29 de diciembre de 2013

1844.- SEGÚN EL PROPIO CORAZÓN



1844.- SEGÚN EL PROPIO CORAZÓN

 El rencor que mantenemos es una espina clavada que produce pus, que genera infección y acaba pudriendo al alma. Por ese rencor tenemos a satanás ligado, enlazado, atado, encadenado, estamos sujetos a ese cerdo infernal.

 Es ahí donde el odio se genera, surge, se produce, y ese mismo odio nos odia a nosotros, simplemente porque es odio, y no va a odiar a otros y a amarnos a nosotros.

 Ahí es donde se siente autodesprecio, donde nos odiamos, acusamos y despreciamos por lo que el adversario, satanás, nos sugiere que debemos hacerlo. Sugiere que debemos despreciarnos a nosotros mismos porque no alimentamos el orgullo, no satisfacemos el ego y no nos hacemos adorar.

 El alma que guarda rencor es la primera perjudicada, primero porque se liga-ata-somete a satanás apartándose de Dios, y segundo porque el odio que genera-produce la destruye.

 Como siempre que hay un ‘primero’ y un ‘segundo’, también hay un tercero, esto consideremos aquí, es perjudicada el alma que guarda rencor porque el odio que genera-produce se mueve independientemente de ella aunque en ella se encuentre, y lo hace en complicidad con el adversario, satanás, el que quiere controlar y someter a las almas.

 El odio que se genera en la podredumbre de las almas desalmadas, que no aman ni les interesa, las perjudica a ellas mismas en primer lugar, y es porque, moviéndose en rebeldía contra éstas, las lleva  ala ruina.

 Un alma sucia, rencorosa, rebelde, genera-produce odio, veneno, rencor, podredumbre, autodestruyéndose, perjudicándose, pero eso que en ella surge, tiene animación propia, movimiento, fuerza, y por lo tanto, aspiraciones, idea.

 Es un espíritu de ahí que tenga sus características, pero no es virtuoso sino perverso, no es bueno ni capaz de nada, al contrario, es un espíritu impuro que solo provoca miedo, preocupación, desconcierto.

 Ese espíritu impuro moviéndose independiente y rebeldemente en el interior de las almas es subordinado de satanás, le es servil al enemigo porque es como él y conspira con este en someternos e inclinarnos a buscar su satisfacción, queriendo que terminemos sometidos por el adversario.

 Sometidos por ese espíritu surgido en el desamor a Dios, terminamos haciendo lo que éste quiere al servicio de satanás, aun queriendo creer que es al servicio de Dios.

 Lo que es rebeldía, va a continuar siendo rebeldía, por ello es que mas allá de lo que digamos, cada uno esta con o sin Dios según verdaderamente lo merezca, según su propio corazón.

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