19 de noviembre de 2013

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, MITOS Y VERDADES



LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, MITOS Y VERDADES


Introducción
DOBLEMENTE ESCLAVAS Y TOTALMENTE INCONSCIENTES

 Hay un horrible, inmundo y egoísta apego a sí mismo en las almas, ya el olido de Dios ha llegado a ser absolutista, imperativo, totalitario, las alma en su interior están sometidas a un régimen que les impide ser libres, solo se dedican a si empeñándose en satisfacerse sin límite ni sentido algo no, incluso, sin llegar a obtener satisfacción.

 Se han encerrado en un círculo vicioso del que o pueden salir, el que es como un remolino o un embudo por el que se van decantando hacia el infierno a medida que se van autoconsumiendo.

 Es la consecuencia de un aislamiento total, de un encierro completo en sí, no han querido amar a Dios, no han valorado el Don de Su Amor, no quisieron una real Libertad, sintieron abominación, repulsión por la Verdad, entonces, se sometieron a sí al abismo abominable que en su ser voluntariamente desamorado se ha gestado.

 Las almas quisieron llevar sobre la faz de la tierra una existencia sin-Dios, de manera que llegaron a construir un mundo sin-Él, el que no tardará de cerrarse como una trampa y volverse en contra provocando la ruina irremediable de la humanidad.

 Así como son esclavas las almas de aquello que construyen en su interior, son también esclavas de lo que provocan en su exterior, de manera que se encuentran atrapadas, sometidas y doblegadas tanto en el alma, como en el cuerpo.

 En lo espiritual reina satanás, y en lo material reina su organización-estructura, llamada ‘nuevo orden mundial’.

 Como las almas eligieron no tener Dios, pasar por el mundo sin Dios y sin ley, en lo espiritual han elegido el reinado de satanás, el desolador,  en lo material han elegido su expresión terrena, la exteriorización de esa triste y decadente situación espiritual de corrupción, abominación y muerte.
 Las almas por lo general permanecen en su mayoría ajenas a estas realidades, solo miran los vicios a los que se dedican, las abominaciones por las que pierden la vida mientras continúan empeñándose en practicar la egolatría infernal y totalmente desamorada.

Leer:



Capítulo I
MIEDO-VERGÜENZA ANTE DIOS

 La entrada de Dios en el alma produce trastornos, es algo novedoso y desconocido para ésta, y así como el cuerpo rechaza a otro cuerpo extraño, el alma también en principio repudia y rechaza La Luz de Dios, su Venida-Presencia.

 Dios no produce daño, pero como el alma esta sucia, corrupta, es viciosa y se ha acostumbrado a lo que es malo, perverso e inmundo, La Pureza de Dios la daña, siente que la perjudica, tal y como les sucedió a Adán y Eva luego de rebelarse contra Él, sentimos miedo de Dios y padecemos vergüenza ante Él viendo que estamos desnudos.

 Luego de rebelarnos contra Dios, quedamos despojados de pureza, entonces, estamos impuros, viciosos, corruptos, y es por ello que ante Su Venida, sentimos miedo y vergüenza, porque Dios ve las tinieblas, inmundicias, corrupciones, depravaciones, etc., que llegaron a anidar y fermentar en nosotros.

 Lo mismo sucede a nivel general, mundial, global, las almas sienten miedo y padecen vergüenza ante la Venida del Señor, porque comienzan a ver-sentir-padecer lo que son en sí mismas, se ven Iluminadas por Su Luz como realmente son.

 Dios no viene para atormentar, ni para castigar, no viene a hacer padecer a las almas, Él sabe que las almas ya se encuentran padeciendo, ya se hallan sufriendo, Viene a Salvar.

 El problema es que las almas ante Su Venida-Vida-Presencia, sienten miedo, temen por sí, se avergüenzan de sus inmundicias y corrupciones, padecen al verse descubiertas en sus abominaciones, y por ello huyen de Dios, se esconden y escapan.

 Este huir es enterrarse en tinieblas, volverle la espalda a Dios, negar la Verdad y esforzarse por disimularla, ocultarla, cultivando la imagen falsa de sí, aquello que quieren que sea visto, amado y adorado por otros.

 Así es como la Venida-Vuelta del Señor que debería servir para Resurrección, acarrea caída, y no porque Dios la provoque, sino porque las almas la realizan al renegar de Dios, al rechazar Su Voluntad.

Leer:







97.- LA GRAN CRUZ BLANCA Y LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR: http://jorgelojo12.blogspot.com.ar/2013/04/97-la-gran-cruz-blanca-y-la-segunda.html


114.- EL GRAN MILAGRO Y LA REVELACIÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA: http://jorgelojo12.blogspot.com.ar/2013/05/114-el-gran-milagro-y-la-revelacion-de.html

Capítulo II
ESFUERZOS INÚTILES QUE SOLO SIRVEN PARA PERDERSE

 Cuando en la computadora insertamos un pendrive, reacciona el antivirus, le pone límites, lo rechaza, y de la misma manera sucede en el alma cuando Pasa El Señor, reaccionan las defensas automáticamente y lo rechazamos, limitamos, etc.

 La defensa del alma es el instinto de conservación, el que se manifiesta como miedo, es una preocupación por si que opone barreras, impone límites y pretende manipular y disponer del Señor como de un subordinado o una cosa.

 Si no hacemos un esfuerzo por dejar de oponerle límites al Señor, barreras, obstáculos, vamos a continuar realizando esfuerzos inútiles por perjudicarnos, por privarnos de Dios y de Su Mesías, El Que Viene a Salvarnos.

 Así es como terminamos dominados-controlados-sometidos por el miedo y consagrados a éste.

 El miedo, el instinto de conservación, la autodefensa, se impone, impera y prevalece, dice-finge defendernos, protegernos, ocuparse de nosotros, pero en realidad nos limita y somete a pasar por el mundo privados de Dios porque lo rechazamos al considerarlo desconocido y peligroso.

 Si somos lerdos y perezosos, si no hacemos un esfuerzo por buscar y recibir a Dios, un real sacrificio para aceptarlo y tenerlo, no lo vamos a ver mientras estamos de paso por el mundo, ni lo vamos a poder ver por toda la eternidad, quedando en tinieblas ahora, y para siempre después.

 Como no queremos hacer esfuerzo ni sacrificio alguno para buscar y tener a Dios en verdad, continuamos y continuaremos cómodamente asentados en las tinieblas, y tristemente postrados en la oscuridad de la noche oscura de la abominable ausencia de Dios que hemos querido, buscado y provocado.

 Permanecemos encerrados-enterrados en nosotros mismos, ocultos en el mundo de mentiras que construimos, en esa fantasía en la que nos evadimos donde nos queremos sentir-creer falsamente seguros.

 No vemos que en realidad es un horrendo, húmedo y oscuro sepulcro, una triste y abominable mazmorra, una verdadera cueva en la que no podemos mas que lamentarnos, quejarnos, padecer, conocer oscuridades y abismos.

 Nos defendemos rechazando toda novedad y esforzándonos por mantener el orden, por imperar, prevalecer, por continuar teniendo todo sujeto a nuestra voluntad-capricho-parecer-juicio.

 No queremos comprender que es de esta manera que llegamos a ser totalmente esclavos de la mentira y a estar absolutamente sometidos a las tinieblas, haciendo esfuerzos inútiles que solo sirven para perdernos eternamente, para seguir pasando por el mundo sin-Dios hacia una eternidad sin Él.

Leer:






2. LA RESURRECCIÓN DE LAS ALMAS:


YA HA PASADO EL SEÑOR:

EL ÚNICO MEDIADOR:

LA AUTORIDAD DEL ESPÍRITU:

SEGUNDA VENIDA Y SUS MISTERIOS:

SEGUNDA VENIDA BIEN EXPLICADA:

Capítulo III
SOLO LO TENEMOS SI SE REVELA Y LO ACEPTAMOS

 El Señor no viene a adularnos, no es zalamero, y mucho menos quiere alimentar el ego generando orgullo, se equivocan las almas que se desesperan por dominar a Dios, imponérsele y se la pasan exigiéndole que las adore, felicite, admire, alabe, etc.

 El Señor Viene a corregirnos, Él Es El Salvador y Es La Verdad, si no lo recibimos, si no participamos en Su Revelación, no tendremos Libertad, no conoceremos La Paz, no veremos La Luz y estaremos desgraciadamente totalmente ajenos del Amor.

 Si queremos hacer prevalecer la mentira, el orgullo, nuestro ser desamorado sobre Dios, tenemos a un Señor Crucificado, muerto y derrotado, inerte al que le impedimos Que Se Revele, entonces, le impedimos Que nos de Vida.

 Solo puede comunicarnos Vida si puede Vivir en nosotros, y Vive cuando lo aceptamos, cuando lo dejamos Ser y Hacer, no cuando lo inventamos o sometemos a caprichos, ambiciones, cuando le exigimos adoración, adulación, felicitación, aceptación, alabanzas, postraciones, sumisiones, etc.

 Como no queremos aceptar al Señor, como no lo recibimos, vamos a continuar postrados en tinieblas, perdidos y sometidos bajo el pesado manto de la muerte eterna conociendo los misterios del a abominable desolación por padecerlos, por hacer amarga e inútil experiencia.

 No aceptamos al Señor porque solo aprendemos sobre Él y perdemos mucho tiempo hablando inútilmente como si realmente supiésemos algo, no tenemos ni idea de lo que realmente sucede, no somos conscientes que hasta lo que aprendemos puede estar equivocado.

 Aceptamos al Señor cuando buscamos Su Voluntad, cuando participamos en Su Revelación, y cuando colaboramos para Que Su Voluntad Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida.

 Cuando dejamos al Señor Que Se Revele y colaboramos en ello, estamos aceptando-recibiendo al Dios Vivo y Verdadero, pero cuando negamos la simple posibilidad de que Dios pueda Revelarse, estamos adorando al impostor, a satanás haciéndose pasar por Dios solo para satisfacer su ego y su insaciable sed de adoración.

Capítulo IV
VERDADES SOBRE LA VUELTA DEL SEÑOR

 Viene-Vuelve El Señor para Salvarnos, no para adorarnos, para Revelar la Verdad, no para mentirnos y decirnos lo que por miedo, vicio, comodidad, debilidad y falta de fe queremos escuchar.

 Si impedimos la Revelación, volvemos a Crucificar al Señor, pero si la buscamos, colaboramos en ella y la favorecemos, conocemos la Resurrección del Señor.

 Se equivocan los que desean resucitar y sueñan con exaltarse, prevalecer e imponerse, ese mismo orgullo y esa misma ambición, son las que llevaron al pueblo que fue el elegido en primer término a que rechazase al Señor.

 No Viene El Señor a exaltarnos, imponernos, hacernos reinar, prevalecer, etc., no viene a someter a aquellos que odiamos, despreciamos o no amamos para imponernos a nosotros como tiranos, Viene para devolvernos a la Vida Verdadera, para conducirnos a la Comunión con El Padre en El Espíritu Santo.

 No va a Volver El Señor a nacer, ya Pasó por el mundo de esta manera, sino que, como dijo el Ángel en su Ascensión, “Lo verán Volver de la misma manera en que subió”, o sea, Místicamente, Espiritualmente, en forma no visible para los ojos humanos, sino para las almas, y para las almas que lo buscan y quieren recibir, porque en el momento de la Ascensión, solo estaban los que eran suyos, diferente al momento de la Crucifixión en el que estaban los que eran sus enemigos.

 Comprender acá que, si no lo amamos verdaderamente, no lo vamos a ver, nos quedamos con El Señor muerto y Crucificado, pero si lo amamos, buscamos y nos esforzamos y sacrificamos para poder recibirlo, lo vemos y tendremos.

 El que espera ver al Señor en su Vuelta en forma material, va a ser engañado por el anticristo, lo mismo para quienes esperan verlo con los ojos materiales aun en algún tipo de representación en El Cielo. (Buscar el ‘Proyecto blue beam’).

 Para ver al Señor en Su Vuelta-Venida, simplemente debemos comenzar a buscarlo, querer salir del mundo de mentiras, del autoengaño donde nos encerramos queriéndonos evadir de la realidad.

 Queremos evadirnos de la realidad porque la controlamos, porque comprobamos que nada ni nadie nos obedece, entonces, nos encerramos en algún agujero donde suponemos que somos dioses porque reinamos, imperamos, prevalecemos y nos imponemos hasta a Dios.

Capítulo V
VACIAMIENTO

 Las almas se dejan vencer por a ausencia de Dios que han provocado, por las tinieblas que prevalecen, por ello es que se entregan al vacío y a la desolación haciendo reales esfuerzos por perderse en el lugar de hacerlos por llegar a salvarse.

 Al ir corriendo el tiempo y al no ir remediando la ausencia de Dios, las almas terminan anegadas, postradas y perdidas en el abismo de su descomposición, expuestas a los enemigos espirituales que aprovechan tal situación para destrozarlas, devorarlas, consumirlas, aniquilarlas, etc.

 Sienten la tristeza, el vacío y padecen la desolación, de manera que es como si se enrollaran, enroscaran, retorcieran, y también como si una bolsa se cerrase al vacío contrayéndose y arrugándose.

 Realmente se produce un dolor indecible al vaciarnos de Dios, pero no lo queremos ver, comprender, entender, lo atribuimos a otras causas o motivos, incluso nos valemos de los padecimientos como si de excusas valederas se tratase para odiar  atoros, acusarlos y pretender verlos como responsables de lo que padecemos.

 Tristeza, amargura, dolor, angustia, vacío y desolación atormentan a las almas y al mundo en general, y mientras cada uno llora y se lamenta por sí, es de esta manera que el olvido de Dios y la negación de Él se van imponiendo, prevalecen y acaban por volverse crónicos.

 Las almas se sirven de sus dolores, angustias, padecimientos, debilidades, tristezas, amarguras, etc., como se justificativos para realizar lo que realmente quieren, que es, dedicarse a sí mismas, al orgullo-amor propio, a hacerse adorar.

 En lo que padecemos, sufrimos y nos abate, creemos tener la excusa oportuna para realizar lo que egoísta, miedosa, viciosa, corrupta y desamoradamente queremos, no amar, dedicarnos a nosotros mismos, pensar en el ego-orgullo y dedicarnos a satisfacernos cerrándonos por completo al amor, renegando definitivamente de Dios.

 De una vez por todas debemos dejar de mirarnos con pena, lástima, autocompasión, debilidad, dolor, etc., porque eso es un abominable autodesprecio, un real lamento en que nos ahogamos, hundimos, enterramos, abismamos y acabamos por convertirnos en demonios.

 Cuanto mas tiempo pasemos teniéndonos lastima, pena, autocompasión, etc., mas hacia abajo nos iremos, entonces, mas y peores serán los sufrimientos, porque por esas tinieblas nuestras en las que nos enterramos y nos descomponemos, estamos yéndonos a las eternas en forma irremediable.

 Comprender acá la círculo vicioso en el que caemos, porque si usamos como excusa para dedicarnos a alimentar el orgullo lo que padecemos, cuado lo satisfacemos, mas nos hundimos, ahogamos y enterramos en tinieblas, entonces, tenemos nuevos y peores sufrimientos, de donde reclamaremos mas satisfacción para el orgullo.

Capítulo VI
SIN REPOSO NI DE DÍA NI DE NOCHE

 La propia debilidad, el vacío, esa desolación que tenemos dentro, nos juega en contra busca su propia satisfacción, saciedad o consuelo, obligándonos a que se lo procuremos, que nos movamos para satisfacerla.

 Ese vacío-ausencia de Dios que llevamos dentro se mueve por sí y es la muerte eterna misma que nos domina, somete, controla, impera demandándonos satisfacción, imponiéndonos que le procuremos consuelo.

 Esa parte nuestra muerta, no esta inanimada, tiene su animación y por lo tanto su movimiento, así como aspiraciones, deseos, etc., y por sobre todo, una voluntad consecuente que consiste en imponerse para obligarnos a que le procuremos satisfacción.

 Es parte nuestra, esta en nosotros, pero no nos beneficia en nada, solo busca y procura su satisfacción caprichosa, obtusa y tercamente, devorándonos interiormente y arrastrándonos a devorar a toros que se ponen a su alcance.

 La personalidad-imagen que nos damos, sirve como pantalla, distracción, y a la vez, como carnada, porque el abismo interior clama adoración, satisfacción, saciedad, consuelo, de ahí es que hagamos como el adversario, cualquier cosa para obtener saciedad para esa voluntad o deseo de ser adorado.

 Si no buscamos a Dios y no lo obedecemos, carecemos de la fuerza necesaria para vencer esa debilidad que esta obrando por sí misma, independiente de nosotros y hasta sometiéndonos al exigirnos que le procuremos satisfacción.

 Nadie puede dejar de dedicarse a sí mismo por cuenta propia, solo al hacer un esfuerzo y sacrificio real por seguir al Señor y obedecerlo, tendremos la fuerza necesaria para dejar de preocuparnos por nosotros.

 Ese vacío, esa desolación-muerte-ausencia de Dios en nosotros, es una voluntad de no amar, un deseo de ser adorado, es la negación de la voluntad verdadera que debería ser de amar.

 Esa voluntad rebelde contra Dios y opuesta, es le mismo castigo para el alma, el mismo tormento, lo que la hace padecer y domina, somete, entierra en tinieblas, lo que la priva de Dios y la obliga a trabajar sin cesar, sin reposo ni de día ni de noche, para procurarle satisfacción.

Capítulo VII
IRREMEDIABLEMENTE DEDICADOS A SATISFACER EL EGO

 No haciendo el esfuerzo por buscar a Dios, ni el sacrificio debido para seguir al Señor, somos y seremos esclavos irremediablemente, porque la rebeldía que tenemos contra Dios se nos rebela, se impone y nos obliga a servirla-obedecerla.

 Esto  ocurre aunque no queramos, y aunque creamos que estamos obrando por y para nuestro bien, y es ahí donde nos esforzamos por creer la mentira, defenderla, salvarla, satisfacerla, perpetuarla, etc., solo para continuar pasando por el mundo sin-Dios y opuestos a Él, forjando de esta manera un gran vacío, una desolación abominable en la que terminamos perdidos para siempre.

 Deberíamos hacer un esfuerzo por buscar a Dios y un sacrificio real de nosotros mismos, de la propia voluntad, para poder seguir al Señor, o sea, para obedecerlo en Su Revelación, solo así viviríamos en la Verdad y seríamos realmente libres.

 Como no lo hacemos, continuamos aplastados y postrados, perdidos en las tinieblas, sometidos en el olvido de Dios, ahogándonos en el gran vacío, padeciendo la abominable desolación que nosotros mismos estamos provocando.

 Esa rebeldía contra Dios, ese vacío, esa abominable desolación, nos devora, consume y obliga a que le demos nuestra vida, que se la consagremos-dediquemos, y es así como terminamos enterrados, hundidos y ahogados en nosotros mismos, perdidos en el abismo de nuestro ser desamorado, corrupto y vicioso.

 Si buscásemos a Dios, Él entraría en el alma y nos limpiaría, purificaría, liberaría, El Señor nos conduciría a renunciar a nosotros mismos, al egoísmo miedoso, a esas malas obras de las tinieblas.

 Él nos ayudaría a vencernos a nosotros mismos y a todos los enemigos espirituales, perdonaríamos y dejaríamos de dedicarnos a convertirnos en egoístas incurables e inservibles que tratan de procurarse satisfacción sin hallar conformidad alguna que los libere de sus tormentos.

 Si no perdonamos, estamos atados por caprichos y rencores, irremediablemente dedicados a tratar de satisfacer abismos, cultivamos la egolatría y nos autodestruimos, simplemente porque no amamos, sino que nos dedicamos a buscar ser amados, adorados, aceptados, tenidos en cuenta, etc., como si tales cosas nos fuesen a procurar satisfacción y consuelo, alivio o liberación.

Capítulo VIII
ESCUCHA EL GRITO DE satanás

 ‘No quiero estar solo’, dice el adversario, pero también lo dice esa debilidad-vacío-ausencia de Dios que tenemos dentro.

 Si no hacemos un esfuerzo por volver a Dios, por recibirlo-aceptarlo, vamos a continuar padeciendo su ausencia y a seguir escuchando-sintiendo al adversario, entonces, vamos a seguir esforzándonos por dedicarnos a satisfacernos sin llegar a obtenerlo nunca.

 Así es como nos convertiremos irremediablemente en almas hundidas en sí que se ahogan y pierden en las propias tinieblas, no lo vemos, pero el alma se dobla al medio, entierra su cabeza en el ombligo y sale por detrás deformándose por completo, volviéndose la negación de lo que pudo llegar a ser, o sea un demonio perfecto.

 El alma que no busca a Dios, que no hace un esfuerzo real y que no realiza un sacrificio de sí renunciando a su voluntad propia para aceptar la de Dios y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe en su vida, no tiene a Dios por mas que hable de Él todo el tiempo, no lo ve ni conoce, ni lo tendrá.

 Esa alma esta dominada y controlada por el adversario que en ella se ha constituido como rey y señor, y esa alma se desespera por satisfacer sus caprichos, entonces, en vez de volverse a Dios y librarse de sus tormentos por convertirse en ofrenda de amor a Él, se vuelve al infierno, se entierra enlazada por los caprichos y termina enterrada en el abismo de su abominable desolación.

 Así es como el alma vuelve atrás, incluso aunque haya puesto la mano en el arado, e incluso aunque pretenda enseñar y guiar a otras diciendo lo que es bueno y lo que es malo.

 Es de esta manera que el alma irremediablemente se dedica en su debilidad, aquella que es fruto de su desamor, a no amar a Dios aunque diga y finja hacerlo, porque termina dedicándose a hacerse amar, adorar, se empeña en satisfacer sus caprichos y ambiciones.

 Como padece el vacío de Dios y su ausencia, escucha en su interior el grito angustiante y desgarrador de satanás, y es por ello que termina fundiéndose con esa palabra de rebeldía y es de esta manera que se apega a cualquiera para satisfacer su capricho, para liberarse y aliviarse del vacío y la desolación.

 Acá es donde las almas no crecen, se apegan a cualquiera y a cualquier cosa eligiendo no amar y dedicándose a hacerse amar, cuando deberían comenzar por amar a Dios, así crecerían, evolucionarían y se liberarían de las tinieblas.

 Si no crecen las almas, no salen del abismo y no vencen las tinieblas, no rompen el manto de neblinas, entonces, van a continuar viendo-padeciendo tinieblas, incluso hasta consiguiendo lo que buscan por estar dominadas-controladas por satanás, el hacerse adorar.

 En definitiva, no vamos a ve la Vuelta del Señor, simplemente porque no nos interesa, porque no lo buscamos ni queremos recibirlo, porque aun deseamos continuar estar dedicados a la egolatría, el narcisismo, a hacernos adorar rindiéndole culto a la imagen-personalidad.

Leer:

IDENTIDAD-IMAGEN-PERSONALIDAD:




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