27 de abril de 2014

2732.- ESA ALMA ES UNA MALDICIÓN (11): POR NO HUMILLARNOS, ETERNAMENTE HUMILLADOS



2732.- ESA ALMA ES UNA MALDICIÓN (11): POR NO HUMILLARNOS, ETERNAMENTE HUMILLADOS

 Nuestro orgullo-amor propio no acepta desprecios ni limitaciones, se alza desesperado haciendo escándalo y buscando la manera de obtener adoración o de maltratar al que no le procura satisfacción.

 Como nos dedicamos a cultivar el orgullo y a generar el amor propio, estamos a merced de eso que tenemos, que somos, en lo que nos hemos convertido.

 Es un histérico insoportable, iracundo, irascible, una real abominación nuestro yo-ego-orgullo, pero es lo que somos, en lo que nos convertimos, lo que elegimos ser al no querer obedecer a Dios, al no querer recibirlo y al no querer seguirlo.

 Cuando padecemos una limitación de otra persona, se enfurece, lo siente como gran ofensa, hace escándalo e histérico, clama venganza, odia, aborrece, amenaza, arde de desesperación.

 Ahí es que nos atormenta y hace padecer, eso es lo que sufrimos y no vemos ni comprendemos, eso es lo que nos tiene mal, de mal humor. No comprendiendo tales cosas odiamos a cualquiera, nos enojamos y aborrecemos a quienes creemos culpables del malestar.

 Debemos comprender que culpables somos nosotros por tener semejante podredumbre adentro, los otos al pisotearnos nos la hacen ver, como cuado se pisa una baldosa floja y salpica la podredumbre que esta debajo.

 Si el alma estuviese pura, libre de orgullo, sin el lastre espiritual del amor propio, si no tuviésemos esa inútil preocupación por nosotros mismos, no padeceríamos las ofensas y desprecios como catástrofes, porque no tendríamos ese ego insoportable que nos atormenta y clama venganza haciendo escándalo e histeriqueando cuando es humillado.

 Considerar que la humillación que debemos buscar es la de obedecer a Dios, esa no lo hacemos, entonces, generamos orgullo-amor propio, lo que nos lleva a padecer humillaciones de otros que son exactamente iguales a nosotros.

 Chocamos contra otros que son iguales y los acusamos a ellos de excedidos, viciosos y deformes sin considerar que sus deformaciones, vicios e inmundicias chocan nuestras deformaciones, vicios, perversidades e inmundicias.

 Si buscásemos la humillación real, esa que nos libera del orgullo, la que nos une con Dios al elegirlo y obedecerlo, seríamos libres y las ofensas, desprecios, humillaciones y persecuciones del mundo no harían mella en el alma.

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