31 de octubre de 2013

1373.- TENEMOS LA COSTUMBRE DE SUFRIR



1373.- TENEMOS LA COSTUMBRE DE SUFRIR

 Las almas que han elegido-decidido no optar por Dios, pasar por el mundo sin-Dios, no son perseguidas por Él, ni son castigadas, atormentadas, Dios no se cobra venganza, eso es lo que les hace creer el adversario para que se llenen de miedo y odien a Dios.

 De esta manera es que las almas caen en el miedo, se sumergen en el error y terminan haciendo lo que el adversario quiere, que odien a Dios, lo acusen y culpen pretendiendo responsabilizarlo por todo, no viendo que en realidad son víctimas de su falta voluntaria de Fe.

 Ellas eligieron carecer de Fe, o simplemente tener una fe superficial, entonces, el adversario puede vencerlas, doblegarlas, engañarlas, él mismo las atormenta, castiga y hace padecer para luego convencerlas de que Dios las ha perjudica cobrándose algún tipo de venganza.

 El miedo, la preocupación por sí, el desconcierto, es el patrimonio común de aquellas almas que han elegido prescindir de Dios, renegar de Él, olvidarse de la Fe y enterrarse en sí mismas dedicándose inútilmente a hacerse adorar, ver, aceptar, amar, obedecer, etc.

 Dios no las persigue insistiéndoles que lo recuerden, ni las castiga porque no lo han elegido, habiendo transcurrido un plazo prudencial, deja de llamarlas pues las mismas almas han manifestado que no desean tener Dios sobre la tierra mas que su propio ego, sus ambiciones, vicios, depravaciones, corrupciones, etc.

 Las almas temen en su autoencierro que Dios vuelva, las obligue a prestarle atención o algo parecido, tienen miedo por sí y por su reino de hipocresías miedosas, viciosas y corruptas, no advirtiendo que en realidad están recibiendo miedo que les transfunde el adversario, pues éste es el que teme perder su reino-dominio sobre ellas.

 Las almas solo perciben el miedo, el terror, la preocupación, luego el adversario les dice porque temen, o mas bien, porque deben creer que sienten miedo, engañándolas y manteniéndolas retenidas y hundidas en tinieblas de las que no quieren salir, a las que adoran y a las que han demostrado querer pertenecer.

 Atormenta a las almas su propia debilidad, eso que se han provocado prescindiendo de Dios, su derrumbarse en sí las asusta y suponen que se han equivocado, que han obrado mal al prescindir de Dios, odiándose por ello, culpándose y acusándose.

 Dios no les reprocha, ellas mismas se castigan y eso se debe a que se odian a sí y cualquier cosa la utilizan siempre para autocastigarse, autoflagelarse, continuando con la costumbre de perjudicarse a sí mismas incluso diciendo que es justicia, no queriendo de esta manera bien alguno.

 Si sospechan, intuyen o piensan que se han equivocado, ¿Por qué no corregirse, enmendarse y volver a Dios?, porque no quieren realizar esfuerzo alguno, porque adoran las tinieblas y porque continúan siendo fieles a sí mismas, es decir, too el amor se lo tributan a sí practicando egolatría y narcisismo, negándose a darle algo a Dios, negándose rotundamente a mirarlo, prestarle atención y a hacerle caso.

 Tomando conocimiento de la Verdad debemos hacer un esfuerzo por corregirnos, sin embargo las almas realizan un esfuerzo por continuar renegando de Dios, por seguir mintiéndose y engañándose, por hundirse mas en el abismo del miedo, la preocupación por sí, el desamor voluntario, la egolatría, los vicios, ambiciones, corrupciones y depravaciones.

 Se dejan vencer por la debilidad, el miedo y la podredumbre, permiten al adversario que las doblegue y les diga lo que deben ver-creer, porque el único esfuerzo que realizan es aquel por mentirse, engañarse y continuar encerradas en el abismo donde se idolatran, donde se miran con miedo, culpa, compasión, lástima y autodesprecio.

 Aun viéndose vencidas, doblegadas, atormentadas por todos los enemigos espirituales, continúan las almas prescindiendo de Dios, no admitiendo que lo necesitan, no queriendo ver que es hora ya de volver a Dios, de salir del abismo inútil del miedo, la preocupación por sí, la histeria, etc., pero tenemos la nefasta costumbre de sufrir y si no hay motivos para ello, los inventamos o provocamos.

 Los inventamos atormentándonos por cualquier cosa, incluso por lo que hacemos por nuestro bien, odiándonos por lo bueno o los provocamos abandonando lo bueno. Como tontos entramos en complicidad con el adversario y nos odiamos porque hemos elegido a Dios, viéndonos por ello vencidos por el autodesprecio y doblegados por el odio que no dejamos de alimentar.

2 comentarios:

  1. ojala que tus palabras sean escuchadas por miles y miles.quien tenga abierto el pecho a la verdad, sabrà que vas de la mano de Dios.gracias.

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    1. Estimado anónimo, gracias por sus palabras, Que El Señor le conceda LA PAZ

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