25 de octubre de 2013

VERDADERA Y FALSA RELIGIÓN



VERDADERA Y FALSA RELIGIÓN,
(Siete reflexiones)


Capítulo I
SE VENDE COMO PROSTITUTA A satanás

 Estamos orgullosos, satisfechos y conformes de nosotros mismos, perdidos en vanidades intrascendentes e inútiles que solo alimentan el ego y nos dejan espiritualmente postrados en el olvido de Dios, varados en la playa de la gran nada desolada que llamamos ‘realidad’, y no es mas que fantasía.

 No dejamos de contemplarnos, deleitarnos, nos satisfacemos adorándonos, nos hemos convertido en ególatras narcisistas que no hacen otra cosa mas que pensar en sí mismos sumergiéndose en un abismo inmundo de vicios abominables donde el alma se pudre mientras se revuelca con demonios.

 Somos unos idiotas consumados que hacen las obras de las tinieblas, que conforman a satanás y le procuran el gusto a él mientras se pasean por el mundo luciendo su orgullo, odiándose unos a otros y escupiendo el veneno de la abominación pestilente que fermenta en sus entrañas desamoradas.

 Hemos dejado de ser humanos, pasamos a convertirnos en seres bestiales que corrompen la creación mientras reptan por el suelo luciendo el orgullo y sus vanidades como joyas no viendo que son dardos envenenados vomitados por satanás y sus demonios para que las almas se pudran en vida y corran a su perdición eterna.

 El amor propio es una basura, el orgullo es veneno, sin embargo las almas en estos tiempos apestan de estas abominaciones sintiéndose satisfechas de sus vanidades, demostrando que no les importa nada de nada, ni siquiera su propio bien.

 Como tontos corremos tras lo que es nada y sirve de nada, sintiéndonos satisfechos si lo alcanzamos, dándonos por realizados y esforzándonos por mostrarnos contentos si lo obtenemos. El único que saca provecho, que obtiene algún beneficio con esta descomposición abominable de la humanidad es satanás, pues así es como reina.

 Reina el cerdo infernal sobre la humanidad corrupta y desamorada, perdida y abominable, se hace adorar en las mismas almas donde se ha asentado, pero lo penetra todo con su inmundo y repulsivo espíritu abominable de desolación, orgullo, amor propio, miedo, preocupación por sí.

 Considerar que, cuando nos dedicamos a gestar orgullo y a cultivarlo en el alma, estamos recibiendo a satanás, estamos entregándole el control de nuestra vida, le permitimos al enemigo disponer de nosotros, de manera que no puede irnos muy bien, es seguro e inevitable que corramos a la destrucción segura, pues el cerdo infernal no nos va a conducir a bien alguno.

 Asentado en el alma, reinando, imperando, controlándola, dispone de ella en su favor, para su provecho, para hacerse satisfacer, conformar, servir y obedecer, camino en el que destruye al alma mientras que la vuelve mas orgullosa diciéndole que por ello es grande e importante en el mundo.

 Si el alma continúa atesorando el orgullo como si fuese algo, va a continuar siendo ciega por voluntad propia, y en esa ceguera, va a seguir enterrándose en el abismo, olvidándose de Dios, llenándose de tinieblas y poniéndose a total, entera e incondicional disposición de satanás.

 Si el alma sigue cultivando el orgullo, va a seguir fortaleciendo la posición de satanás en su vida, o mejor, la posesión que realiza cuando su inmundo espíritu penetra en el alma sometiéndola. No es una posesión demoníaca, en la posesión posee el cuerpo y somete al alma, en esto que se describe donde hay una entrega voluntaria, una verdadera y real consagración-dedicación, realiza el adversario una posesión del alma adquiriéndola como dueño, es la posesión del dueño que pasa a tener la capacidad de disposición de la cosa.

 No es poco llamar o comparar al alma con una cosa y el derecho que adquiere el adversario sobre ésta con un derecho real, pues el alma se vuelve una cosa por elección propia, un objeto susceptible de apropiación y de tener un valor en dinero, se vende como prostituta a satanás.

Capítulo II
COBARDES RACIONALES

 El Misterio de Dios es simple, Dios Es Amor, pero no como eso que se vende como amor en el mundo que es una abominación lastimosa, melosa e inmundamente infernal.

 Se dice que es amor lo que en realidad es satanismo, un deseo de adoración, de ser mirado, admirado, aceptado, la seducción, el encantamiento, el engaño, la adulación y zalamería.

 El Amor Verdadero fue Revelado por El Señor, El Hijo de Dios, Aquel Que Es La Revelación misma en Su Vida y Obras, pero especialmente en La Pasión. Notar que fue de pocas palabras, dando a entender que no son las palabras las que hacen al amor, de manera que, comprendan quienes propugnan el diálogo como si fuese algo bueno, en realidad están recurriendo a la dialéctica y a los dioses paganos que son demonios.

 El amor verdadero consiste en renuncia silenciosa, don real, verdadera entrega-consagración-dedicación total de sí a Dios, donde las palabras sobras, son solo para charlatanes, chantas y embusteros que son verdaderos hijos de satanás y andan buscando la adoración tanto de Dios como de la humanidad, suplican adulación, aceptación y reconocimiento, pues en realidad quieren alimentar su ego.

 Los charlatanes embusteros que abundan en estos tiempos, los falsos maestros, se la pasan hablando del amor y de la misericordia de Dios, pero son unos ególatras desesperados por saciarse, conformarse, por alimentar su ego y por continuar generando orgullo.

 Tales charlatanes, chantas, embusteros, se encuentran dedicados-consagrados-entregados a sí mismos, se sumergen en el abismo de su ego y generan orgullo, tinieblas, humo, perdiéndose en sus delirios mientras se rinden culto y alaban a sí, mientras que andan persiguiendo a otros y ofreciéndose para obtener aceptación, reconocimiento, adoración.

 Tales ególatras, por mas que hablen de amor y de misericordia, finjan interés y preocupación, son peores que demonios, tanto mas si dicen que practican religión y pretenden guiar o conducir a otros, pues engañan, son los lobos disfrazados de cordero, los falsos profetas, esas abominaciones anunciadas desde hace tiempo para estos tiempos.

 El amor a Dios consiste en renunciar a la propia voluntad, porque ahí es donde se efectúa la verdadera renuncia a sí mismo, pero solo si es para aceptar la Voluntad de Dios y colaborar para Que Se Haga-Reine-Triunfe. Se engaña y engaña quien dice que practica religión o ama Dios cuando no busca la Voluntad Divina y no se esfuerza en colaborar en su Triunfo.

 No sale una persona de sí, no abandona el sepulcro del ‘yo’, no se libera del abismo de la egolatría miedosa y corrupta, tanto como inútil, si no emprende El Camino de la Revelación de la Divina Voluntad, pues ahí y solo ahí se produce una real desapropiación de sí, cosa que es conditio sine qua non para darse realmente a Dios, para producir un don que es donde se manifiesta la entrega que hace al amor tal.

 Si no hay verdadera voluntad de amar a Dios, no conocemos a Dios, solo aprendemos una doctrina sobre Él que repetimos, algo que alguien dijo que es verdad, pero que ha mutado tanto en la teoría como en la práctica deformándose en el tiempo y adaptándose a las viciosas deformaciones caprichosas del gusto y de la perversidad de otros.

 No sirve solo aprender doctrina, ni siquiera es seguro que sea buena en estos tiempos, además, muchas fueron inventadas para ser creídas y tener a las personas atadas, ciegas y sujetas con el miedo a una pertenencia mas sectaria que religiosa verdadera.

 La verdadera doctrina religiosa enseña a amar a Dios primero, simplemente porque es lógico, Él Es Dios, Es El Principio, El Origen, de manera que lo mas racional es amar a Dios Primero, y amar a Dios es entregarse, obedecerlo, salir del abismo-encierro que formamos en nosotros mismos donde nos desesperamos por hacernos adorar, y donde repudiamos y rechazamos a todos temiendo que nos perjudiquen, falsa y obtusa seguridad que encima pretendemos disfrazar de ciencia, conocimiento o capacidad de pensar.

 Ahí se pone en evidencia la idiotez del orgullo, si fuésemos realmente racionales, creeríamos en Dios y no usaríamos la razón para defendernos contra Dios simplemente porque le tenemos miedo y somos incapaces de confiar en Él y pretendemos esconder y disimular esa cobardía infernal.

Capítulo III
HACIENDO GALA Y OSTENTACIÓN DE UN ORGULLO INFELIZ

 Dios Es Un Misterio de Amor, no se lo conoce estudiándolo, se lo conoce amándolo, pero preferimos estudiar sobre Dios porque eso da prestigio y mueve a reconocimiento en el mundo, sirve para alimentar el ego y para exponernos a la adoración de otros, en definitiva, porque nos sirve para lo que queremos realmente.

 En el fondo no queremos amar a Dios, deseamos servirnos de Dios y usarlo para lo peor, para hacernos adorar, ver, reconocer, aceptar, para que otros nos idolatren como si de dioses encarnados se tratase, convirtiéndonos por ello en demonios sobre la faz de la tierra.

 Pasamos a ser demonios porque un demonio es un ser sin-Dios, y eso es lo que elegimos ser, o sea, llegamos a ser demonios por elección propia, por voluntad, porque renegamos de Dios, porque buscamos excusas para no confiar en Él y continuar haciendo lo que queremos, mirarnos, dedicarnos al orgullo, cultivar la egolatría narcisista propia del infierno.

 Esto ocurre incluso en las religiones, por ello es que abundan los falsos pastores, falsos profetas, falsos maestros, almas desesperadas por lograr ser amadas, admiradas, adoradas y empeñadas en alimentar su ego-orgullo a las que no les importa ni les interesa mas nada de nada, ni siquiera de sí en realidad, pues se encuentran totalmente dedicadas-consagradas a alimentar su ego-orgullo, ese abismo infernal que llevan adentro.

 Ese abismo infernal las devora, consume, las destruye, pero las almas se sienten orgullosas, están satisfechas, creen que es su salvación, que por ello serán adoradas por el mundo, la humanidad, que lograr una especie de glorificación, cuando en realidad tal cosa solo glorifica a satanás, dado que lo satisface en su ego porque es donde se le consagran las almas en lugar de consagrarse a Dios.

 No podemos conocer a Dios estudiándolo, si quisiésemos conocer al vecino nuevo que se ha mudado enfrente, no nos sirve lo que los libros nos dicen de éste, ni lo que otros vecinos cuenten, debemos cruzarnos, salvar la distancia, acercarnos y tratarlo para conocerlo, y con Dios sucede lo mismo, no nos sirve lo escrito por otros, ni nos sirve lo que cuentan o dicen otros de malo o bueno respecto de Dios, debemos acortar la distancia y tratarlo.

 ¿A qué distancia esta Dios de nosotros?, a la distancia de un pensamiento, una mirada, ¿Cuánto cuesta levantar la cabeza, prestarle atención?, nada, simplemente no lo hacemos porque no queremos, porque preferimos seguir pensando obsesiva y angustiantemente solo y siempre en nosotros mismos.

 Pensando solo y siempre en nosotros mismos, al único que conformamos es a satanás, porque éste obtiene que no amemos a Dios que es lo que quiere, consigue también que nos hundamos y perdamos en nosotros mismos quedando sin Dios, donde puede hacernos creer cualquier mentira y disponer así de nuestra vida, quedándosela él, viviéndola él por nosotros.

 Pensando en nosotros mismos, mirándonos obsesiva, angustiante y desesperadamente, nunca vamos a librarnos del miedo que nos atormenta, doblega y carcome, simplemente porque éste es fruto de la ausencia de Dios que provocamos, y Dios Es Fortaleza, aquello de lo que carecemos, pero lo disimulamos volviéndonos unos inmundos y repulsivos ególatras caprichosos que se obsesionan por imponerse, prevalecer y hacerse obedecer no queriendo ver que así se autodestruyen.

 Se alegra, excita y disfruta en su sadismo satanás cuando consigue que las almas piensen solo y siempre en sí mismas, porque ahí caen en tinieblas, en sus dominios, en su reino de oscuridad, y puede confundirlas, asustarlas, engañarlas, llegando de esta manera a manipularlas para lograr que estén a su disposición mientras que las tontas creen dedicarse a sí.

 Puede el adversario hacer con las almas lo que se le ocurra simplemente porque éstas desean continuar sirviendo y defendiendo el orgullo, es decir, porque quieren prescindir de Dios, dedicarse a sí mismas y empeñarse inútilmente en hacerse adorar por otras almas en el mundo que se hallan en el mismo estado deplorable de corrupción, inmadurez e involución espiritual haciendo gala y ostentación de un orgullo idiota e infeliz donde se están autodestruyendo.

Capítulo IV
TODO ES POR UNA SIMPLE RAZÓN

 Conocemos a Dios mientras nos vamos adentrando en Su Misterio, es decir, cuando lo vamos compartiendo. Esto significa que solo vamos a conocer a Dios cuando comencemos a amar a Dios.

 No podemos conocer a Dios de otra manera, tenemos que renunciar a todo, dejar todo atrás y comenzar a dejar que Él mismo nos introduzca en su Misterio.

 La única manera de adentrarse en Dios, es dejándose Guiar por Dios, es lo mas lógico, simple y coherente. Comprender acá la necesidad de la Revelación, porque si no permitimos Que Dios Se Revele, no puede Guiarnos, entonces, lo que hacemos y que decimos que es religión, es solo un invento humano, a veces demoníaco, para alimentar el ego y corromper a las almas.

 Podemos engañarnos a nosotros mismos, a otros tal vez, pero no y nunca a Dios, entonces, ¿Qué es lo que estamos haciendo?, solo estamos perdiendo el tiempo cultivando la mentira, atesorándola y permitiéndole que nos arrastre a la perdición, colaborando por ello con satanás y satisfaciéndolo a él, haciendo su trabajo, lo que el maldito cerdo infernal quiere pero que es tan inútil que no es capaz de hacer por él mismo mientras se esfuerza por continuar cultivando su ser zángano.

 Quiere ser rey el idiota porque no sirve para nada, entonces, en sus delirios de orgullo se adora a sí mismo, se adula, idolatra, se miente para convencerse de que no es verdad que sea un ‘inútil todoservicio’, suponiendo que de esta manera se evade de la realidad, además de que la oculta porque teme el desprecio mas que cualquier otra cosa.

 En el fondo se odia a sí mismo, y esto es por dos motivos, primero porque carece de amor, y segundo porque se sabe abominable, repulsivo, inútil lleno de orgullo y delirante de soberbia.

 Carece de amor porque no quiso amar a Dios, porque se consagró a su agujero-abismo, es decir, se volvió un idiota ególatra desesperado por ser adorado, por verse satisfecho y conformado en sus ambiciones siempre crecientes. Carece de amor porque se hundió y perdió en el abismo de su egolatría adorándose a sí mismo y desesperándose por lograr ser adorado.

 Como carece amor, carece de Dios Que Es Amor, por ello, es nada o menos que nada, un pedazo de nada orgulloso, quejón, protestón, un maldito viejo cascarrabias caprichoso.

 Si hubiese amado a Dios, tendría a Dios, entonces, tendría Vida, pero como no amó a Dios ni a nadie, solo se amó a sí mismo hasta convertirse en un histérico caprichoso insoportable, es la negación mas oscura y deplorable de aquello que pudo ser, de aquello a lo que estaba destinado ser, simplemente porque quiso ser por sí mismo renegando de Dios orgullosamente diciendo que él sabía o podía mas que Dios, confirmando de esta manera que deseaba ser un idiota orgulloso y víctima primera de su propia mentira.

 Perdido en el abismo de su orgullo delirante, todavía cree que es algo grande, y lo que es peor, hay muchos infelices orgullosos que lo siguen. Lo siguen en dos sentidos, porque le creen en sus mentiras, y porque van tras sus pasos convirtiéndose en el mundo la negación de lo que pudieron ser, unos idiotas orgullosos satisfechos de sí mismos absolutamente perdidos en el abismo de su egolatría demencial.

 Desgraciadamente hay mucha similitud entre el camino de perdición recorrido por satanás y el que la humanidad viene recorriendo hace siglos, tanta similitud que la humanidad se encuentra expuesta al adversario y bajo su poder, simplemente porque éste puede estar en las almas y en el mundo que se han convertido en un infierno de ausencia de Dios, negación de Él, y de real oposición a Él.

 Estamos orgullosamente satisfechos del abismo de egolatría que formamos en nuestro interior, de la abominable desolación, de cómo nos hemos convertido en demonios y cómo nos estamos sumergiendo en el infierno cuando deberíamos buscar la similitud con Dios, el crecimiento y la evolución en el amor para entrar en El Cielo, penetrar en sus misterios, para poder dejarlo a Él vivir-ser en nosotros y en el mundo por medio nuestro.

 Como no queremos crecer espiritualmente, como no deseamos evolucionar verdaderamente, seguimos involucionando, continuamos sumergiéndonos en el abismo y tomando similitud con los demonios, cosa que ocurre irremediablemente porque apartados de Dios, separados o escindidos de Él por voluntad propia, nos pudrimos en vida hasta autoconsumirnos y autodestruirnos quedando expuestos a los demonios y a todos los enemigos espirituales que se echan encima como buitres sobre cadáveres, y que se meten como gusanos en la carne putrefacta y en descomposición.

 Teniendo semejante abominación adentro, es inútil que nos preguntemos sobre la causa del malestar, o de incluso las mismas enfermedades, todo es por una simple razón, carecemos de Dios Que Es La Vida, estamos sumergiéndonos en nosotros mismos y por ello nos vamos decantando al infierno, y encima, no queremos salir, no deseamos renunciar al orgullo, no admitimos que necesitamos del Señor, de un Salvador, de Su Palabra-Revelación Viva-Pan Vivo.

Capítulo V
¿POR QUÉ SOMOS ABOMINABLES?

 Estamos hundidos-encerrados en nosotros mismos, no hacemos otra cosa mas que mirarnos, pensar en nosotros, tenernos lástima, pena y lastimosa compasión doliente y afligida. Esto se debe a que nos miramos con desprecio.

 Nos miramos con desprecio porque hemos padecido desprecios, humillaciones, maltratos, etc., entonces, llegó a formarse en nosotros la creencia de que realmente somos abominación, despreciables, basura. Que otros piensen o deseen pensar eso de nosotros, valiéndose de cualquier defecto, a su juicio, como para justificarlo, es su pensamiento, su capricho, su creencia.

 Por otro lado, debemos ver que es esa la excusa que están esgrimiendo, oponiendo, para no amar, para hacer lo que quieren, pensar en sí, elegirse, consagrarse al orgullo y la egolatría.

 Notar que, por lo general tales personas odian como si fuese justo, con la misma soberbia de satanás que dice, ‘te odio porque me obligás, te lo merecés’, eso es solo un capricho, es maldad, es porque quiere odiar, y las almas no son diferentes, desean no amar, fingen hacerlo, aparentan interesarse, pero en realidad solo piensan en sí, en ser miradas, admiradas, reconocidas y aceptadas, de ahí que en estos tiempos de universal negación de Dios y de imperio de la mentira se difunda tanto el amor a los hermanos.

 Es una trampa abominablemente infernal, amar a los hermanos es fruto o consecuencia de amar a Dios primero, pero si amamos al prójimo primero, estamos poniendo en evidencia que hacemos del prójimo un dios, o sea un ídolo, y también, que lo hacemos porque en realidad estamos esperando reciprocidad por un lado, y por el otro buscamos alimentar el ego, llenarnos de orgullo y sentirnos mejores o superiores tirando los huesos al prójimo, la limosna de una lastimosa atención.

 Como tontos creemos lo que el adversario quiere que creamos, que la religión es adorar al prójimo, no vemos que es así como él obtiene lo que quiere, que no amemos a Dios, que finjamos hipócritamente hacerlo mientras continuamos sumergidos en el abismo de orgullo de nuestro ser miedoso, cobarde, desamorado y sin Fe.

 No vemos que es así como el adversario dice a la humanidad de estos tiempos de tinieblas lo que ésta por miedo quiere escuchar, que no hay que confiar en Dios, que no hay que creer en Él, que no hay que prestarle atención, y que mucho menos hay que discernir Su Voluntad y Obedecerlo.

 Así es que las almas están contentas, festejan, celebran que no haya que realizar esfuerzo alguno, que se pueda continuar cultivando orgullo y practicando la egolatría, que el mundo se convierta en satanista y se olvide de Dios y de la fe.

 Tales cosas ocurren simplemente porque las almas se miran con lástima y desean ser adoradas, porque están buscando la excusa para no amar y para hacerse adorar, suponiendo que así se llenan o se liberan del miedo-vacío acallando las entrañas que se quejan por la desolación, es decir, matando la consciencia.

 Las almas por cobardía no quieren confiar en Dios, no desean creer en Su Amor, entonces, que satanás diga en el mundo por medio de sus falsos profetas que hay que adorar al prójimo y que hay que confiar en sí mismo, es lo que las almas desean escuchar para acabar de matar su consciencia y para asentarse en la mas absoluta y abominable indiferencia respecto de Dios.

 La Fe ha muerto, las almas celebran tal hecho porque pueden dedicarse desenfrenadamente a lo que quieren, a pensar en sí, a alimentar el ego, a volverse orgullosas, suponiendo que se han librado del Santo Temor de Dios, no viendo que se han sumergido en el miedo y que se están drogando con los venenos que generosamente les prodiga satanás, vicios para el cuerpo, el alma y el espíritu.

 Las almas no han buscado la limpieza, purificación, liberación, simplemente porque no han querido perdonar, prefirieron la oferta de satanás, es decir, usar los rencores como excusa para no amar y para hacerse adorar, para cultivar la imagen-personalidad, y para empeñarse en seguir siendo caprichosas, obtusas, rebeldes, cobardes, viles, canallas y despreciables.

 Si las almas son ególatras narcisistas que se rinden culto y solo piensan egoísta y enfermizamente en su satisfacción, ¿Cómo se entiende que se hable tanto de caridad con el prójimo?, es el mismo deseo infernal de adoración que atormenta a las almas, es lo que las mueve a fingir atención a otros esperando la compensación por un lado, y alimentando el ego por el otro para seguir de esta manera haciéndose adorar.

 Es como lo que hacen los políticos en campaña, prometen lo que saben que no van a cumplir, aquello que no tienen ni siquiera intención de cumplir, dado que lo único que les interesa en realidad es ser elegidos, mirados, aceptados, tomados en cuenta, adorados.

 La verdad es que somos abominables, repulsivos y despreciables simplemente porque nos estamos pudriendo en vida despreciando a Dios Que Es la Vida, nos estamos consumiendo-corrompiendo-autodestruyendo, y es por ello que, si otros nos odian, desprecian o acusan, no debemos odiarnos por ello, pero sí reflexionar que algo hay, tal vez no somos abominables porque no los adoramos y no los conformamos, pero sí lo somos porque no amamos a Dios ni a nadie, solo al abismo del ego.

Capítulo VI
CAÍDOS-AUSENTES DE LA CREACIÓN ESPIRITUAL

 Cuando no podemos dedicarnos al orgullo, a cultivarlo y defenderlo, nos odiamos, especialmente cuando somos humillados y vencidos, cuando sin remedio debemos aceptar la voluntad de otros.

 Ahí conocemos lo inútiles que somos, ahí nos libramos realmente del orgullo, salimos del engaño y nos deshacemos de la mentira, es una oportunidad única para librarnos de tantas vanidades que siempre rondan en nuestras cabezas convirtiéndonos en nada, solo delirios, fantasías y autoengaños.

 Lo importante en medio de las humillaciones, desprecios, maltratos, etc., es que podemos conocernos, ver lo que somos, podemos, sabemos, tenemos, etc., adquirimos un real conocimiento de nosotros mismos, pero, no debemos odiarnos con el mismo odio que otros escupen encima, debemos perdonarnos para ser liberados.

 Si tomamos conocimiento de lo amargo y abominable de nuestro ser, es para que no nos engañemos, para que salgamos del abismo, para poder abandonar la mentira y admitir la Verdad, para reconocer que necesitamos Un Salvador.

 Mientras prevalecemos, triunfamos y nos imponemos, suponemos que somos dioses, decimos no necesitar nada ni a nadie, nos dedicamos a cultivar el orgullo, no viendo que en realidad lo que crece en nosotros es el vacío, la peste y abominación, el orgullo-amor propio que es una real negación de Dios, una total oposición a Él, una verdadera consagración a satanás.

 Considerar que, el orgullo conspira contra nosotros, si bien esta adentro nuestro, nos odia, aborrece y solo piensa en él mismo, es un espíritu inmundo y repulsivo que impregna nuestro ser envenenándolo todo, que llega a tomar el control de nuestra vida.

 Si nos dedicamos a rendirle culto, esta satisfecho y conforme, crece su reinado en nosotros, se sacia-conforma como desea y tenemos cierta paz, pero, como es vacío y desolación, además de ser el espíritu mismo de satanás, esa paz es falsa y momentánea, porque el adversario es una desesperación miedosa que solo piensa en lograr ser adorado.

 Eso vibra, se agita, altera en el interior, y es lo que atormenta a las almas haciéndolas arder en el deseo de lograr adoración, aceptación y reconocimiento, es lo que las domina y somete empujándolas a conseguir o cosechar tales cosas.

 Si padecemos humillaciones, no tenemos que odiarnos, ahí es nuestro orgullo que nos odia porque no le damos satisfacción, y porque se agita de miedo, se preocupa y supone que no será adorado como quiere. En vez de odiarnos, aborrecernos, castigarnos, debemos renunciar al orgullo, ponerle un límite, librarnos de éste histérico insoportable que es nada y sirve para menos, que solo tiene delirios y fantasías y que quiere ser creído por lo que dice y quiere creer y hacer creer que es.

 Porque nos Ama, Dios permite las humillaciones, es para evitar que continuemos dedicados-consagrados al abismo, al orgullo, a la egolatría, al narcisismo, practicando el ‘yoísmo’ satanista incluso cuando decimos y queremos creer y hacer creer que practicamos religión.

 Están muy equivocadas las almas que creen que Dios tiene que adularlas, conformarlas, adorarlas, creerles, admirarlas, decirles lo que desean escuchar, satisfacerlas en sus caprichos y ambiciones.

 Hay almas totalmente preocupadas por sí que se vuelven histéricas tratando de vencer a Dios mientras que fingen que tienen fe, estas almas no siguen al Señor, lo persiguen, ni siquiera ven que con el tiempo va aumentando su histeria, conforme se van enterrando en sí, o mas bien, mientras se van autodestruyendo por chocar contra Dios.

 Dios nos enseña a amar correcta y debidamente, porque en eso consiste la religión verdadera, y porque en eso consiste la vida verdadera. Amamos bien cuando obedecemos a Dios, y Es Él quién nos va guiando para que aprendamos a amarnos debidamente, y para que aprendamos a amar debidamente al prójimo.

 Nos amamos debidamente cuando buscamos El Bien Verdadero, no cuando nos autodestruimos física, moral, psicológica o espiritualmente. Amamos debidamente al prójimo cuando lo ayudamos a que siga el mismo camino.

 El Bien Verdadero para nosotros que somos criaturas de Dios el fruto de la casualidad o un mono evolucionado-actualizado como quieren creer muchos que en su cobardía se esfuerzan por negar a Dios, consiste en amar y obedecer a Dios, simplemente porque Dios nos Creó y lo hizo para Amarnos como Padre, para formarnos como hijos y para que sepamos vivir en Espíritu, en esa Creación Espiritual de la que estamos caídos, ajenos, perdidos.

Capítulo VII
EL QUE ES EL VERDADERO ENVIADO DE DIOS

 Provee generosamente inspiraciones, realiza mociones, el adversario para que nos volvamos orgullosos, para que cultivemos el orgullo y practiquemos la egolatría mientras que creemos y hacemos creer también, que servimos a Dios, siendo que en realidad no hemos levantado nunca la mirada y no hacemos mas que aquello que queremos egoístamente, pensar en nosotros siempre.

 Debemos aprender a hacer lo que es esencial en una verdadera religión, prestarle atención a Dios, discernir Su Voluntad, Obedecerlo, pues si no buscamos Su Palabra Viva, si no lo recibimos diariamente, si le impedimos Que Se Revele, no es verdadera religión, es una religión muerta, es satanismo, un engaño, un embuste, una secta.

 Notar que las sectas se desesperan por lavar el cerebro de sus adeptos-esclavos-contribuyentes, adquieren poder sobre éstos, se adueñan de su vida y la disponen.

 Las sectas tienen un ídolo, un ‘gran hermano’ que guía, supuestamente dios o semidiós encarnado que pasea por la tierra haciéndose adorar, fingiendo amar e interesarse, pero solo dedicado a cosechar adoración para su ego, satisfacción para su orgullo y saciedad para sus vicios y perversidades innombrables normalmente ocultas a los ojos de la mayoría.

 La desesperación de las sectas es tener poder, ser aceptadas, vistas, pero no por lo que son, sino por lo que dicen ser, en su ser y hacer real permanecen ocultas, disimuladas.

 Aclaración: esto es referido a sectas de segunda línea, pues las sectas verdaderas, de primera, son abiertamente perversas y por ello se ocultan directamente, acá se hace referencia a esas sectas hipócritas que dicen llamarse religión o fingen rendir un culto cuando en realidad solo realizan negocios.

 Estas sectas disimuladas se apegan a su doctrina, dicen ser dueñas de la verdad y dicen que la salvación esta en ellas, mientras que enseñan a sus adeptos-adictos que lo que contradice esa doctrina es mentira y hasta del demonio, que la única preocupación es conservar la ‘pureza doctrinaria’, o sea, preservar la mentira y la limitada capacidad de pensar evitando realizar un ‘crimenmental’.

 Se comportan como empresas, solo buscan clientes, adeptos, adictos, dependientes, quieren mercados en los que vender los productos transgénicos que llaman ‘culto’, mientras se preocupan por continuar negando a Dios y por seguir oponiéndose a Él, es decir, por continuar apagando e impidiendo la Revelación de Dios.

 No favorecen la Revelación porque no quieren oír lo que Dios tiene que decir, no desean ser corregidos, no quieren perder su negocio, no quieren dejar de hacer lo que están haciendo, dedicarse a su ego-orgullo, a buscar aceptación y reconocimiento, a alimentar cuanto vicio en el cuerpo, el alma o el espíritu haya.

 Dos cosas enseñan mal las sectas disfrazadas de religión, las malas religiones, y las religiones mal practicadas, la primera es que enseñan a tenerle miedo y desconfianza a Dios, o a tener esa confianza falsa propia de los ‘confianzudos’ que desean creer que Dios es tan idiota y permisivo que todo lo que a cada uno se le ocurra esta bien.

 La segunda es que enseñan a impedir y combatir la Revelación de Dios, simplemente porque así se aseguran que Dios no va a denunciarlos, corregirlos o desdecir sus mentiras, y que así es como continuarán haciendo sus negocios, engañando a muchos y cultivando su ego-orgullo, o sea, sirviendo a satanás mientras que hipócritamente dicen que sirven a Dios.

 Ya pesa desde el antiguo testamento la sentencia sobre quienes se convierten en falsos profetas, no amerita mucha explicación.

 Simplemente considerar que, se puede engañar a algunos, a muchos, pero no a Dios, y si las almas comienzan a buscar a Dios, las mentiras de los hipócritas quedan desenmascaradas, pero, tampoco hace falta eso, se han vuelto tan falsamente seguros de sí, se convirtieron en tan arrogantes, que quedan en evidencia con sus abominaciones, perversiones y depravaciones.

 Sin embargo, esto tampoco importa, lo importante es empezar a buscar a Dios, comenzar a colaborar en su Revelación, buscar al Señor Que Es El Verdadero Enviado de Dios, El Verdadero y Único Mesías-Salvador, y es ahí donde debemos obedecer a Dios, donde lo recibimos y tenemos, donde pasamos a la vida, donde entramos en Su Reino saliendo de las tinieblas de la ignorancia, el error y los vicios.

Leer:

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