27 de diciembre de 2013

1831.- INFIERNO, AUSENCIA DE DIOS, ALMAS SE ESTRELLAN ENTRE SÍ



1831.- INFIERNO, AUSENCIA DE DIOS, ALMAS SE ESTRELLAN ENTRE SÍ

 Nuestro ‘yo’ inmaduro, egoísta, desamorado, que solo piensa en él mismo, conspira en contra nuestra, se mueve por detrás buscando y recibiendo al adversario, porque busca su satisfacción, no importándole otra cosa mas que el aquí y ahora, no mirando ni midiendo las consecuencias de sus acciones.

 De esta manera es que persigue la satisfacción momentánea, instantánea, superficial y efímeramente infernal, arrastrándonos a un camino de autodestrucción en el que nos consumimos carcomidos por vicios y entregados a perversiones, deformándonos por ello a imagen y semejanza de satanás.

 Lo grave es que todas las almas se hallan desenfrenadas, han liberado a su ‘yo’ y se entregan sin límite ni razón siquiera a desenfrenos enfermizos en los que se están autodestruyendo.

 Eso provoca que el mundo mismo sea un infierno, que las almas acaben estrellándose unas contra otras como en un gran manicomio en el que a nadie le importa nada de nada ni de nadie, pues cada uno mira la satisfacción que persigue quiere y desea.

 Frenéticas alienadas y totalmente descontroladas han llegado a ser las almas, absolutamente perversas, dementes indolentes que se entregan sin límite a vicios, ambiciones, perversiones y depravaciones.

 El ‘yo’ traidor, egoísta, que solo piensa en él mismo y en su satisfacción, siente la ruina de su ser desamorado y perverso, corrupto y corruptor, entonces, padece angustia, vacío y desolación.

 Percibiendo esos y otros sentimientos infernales, se desespera y busca como sea alivio, consuelo, satisfacción, alguna distracción o evasión.

 Como no le ponemos límites, es decir, como no buscamos a Dios ni discernimos Su Voluntad, terminamos rendidos, entregados y consagrados a satisfacer a ese maldito cerdo egoísta que solo piensa en él mismo conduciéndonos a la ruina.

 Desgraciadamente, aunque duela y cueste comprenderlo, tenemos lo que merecemos, padecemos la ausencia de Dios que nos hemos buscado, querido, construido, preparado, engendrado cuando renegamos de Su Voluntad y prescindimos de Su Revelación.

 Esa ausencia de Dios es la que duele en el alma, la que provoca angustia, vacío, desolación, miedo, preocupación, histeria, etc., por ello, la solución no es buscar ser amado, aceptado, reconocido, tomado en cuenta, etc., la solución a los problemas, dolores y enfermedades que aquejan al alma es volver a Dios, buscarlo a Él, cultivar la Verdadera Unión.

 La Verdadera Unión con Dios solo es posible por medio de una verdadera aceptación de Dios, porque si no lo recibimos, no lo tenemos y no puede haber unión. Eso solo es posible si aceptamos Su Voluntad y Su Voluntad solo podemos aceptarla verdaderamente si colaboramos en Su Revelación, cosa que no hacen las almas cuando inventan a Dios y no le prestan atención.

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