11 de mayo de 2014

2892.- GRAN CASTIGO



2892.- GRAN CASTIGO

 Las diez vírgenes de la parábola se adentraron en la noche con sus lámparas y se durmieron.

 La lámpara simboliza el amor a Dios, la mirada atenta a Él, ese buscarlo diaria y constantemente propio de quienes realmente lo aman y desean seguirlo en medio de este mundo de tinieblas.

 Las vírgenes, las religiones, se durmieron, cayeron, sucumbieron, el mundo sin Dios las sedujo, las hizo abandonar la Fe y apagar el amor el amor verdadero a Dios.

 Cinco habían llevado aceite, otras cinco no. El aceite simboliza el Santo Sacrificio, que es lo que da vida, lo que permite que El Señor Venga, baje, vuelva, se encarne.

 Por el Santo Sacrificio se mantiene la Luz encendida, es decir, el espíritu arde de amor verdadero a Dios iluminando al alma que lo genera, contiene. Ese espíritu de amor a Dios, es un verdadero templo done desciende El Espíritu de Dios.

 Ahí El Espíritu de Dios vivifica y Fortalece, Ilumina y sostiene al alma comunicándole la Vida Eterna, verdaderamente mística, espiritual, sobrenatural.

 Ese Santo Sacrificio consiste en renunciar a la voluntad propia para buscar la Voluntad de Dios y obedecerla colaborando para Que Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida y Vuelva El Señor al mundo para bien de muchos.

 Que cinco lleven aceite y cinco no simboliza que si bien muchos son los llamados, pocos son los elegidos, es decir, la mitad se salva porque responde fielmente a la Vocación-Llamado y la otra mitad no.

 Esto significa que se produce un Juicio, unos son colocados a la derecha y otros a izquierda del Señor, unos se salvan y otros no, y esto no es capricho suyo, cada cual ha elegido su bando, El Señor solo aplica la sentencia que cada uno ha merecido.

 Ante la Venida del Señor, el novio de la parábola, las que se despiertan abandonando el mundo y desempolvando su fe atrofiada, buscándolo a Él, entran en el Reino, en el descanso, en comunión real con Él, o sea, resucitan para la vida.

 Acá es donde dice el Apocalipsis que pueden descansar en paz porque sus obras las acompañan, se trata de obras de amor a Dios, de buscarlo y recibirlo, aceptarlo y obedecerlo.

 Ante la Venida del Señor, el novio de la parábola, las que despiertan sin haber llevado aceite, sin haber realizado el Santo Sacrificio de la voluntad, se encuentran desconcertadas, atontadas, perdidas.

 Ahí las domina el miedo, se preocupan y obran como lo que son, perdidas. Piden aceite a las otras, o sea, exigen ser servidas, adoradas, quieren saciar su sed de adoración, esa que les surge cuando se ven vacías y sin Dios.

 Después van a comprar en medio de la noche, incoherentes, no se vende aceite de noche, pero simboliza que dan su vida como prostitutas en medio de la noche queriendo obtener adoración, aceptación, reconocimiento, suponiendo que así se librarán del vacío que sienten.

 Finalmente van a golear la puerta, lo que simboliza que rendidas, destrozadas y padeciendo sus miserias se presentan ante El Señor, pero es tarde, se han perdido, lo han querido y elegido.

 Esto simboliza ese arrepentimiento de las almas hecho por fuerza de la necesidad o por miedo, lo que demuestra egoísmo, un ser miserable que, con tal de ser adorado, de verse saciado en su sed infernal, hace cualquier cosa, incluso mentirle a Dios, fingir devoción.

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