27 de abril de 2014

2717.- Canonización sin milagros, sin confirmación Divina (I):



2717.- Canonización sin milagros, sin confirmación Divina (I):

 El largo y, hasta ahora, riguroso proceso de canonización tenía entre sus requisitos una confirmación sobrenatural, una directa intervención de Dios por medio de la intercesión de aquel que era postulado para ser canonizado donde debía producirse un milagro para lograr la beatificación, y otro para obtener la definitiva santificación.

 La intervención Divina, la manifestación o Revelación de Dios produciendo el milagro requerido por medio de la intercesión de la persona que es candidata a ser santificada, lógicamente, podía producirse en cualquier momento, incluso demorarse años tras haberse iniciado el proceso de canonización.

 Esta intervención milagrosa de Dios confirma la sobrenaturalidad del proceso, le da la importancia divina que corresponde, es una real confirmación del cielo que aquella persona se halla en Presencia de Dios, en comunión con Él y por ello puede ser venerada.

 La novedad de estos tiempos es que el actual papa, líder de la secta masónica jesuita, ha dispensado de tal requisito a un candidato para poder canonizarlo sin la confirmación Divina, sin la aprobación del Cielo, sin el acuerdo de Dios.

 Parece ser una actividad mas en el proceso de transformación socio-cultural de la iglesia, parece un acto mas en ‘la primavera de la iglesia’, pero va mas allá de esto, es un acto mas en el proceso real de desobrenaturalización de la iglesia.

 Es un acto mas para acabar de sepultar la Revelación Divina, la intervención de Dios, para dejar definitivamente a Dios fuera de lo que fue su iglesia y privado de lo que fue su pueblo.

 Tal suceso en el mundo pasó casi desapercibido, fue tomado con indiferencia y sin ser juzgado o pesado en su real gravedad, incluso casi no fue publicado, pero no por ello carece de efectos espirituales, no por ello deja de ser un acto de consumación mas de la gran rebeldía contra Dios, del robo de la viña.

 Quien era candidato a ser santificado, ‘y con todas las de la ley’, era el hasta ahora Beato Papa Juan Pablo II, los milagros o intervenciones Divinas, las confirmaciones sobrenaturales se produjeron. La fecha original estaba prevista para el mes de octubre de este año.

 Sucede que, a esta santificación lícita, se asoció la santificación no-lícita desde el punto de vista espiritual, aquella que decidió el papa masón jesuita actual por la que quiso santificar a un no-confirmado Divinamente, aquel por cuya intercesión no se obró milagro alguno, el que fue casualmente otro papa masón, juan xxiii, el iniciador del ‘concilio masónico-vaticano ii’.

 Al anexar a la canonización de un verdadero santo la de un aun no confirmado Divinamente, desplazó la fecha para el mes de diciembre de este año en principio, y luego, para mediados del año que viene.

 El papa que renunció, el jefe de la otra secta, de la masonería cristiana o eclesiástica, el opus dei, benedicto xvi, produjo un aniquilamiento de la Revelación mientras se intentaba oponer a la penetración de la secta masónica modernista encabezada por los jesuitas.

 Al final fue obligado a renunciar y se impuso ‘la revolución’, una revolución francesa adaptada a la iglesia, o una revolución o ‘primavera árabe’.

 La cuestión es que ambas sectas se pelearon por el poder de la iglesia, pero ambas adolecen del mismo defecto, del mismo pecado, anularon la Revelación, impidieron la intervención de Dios, no le prestaron atención a Dios, no lo buscaron, ni lo hacen ahora tampoco, solo se pelean por un poder temporal, terreno, humano, pues espiritualmente, en el fondo, son lo mismo, son sectas, son agrupaciones sin-Dios y en contra de Él.

 Así se cumple el Tercer Secreto de Fátima, es decir, un hombre de blanco abandona el vaticano, lo que simboliza que El Espíritu del Señor abandona un antro de perdición donde ya hace tiempo no se adora a Dios, no se lo busca, no se lo sirve ni se lo obedece, caminando entre los cadáveres de las dos sectas que se pelean entre sí, y que permanecen indiferentes a este hecho sustancial simplemente porque son materialistas y apegadas al mundo.

 Un antecedente de esto es la visión del profeta San Ezequiel cuando ve que El Espíritu del Señor abandona el templo que era considerado sagrado hasta entonces, y lo hace porque Dios ve los corazones, no las apariencias.

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