25 de enero de 2014

2058.- ¿POR QUÉ REINA LA HIPOCRESÍA EN ESTOS TIEMPOS?



2058.- ¿POR QUÉ REINA LA HIPOCRESÍA EN ESTOS TIEMPOS?

 Queremos hacer encajar a Dios en nuestras ideas, concepciones, suposiciones, deducciones, pensamientos, conjeturas, etc., de manera que anulamos a Dios, porque lo estamos reduciendo a nada.

 La confusión la provocamos nosotros porque no dejamos de querer defender siempre el orgullo, de buscar hacerlo prevalecer, de imponerlo incluso sobre Dios esperando que nos adore.

 Nuestros intereses, gustos, aspiraciones, etc., son siempre reducidos, centrados en nosotros mismos y conllevan la desesperante intención de hacernos amar, adorar, aceptar, no despreciar y similares.

 Todo eso es producto del miedo, de la misma mezquindad, y es por ello que no vemos a Dios, que no encontramos al Señor, porque no entra, no encaja ni se condice con las miserias humanas.

 Si no empezamos a amar a Dios en verdad, vamos a continuar enterrados en tinieblas esforzándonos por mentirnos y convencernos de que son un cielo adorable evadiéndonos de la realidad.

 También es así como llegaremos irremediablemente a ser unos perdidos sometidos a tinieblas de las que no querremos salir suponiéndolas seguras y no queriendo ver que es la causa misma de la inseguridad.

 Si realmente amamos a Dios y buscamos al Señor, si realmente lo recibimos y le permitimos Vivir en nosotros, tenemos que dejar de ponerle obstáculos, dejar de impedir Su Paso Libertador, dejar de querer manipularlo, de buscar disponer de Él, de tratar de obligarlo a que nos tome en cuenta, adore o haga adorar.

 Si nos entregamos a Él, o sea, si lo amamos en verdad, no podemos después querer disponer de nosotros como si Dios no existiera o como si fuese incapaz de Revelarse.

 Si amamos a Dios, nos entregamos a Dios, porque el amor es entrega. Si nos entregamos, le pertenecemos y Es Él el que dispone de nosotros y no al revés. Es acá donde se comprende la razón de porqué reina la hipocresía en estos tiempos.

 Hay muchas almas que dicen, fingen y hasta creen amar a Dios, pero hay pocas, muy pocas, que realmente amen a Dios, lo sigan perteneciéndole, le permitan a Él disponer de ellas y lleguen a ser verdaderos instrumentos suyos.

 Realmente, si no hay discernimiento de la Divina Voluntad, se esta impidiendo a Dios que disponga de nosotros, entonces, mentimos si decimos que lo amamos, mentimos asquerosamente si decimos que le pertenecemos o que nos hemos consagrado, porque vamos por donde queremos, hacemos lo que queremos y encima nos mentimos queriéndonos convencer de que Dios nos adora, aprueba y felicita.

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