31 de diciembre de 2013

1874.- EL CERCO EN EL QUE LAS HIPÓCRITAS QUEDAN ATRAPADAS



1874.- EL CERCO EN EL QUE LAS HIPÓCRITAS QUEDAN ATRAPADAS

 Las almas no han querido confiar en Dios, no han querido tampoco ser generosas con Él, entonces, tienen-padecen la ausencia de Dios como la rebeldes orgullosas que quisieron ser.

 Un poco de atención a Dios, algo de generosidad desinteresada para con Él, y hubiesen cosechado al ciento por uno, pero fueron y son mezquinas, desean continuar egoísta y exclusivamente consagradas a su orgullo.

 Si le hubiesen prestado atención a Dios, si hubiesen buscado al Señor, Él habría pasado limpiado, purificado, liberado, corregido, encaminado, pero habiéndole cerrado la puerta, las alma se condenaron.

 Se condenaron a quedar encerradas-enterradas en el abismo desolado de su ser desamorado. Se condenaron a quedar en tinieblas privadas de Dios y olvidadas de El obsesionándose por saciar-conformar su orgullo.

 Se condenaron a pasar por el mundo sin Dios entregándose a pasar también oda una eternidad sin Dios.

 Se condenaron a padecer la misma indiferencia que han querido tener, simplemente porque se coséchala siembra.

 No las mata Dios, ellas mismas se mataron con la indiferencia hacia Dios, se consagraron al olvido y la negación de Dios, entonces, hacen en el abismo de su ausencia.

 Ahora padecen la ausencia de Dios y no tienen mas remedio que padecer como si fuese su indiferencia, pero no es Dios el indiferente a los padecimientos humanos, las almas se encuentran anegadas en su misma indiferencia hacia Dios.

 El que siembra vientos, cosecha tempestades, y el que ha querido pasar por el mundo indiferente a Dios, se pierde enterrado en esa misma indiferencia, se ahoga en lo que quiso ser-tener.

 Dios no es indiferente a las almas que le fueron indiferentes, son las mismas almas las que sufren-padecen su indiferencia hacia Dios, que se hallan cercadas-encerradas en su miseria preocupándose por sí mismas sin remedio, salida o solución.

 Dios no es duro, severo o intransigente desamorado e indiferente, las almas están cosechando su siembra, se hallan ante la desolación que se han formado, y lo que es peor, desean continuar prescindiendo de Dios, hasta culpándolo o acusándolo por lo que padecen, siendo que el infierno lo construyeron al desecharlo.

 Estamos en la hora en la que aquellas almas que deseen tener a Dios en verdad, van a tener que esforzarse por encontrarlo, no porque se niegue, sino porque en el mundo ya no esta, y porque deberán romper el manto de su propia indiferencia hacia Él, ese cerco en el que las hipócritas quedan atrapadas mintiéndose a sí mismas y volviéndose demonios.

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