y drogados con soberbia-mentira.

 Considerar que, cuando nos procuramos satisfacciones, saciamos vicios y ambiciones, lejos de llegar a estar realmente saciados o vernos satisfechos, nos encontramos mas vacíos que nunca, y eso se debe a que hemos abandonado a Dios, nos apartamos de Él hundiéndonos en el abismo desolado de su ausencia que hemos provocado en el interior que quisimos tener desamorado.

 De ahí es que proceden angustias, tristezas, nostalgias, depresiones, desesperaciones, histerias, etc., todas esas enfermedades del alma que no hacen mas que manifestar la muerte que la anega, sofoca, estrangula y destroza dejándola reducida a polvo y cenizas, a un cúmulo de olvido de Dios.

 Lo verdaderamente importante siempre lo dejamos de lado perdiendo el tiempo al dedicarnos a vanidades, a cultivar el orgullo y ahogarnos en amor propio, en esa deformidad pestilente en la que nos convertimos renegando de Dios.

 Lo verdaderamente importante es amar a Dios, buscar Su Voluntad, obedecerlo, aceptarlo, recibirlo y entregarnos a Él, cosa que hacemos al discernir Su Voluntad y renunciar a la propia para colaborar de esta manera en Que Se Haga-Reine-Triunfe la Divina Voluntad en nuestra vida y en el mundo.

 Continuamos perdiendo en vanidades, o peor, en aquello que nos arruina, estropea y condena, seguimos dedicándonos a lo que no sirve y encima, sintiéndonos orgullosos de eso no viendo que es de esta manera que prescindimos de Dios eligiendo el infierno para ahora y para siempre.

 Como tontos seguimos rechazando a Dios solo porque no es importante o porque no sirve para hacerse adorar en el mundo como por miedo, preocupación por sí y vicio queremos, entonces, tenemos lo que merecemos, padecemos la ausencia de Dios donde satanás puede hacer lo que se le ocurra sin límite destrozando en vida a las almas y no solo con su consentimiento, sino también con su entera colaboración.

 Así es como reduce a las almas a polvo y cenizas, a nada y menos que nada a su imagen y semejanza, haciendo lo que quiere, obteniendo lo que desea, su venganza contra Dios, la satisfacción de sus caprichos, hacerse adorar en el lugar de Dios y destruir a las almas mientras consuma la versión infernal y antagónica de la Unión Hipostática tanto en las almas, como en el mundo, pues ocupa el lugar de Dios.

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