30 de junio de 2014

3815.- ES SIMPLE, TENEMOS QUE VOLVER A DIOS



3815.- ES SIMPLE, TENEMOS QUE VOLVER A DIOS

 La contundencia y gravedad de los golpes que padecemos en la ida no los elige nadie mas que nosotros mismos, es cuestión de orgullo, caprichos, ambición, desenfreno.

 Todos resbalamos de orgullo y nos ahogamos en amor propio, no tenemos mas que una inútil y sobreabundante preocupación por sí. Somos maldad y caprichos, estamos encaminados a la perdición eterna.

 Corremos vertiginosamente hacia el abismo, no dejamos de hacer esfuerzos para perdernos, y encima, estamos orgullosos de eso, demostrando la ceguera que hemos adquirido al volvernos horrendamente caprichosos, asquerosamente ambiciosos, insoportablemente rebeldes contra la Voluntad de Dios.

 Somos nosotros los que corremos y no queremos detenernos, el orgullo galopante nos ha llevado a ser caballos desbocados que han extraviado completamente el rumbo para terminar por internase en tinieblas donde vayan para donde vayan, siempre les irá mal.

 Nos irá mal porque solo hay una salida, hacia arriba, convirtiéndose, volviendo a Dios, pero no queremos ir por ahí, hacemos todo lo posible por buscar alternativas que no existen.

 Ahí es donde quedamos atrapados por el adversario en falsos caminos aparentemente importantes, útiles, necesarios, justos, no haciendo otra cosa mas que perdernos, esfuerzos por corrompernos ciegamente orgullosos de ello.

 Mas cultivamos la ambición y mas nos hundimos en el olvido y la negación de Dios, en el abismo de la propia inmundicia, corrupción, descomposición, abominación, lo que provoca que corramos hacia la perdición.

 Dios no nos golpea, nos estamos estrellando contra Él, estamos renegando de Su Voluntad, camino que solo conduce a chocar contra Él. Es en vano que nos quejemos de que padecemos golpes e injusticias, nosotros hemos elegido este camino de perdición.

 Lo mas grave es que estamos ciegamente orgullosos y no hacemos mas que esfuerzos por seguir perdiéndonos, corrompiéndonos, insistiendo que no obramos mal cuando somos rengados de Dios que se autodestruyen.

 Dios no nos ha perjudicado, no nos ha golpeado, solos golpeamos contra Él eligiendo la perdición, pero deberíamos abrir los ojos y considerar que aun podemos convertirnos, salir del abismo, dejar de enterrarnos en tinieblas, es simple, tenemos que volver a Dios.

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