25 de febrero de 2014

2192.- TRATAN DE METERSE



2192.- TRATAN DE METERSE

 Nos negamos a ver aun lo que estamos viendo, conociendo, comprobando, entonces, nos volvemos hipócritas que se mienten a sí y que pretenden creer que otros les creen para volverse mas abominables.

 No queremos ver ni aun lo que ya vemos porque el miedo nos domina, porque la preocupación nos ahoga y por la desesperación nos consume.

 Esto se debe a que no sabemos resolver los problemas que tenemos, nos vemos abrumadamente superados, quedando por ello frustrados y resentidos.

 Acá es donde debemos aceptar la Verdad y permitir que el orgullo se venga abajo, pero justamente a eso es que nos estamos oponiendo, resistiendo, de eso es que estamos huyendo instintivamente no queriendo comprender lo que sucede.

 Vemos que solos no podemos, comprobamos que los problemas nos superan que las dificultades nos desbordan, entonces, nos quebramos desmoronamos y hasta despreciamos.

 Algo parecido sucede cuando conocemos la Voluntad de Dios, nos vemos incapacitados para seguirla y obedecerla, y es ahí donde muchos dejan de seguir al Señor, donde se vuelven hacia atrás, se devuelven a sí mismos al agujero-abismo a lamentarse y preocuparse inútilmente.

 Por supuesto que por lo general lo que es voluntad de Dios no esta a nuestro alcance, es ahí donde la Fe tiene su lugar, nosotros debemos hacer lo posible, lo que esta a nuestro alcance, debemos querer, luego Dios hace lo imposible, lo que nos excede o supera.

 El problema es que, para no aceptar ni reconocer nuestra incapacidad, nos negamos a aceptar la realidad, no queremos ver la verdad, seguimos insistiendo en creer y hacer creer que Dios quiere otra cosa, algo que se acomoda a nosotros, a nuestra incapacidad.

 En esto se nota la obra del orgullo, solo nos dedicamos a lo que nos es cómodo, no queremos aquello que requiere un esfuerzo, sacrificio, no queremos darle lugar a Dios verdaderamente.

 Queremos creer que manejamos la situación que nos preocupa negándonos o resistiéndonos a admitir que ahí es donde justamente esa situación nos domina  a nosotros.

 El miedo nos ata y encadena, apaga la Fe, no vemos que la Fe es para vencer el miedo, y mientras no lo hagamos, no rompemos el manto de neblinas, quedamos cercados, hundidos y perdidos en nosotros mismos yéndonos a las tinieblas eternas.

 Ahí aprovechan los demonios para esforzarnos, pero también para meterse en el alma y ocupar el cuerpo, se cuelgan-adhieren succionando vida, quitando vitalidad y determinando lo que el alma hace o no.

 Considerar que el mundo, por mas deplorable que sea, siempre es mejor que el infierno, por ello quienes habitan las tinieblas eterna se desesperan por meterse en el mundo, por entrar y eso lo logran cuando obtienen que las almas les abran las puertas, se les entreguen, cuando se dejan seducir, engañar.

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