29 de diciembre de 2013

1842.- NO PIDIÓ MAS QUE HUMILDAD



1842.- NO PIDIÓ MAS QUE HUMILDAD

 Lo único que hacen las almas es quejarse, simplemente porque no han levantado la mirada, no han dejado ni por un instante de mirarse a sí mismas, no saben ni quieren realizar otra cosa mas que estar pendientes de sí.

 Enterrando la cabeza en el ombligo, hundiendo el pensamiento en sí mismas, las almas pierden la noción de la realidad, extravían el rumbo y no saben hacer otra cosa mas que pensar obsesivamente hasta enloquecerse por completo en su egoísta satisfacción.

 De esta manera es que han emprendido un irremediable camino de perdición, es así como han buscado no solo enterrarse en tinieblas, sino asentarse en estas y naufragar en la abominable desolación infernal que se han provocado.

 Pensando egoísta y obsesiva solo y siempre en sí mismas, terminan enterradas en una inútil dedicación a buscar la satisfacción que no van a obtener nunca, simplemente porque cuando se satisfacen generan un abismo que las devora desde las entrañas haciéndolas padecer el doble de vacío y desolación que antes, empujándolas a reclamar el doble o mas aún.

 Considerar que, las almas no quisieron convertirse, no desearon ni siquiera considerar la gravedad de la situación, no abrieron los ojos, se negaron rotundamente a ver-aceptar la Verdad, siguieron obtusamente encerradas en su mentiras.

 A todas las almas El Señor visito, por la vida de cada uno pasó El Señor como Libertador, pero las almas no quisieron ver-entender-aceptar, ni siquiera quisieron considerar La Verdad, entonces, rechazaron al Señor, y al hacerlo, repudiaron la herencia de Vida, Su Salvación, eligieron las tinieblas.

 Cuesta aceptar la Verdad, cuesta ver la propia desolación, comprender los errores, aceptar que hemos sido socios-cómplices del adversario en la perdición que nos ha tomado y que nos tiene postrados en tinieblas, pero si no abrimos los ojos y seguimos negando tales cosas, seguimos mintiéndonos, engañándonos, y por lo tanto, perjudicándonos.

 Dios no nos ha pedido nada mas que un poco de humildad, es decir, una sincera y simple aceptación de la Verdad, de Él mismo Que Es La Verdad, de Su Palabra Viva Revelada Que Es Su Hijo.

 No queremos, deseamos continuar mintiéndonos, engañándonos, apegándonos a la mentira, conjurando con el adversario, satanás, y así, encaminándonos a la perdición eterna, incluso, hablando de Dios todo el tiempo.

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