22 de diciembre de 2013

1794.- PODRIDO Y DESMEMBRADO



1794.- PODRIDO Y DESMEMBRADO

 Las almas que se apartan de Dios, que reniegan de Su Voluntad dedicándose a ejecutar la propia sobre la faz de la tierra, se hunden-desmoronan-entierran en sí, en el abismo de la desolación, el olvido y la negación de Dios.

 Las almas separadas de Dios por elección propia, porque son y quieren ser rebeldes, no tienen mas remedio que pudrirse, se auto-consumen y se exponen a los enemigos espirituales que las devoran.

 Es un proceso de descomposición que afecta al alma donde el espíritu maldito de la muerte eterna va avanzando, en el que el alma sufre en vida el ser corrompida, carcomida, destrozada, transformada mientras que, progresivamente la muerte eterna va avanzando sobre y en ella.

 Esto también afecta a grupos de almas, por ello es que asociaciones, organizaciones, instituciones, etc., también se pudren, degeneran, corrompen, y cuando tales cosas se vuelven evidentes, es porque hace tiempo que espiritualmente han muerto.

 El último paso es el desmembramiento, o sea, la pérdida de los miembros. Cuando un cadáver en avanzado estado de descomposición continúa en su sepulcro, termina por desmembrarse, perder sus miembros, y eso mismo sucede a las almas y a grupos de éstas, así como a naciones separadas y divididas interiormente que acaban por padecer la secesión.

 Si bien las naciones y religiones se han convertido en Sodoma y Gomorra, como de éstas, Dios saca, rescata, recupera, redime de éstas a aquellas que desean seguir al Señor, obedecerlo, creer en Él y confiar en Su Amor.

 Considerar que, a pesar de lo que satanás quiera, y de lo que sus inmundos y no menos corruptos y desamorados servidores en el mundo deseen, Dios siempre termina ganando y ellos perdiendo.

 Aunque consigan lo que quieren pierden, y es mas, consiguiendo lo que desean, están perdiendo, porque se hunden en sí y se precipitan al infierno para permanecer en compañía eterna de su dueño y señor, satanás, aquel al que han elegido en el lugar de Dios y con el que comparten la derrota de sus caprichos.

 Considerar que, satanás consiguió lo que deseaba, obtuvo la Crucifixión del Señor, pero el que perdió fue él, porque ahí fue juzgado por El Señor, vencido  condenado, simplemente porque él no se resistió sino que abrazó La Santa Cruz, no lo pudo hacer que se rebele.

 Lo mismo vale para nosotros, debemos abrazar La Santa Cruz que nos toca para vencer a satanás, humillarlo y desterrarlo, de contrario, si renegamos de La Cruz, estamos descartando la salvación y entregándonos a satanás, para compartir su ser y hacer, para conocer su derrota humillante, aquella en la que el infeliz se dice ganador para no ver la realidad, que esta podrido y desarmado eternamente enterrado en el infierno.

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