21 de febrero de 2014

2156.- COHEREDEROS DE SU DESGRACIA



2156.- COHEREDEROS DE SU DESGRACIA

 Juzgamos por lo que vemos, sabemos, entendemos, conocemos, suponemos, etc., hay un montón de condicionamientos que influyen y acaban por determinar lo que tomamos o adoptamos como decisión, aquello que se constituye en nuestra voluntad que es lo que expresa esa decisión.

 El problema es que queremos creer que sabemos, podemos, que estamos capacitados para juzgar, decidir, etc., solo porque aquello que nos imaginamos queremos que sea cierto.

 La cuestión, evidentemente, es que somos caprichosos, rebeldes y desamorados que no hacen otra cosa mas que preocuparse por sí mismos, y como nos preocupamos solo por nosotros mismos, nos dedicamos a nosotros.

 Ahí perdemos la noción de la realidad, nos enterramos en tinieblas de suposiciones, supersticiones, naufragamos en un mar angustiante de dudas y temores que nos corroe, devora, destroza y arrastra a una segura e inevitable perdición.

 Como no hacemos lo que debemos, terminamos haciendo lo que no debemos, porque la capacidad ociosa se vuelve en contra, esa capacidad para hacer se vuelve un no hacer corrosivo.

 Si tenemos capacidad para empujar y no ayudamos a otros empujándolos hacia delante, estamos dejando esa capacidad inactiva que se vuelve en contra y nos empuja hacia atrás.

 Nos hundimos, caemos, nos perdemos en tinieblas, terminamos abstraídos de la realidad, sumergidos en delirios, ahogados por caprichos, anegados en preocupaciones, y todo porque no hemos querido amar a Dios verdaderamente.

 No amamos a Dios Verdaderamente porque no lo obedecemos, porque rechazamos al Revelación del Señor y lo ignoramos, porque deseamos creer que el bien, lo bueno, lo justo y debido es aquello que se nos ocurre o sentimos.

 Ni siquiera consideramos que aquello que pasa por nuestra mente y corazón puede no ser de Dios, que puede ser infundido por el adversario para entrar en nosotros y desde adentro manipularnos arrastrándonos a cumplir sus caprichos y a dar satisfacción a sus ambiciones.

 Mientras estemos soberbia y orgullosamente dedicados a concretar nuestra voluntad sin discernir la Voluntad Divina, vamos a estar tontamente dominados, sometidos y controlados por satanás que nos sumerge en las tinieblas de la muerte eterna haciéndonos coherederos de su desgracia.

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