26 de diciembre de 2013

1820.- NO ESTAMOS PRESENTES EN EL PRESENTE



1820.- NO ESTAMOS PRESENTES EN EL PRESENTE

  Como no prestamos la debida atención a Dios, somos y seremos esclavos, esclavos tontos que dicen ser libres y se esfuerzan por creerlo, y que por ello no hacen nada para remediar su situación.

 Somos esclavos del abismo que hemos generado en el interior, de ese vacío infernal en el que nos hemos convertido por renegar de Dios, prescindir de Él, oponernos a Su Voluntad.

 Somos esclavos porque no hacemos otra cosa que dedicarnos a tratar de satisfacerlo, conformarlo, llenarlo y saciarlo, cuando la realidad es que no lo logaremos nunca. Es así que nos perdemos dedicándonos a la egolatría narcisista infernal ahogándonos en el propio egoísmo.

 Si hubiésemos prestado atención a Dios, estaríamos mirándolo a Él y podríamos verlo-tenerlo, caminar en Su Presencia, pero como no lo hicimos, no podemos ya hacer otra cosa mas que continuar caprichosa y egoístamente haciendo lo que quisimos hacer, que es, dedicarnos a nosotros mismos.

 Lo que Dios quería hacer al enviarnos a Su Hijo, El Señor, El Mesías, El Salvador, Nuestro Rey y Cabeza, era limpiarnos, purificarnos, corregirnos, liberarnos, pero no quisimos, y lo que es peor, ahora que podemos elegirlo, que lo sabemos, tampoco lo hacemos ni nos interesa.

 Con y por miedo, dominados por la debilidad, ahogados, estrangulados por la preocupación, miramos hacia atrás, continuamos viendo aquello que nos hizo padecer, es algo instintivo e inevitable, como el que desconfía que será traicionado.

 De esta manera es que caminamos en una dirección, pero miramos en una dirección contraria, opuesta, entonces, lo mas seguro es que acabemos perdiéndonos en tinieblas irremediablemente, porque estamos huyendo aun de recuerdos.

 Esos recuerdos que tememos que se repitan en el presente, logran que estemos mirando el pasado, y como estamos mirando hacia atrás y abajo, al pasado, es ahí donde nos encontramos sepultados, y esta es la razón por la que estamos ausentes en nuestra vida, no nos encontramos presentes en el presente, sino postrados en el pasado.

 Permanecemos encerrados en una realidad que solo nosotros vemos, entonces, es una irrealidad, es ahí donde estamos sometidos huyendo de lo que no es verdad, de fantasmas-espectros que nos rondan y oprimen, aplastan y enloquecen determinando nuestra conducta, arrastrándonos al infierno.

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