24 de diciembre de 2013

1809.- EL QUE SIEMBRA VIENTOS…



1809.- EL QUE SIEMBRA VIENTOS…

 Es un maldito tramposo el adversario que se infiltra en las almas aprovechando cualquier agujero, hendija, fisura, etc., para ir formando su presencia en el interior y luego contar con ese ‘quintacolumnista satanista’, en su favor para poder someternos definitivamente.

 El problema es que colaboramos, nos volvemos socios-cómplices, permitimos su infiltración, lo dejamos que se cuele en nuestra vida, y esto ocurre cuando nos entregamos a vicios en el cuerpo, el alma y/o el espíritu.

 Se cuela o infiltra también cuando hay miedo, preocupación por sí, cuando las almas no hacen otra cosa mas que pensar en sí mismas, porque ahí se vacían de amor a Dios y se inclinan ante su vacío-abismo para terminar dedicándose a sí mismas.

 Nos volvemos cómplices del adversario y luego terminamos siendo sus esclavos, satanás es un maldito aprovechador con miles de años de experiencia arruinando almas, por ello es que sabe como usar en su favor nuestra comodidad, indiferencia hacia Dios, el egoísmo, la dedicación  así mismo.

 Sabe como aprovechar para someternos la desolación que provocamos, generamos, en la que nos estancamos y acabamos por pudrirnos, y no podemos quejarnos porque nosotros le damos lugar, le abrimos las puertas y hasta colaboramos en que nos someta.

 La falta de amor a Dios, la falta de atención, ese dedicarnos solo y siempre a nosotros mismos genera una indiferencia atroz en la que acá estamos envueltos, enredados, hundidos y perdidos.

 Ahí es donde el propio vacío nos devora-consume y es ahí donde nos encaminamos al abismo eternos por mas que hablemos de Dios todo el tiempo, por mas que sepamos supuestamente mucho sobre Él y estemos desesperados por hacer notar eso esperando adoración, llamando la atención y buscando gloria.

 Irremediablemente se cosecha la siembra, es inevitable, si sembramos manzanas no vamos a cosechar peras de ninguna manera, salvo que se trate de alimentos transgénicos, genéticamente alterados.

 Sembramos indiferencia hacia Dios, es irremediable que cosechemos el vacío y la desolación, que conozcamos el abismo infernal en el que nos hemos convertido al prescindir de Dios.

 Notar que, no nos castiga Dios ni se cobra venganza, nosotros hemos provocado su ausencia, carecemos de Su Presencia, por ello estamos hundidos, abismados, encerrados y perdidos en aquello en lo que nos hemos convertido, en olvido de Dios y negación de Él, o sea, herederos de la perdición eterna, hijos de satanás, continuadores de judas.

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