27 de diciembre de 2013

1835.- CANTAN LA SERENATA DE SU PERDICIÓN



1835.- CANTAN LA SERENATA DE SU PERDICIÓN

 Las almas no pueden resistir el embate infernal, no pueden oponerse a las maniobras y maquinaciones de satanás, simplemente porque ya están podridas, enviciadas, el adversario hizo bien las cosas y nosotros las hicimos mal.

 No consideramos que estamos envueltos en una guerra de milenios contra las potencias infernales, no tomamos en cuenta que aquello que se inició en El Cielo continúa acá en tierra, no en vano esta escrito en el libro del Santo de Job, “Militia est vita hominis super terrain”, o sea, “Milicia es la vida del hombre sobre la faz de la tierra”.

 Esto no se refiere a que debemos pelearnos entre nosotros, tal cosa es una reverenda estupidez, el enemigo es satanás, no otra persona como nosotros, y el adversario sabe utilizar bien lo que no entendemos ni quisimos ver, por ejemplo, el ‘introduce la división entre tus enemigos’, por ello es que estamos peleándonos como tontos entre nosotros mientras ese cerdo infernal continúa armando a los dos bandos.

 Esto lo hace para que perdamos el tiempo preocupándonos por nosotros, autodestruyéndonos a nosotros y entre nosotros, porque luego ese cerdo avanza y toma todo.

 Seguimos perdiendo el tiempo peleándonos entre nosotros y corriendo tras la satisfacción de vicios y ambiciones no viendo que tales cosas las ha instigado, favorecido, querido, inspirado, provocado, promocionado el adversario.

 Lo hizo así porque de esta manera ha conseguido que nos dediquemos a nosotros, a autodestruirnos en cuerpo, alma y espíritu, a pelear entre nosotros y a construir lo que no es mas que un abominable sepulcro.

 Un ejército indisciplinado, vicioso, corrupto, ambicioso, apegado al mundo, con aspiraciones terrenas, perversas y mundanas, esta autodestruido y no sirve para la batalla, y peor es la situación si tal ejército debe enfrentar a enemigos espirituales, si se trata del que debería ser el ejército del Señor.

 Acá es donde surgen innumerables traidores, judas que se pasan a las filas del enemigo, pero, continúan con el uniforme del Señor, disfrazados de siervos suyos y entregados a convertirse en verdaderos hipócritas inmundos y repulsivos, mas repugnantes que las serpientes.

 Como no hubo ni hay amor a Dios, las almas son reclutadas, manipuladas y usadas por satanás, incluso y especialmente, aquellas que dicen-fingen amar a Dios, seguirlo, servirlo.

 Esas son las preferidas de satanás porque usando a esas almas, puede seducir, engañar y arrear al abismo a muchas que marcharán cantando alegres la serenata triste de su eterna e irremediable perdición.

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