26 de enero de 2014

2066.- DIME CON QUIÉN ANDAS Y TE DIRÉ QUIÉN Y CÓMO ERES



2066.- DIME CON QUIÉN ANDAS Y TE DIRÉ QUIÉN Y CÓMO ERES

 Como nos tenemos lástima a nosotros mismos, después les tenemos lástima a todos, entonces, nos hundimos en nosotros y nos hundimos en y con todos, apartándonos de Dios, entregándonos a las tinieblas, permitiéndoles a los ríos infernales hacer estragos.

 Los ríos infernales son angustia vacío, desolación, muerte, destrucción, melancolía, etc., son todos esos sentimientos que destrozan a las almas, pero que las mismas almas generan, provocan, producen, alimentan.

 La pus sale de las almas éstas generan la podredumbre que las atormenta en sí, y que luego se vierte en el mundo formando ríos que las envuelven, inundan y dejan anegadas atormentándolas a todas juntas.

 Es hora de generar una corriente diferente, de empezar a buscar y recibir a Dios, de comenzar a volcar en el mundo la Presencia de Dios, por y para el Verdadero y Eterno Bien de las almas.

 Nos dejamos convencer, seducir y engañar por el adversario, éste entra en el abismo que generamos, en ese olvido y negación de Dios, ahí habla al ‘yo’, y el cobarde miedoso y soberbio, le cree, entonces, nos inclinamos ante satanás.

 Suena aberrante pero es lo que asquerosamente hacemos a diario. Es lo que hacemos porque no nos inclinamos ante Dios, porque no buscamos a Dios y no lo obedecemos, porque nos enterramos en el olvido y la negación de Dios dedicándonos caprichosa resentida y odiosamente a vivir en, por y para el mundo como si eso sirviera de algo.

 Solos nos humillamos, denigramos, rebajamos y estropeamos simplemente porque no amamos a Dios, porque nos dedicamos orgullosamente a hacernos adorar, ver, reconocer, aceptar, porque andamos mendigando aceptación, atención y reconocimiento como lo hace satanás, entonces, se cumple aquello de ‘dime con quién andas y te diré quién eres’.

 De tanto andar con el adversario se nos ha pegado su ser y hacer, nos hemos acostumbrado y creemos que esta bien lo que hace, de manera que nos perdemos convirtiéndonos en abominables, corruptos, bestias orgullosas, soberbias, ególatras desamorados.

 Prestar atención a que, el adversario lleno de orgullo y amor propio entra en un alma que se adora a sí misma, que se mira con lástima, pena y autocompasión, que sufre porque no es adorada como lo desea, y desde ahí nos clama atención.

 Nos clama atención porque por medio de esa persona quiere que lo miremos, cuado esa persona busca atención, aceptación y reconocimiento, es satanás mismo que nos lo esta reclamando.

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