7 de agosto de 2014

4669.- UNA ÚLTIMA PRUEBA



4669.- UNA ÚLTIMA PRUEBA

 Presenta batalla el adversario donde sabe que tenemos un punto débil, o sea, donde sabe que va a ganar, ahí quiere imponerse, vencer, prevalecer, hacernos obedecer o ceder, rendir o retroceder.

 En nosotros esta el perseverar buscando a Dios para vencerlo. Dios nos da la victoria, pero es necesario orar, esforzarse, perseverar, incluso es necesario recurrir a lo que siempre se usó, ayuno, sacrificio, penitencia.

 El mejor sacrificio que podemos hacer, pero que no excluye a otros, es el de la voluntad, o sea, renunciar a la propia voluntad para elegir la Voluntad de Dios y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Acá también quiere presentar una trampa el adversario, si nos hemos habituado a elegir al Voluntad de Dios, se presenta haciéndose pasar por Dios y diciendo que aquello que impone, demanda, exige, etc., es Voluntad de Dios.

 La trampa esta en que siempre elegimos la Voluntad de Dios a la nuestra. Acá debemos vencer como siempre, perseverando en la oración hasta alcanzar la comunión con Dios, ahí donde El Señor Se Revela, Pasa y Libera diciendo la Verdad.

 Acá la trampa consiste en no ser orgullosos y no caer en el piloto automático desamorado y desatento, costumbrista y preocupado por sí que es donde puede el adversario embaucarnos. Es para que estemos atentos y no obremos por costumbre, sino por amor, y que de esta manera, todo cuanto hagamos sea fruto de un verdadero encuentro con Dios.

 Si no prestamos atención y no perseveramos seremos engañados, de nosotros depende hacer el esfuerzo necesario para pasar la prueba. Si no elegimos a Dios  no salimos de nosotros mismos y no pasamos la prueba, quedamos hundidos, postrados y enterrados.

 No saldremos del abismo hasta que demos el paso de negación de sí y elección de Dios que nos es requerido para dar muerte al orgullo y sofocar la rebeldía. Atención acá, si no lo hacemos pronto, se acá el tiempo y terminaremos enterrados en el abismo para siempre.

 Aunque parezca que Dios no esta y el adversario quiera hacernos creer eso mismo para infundir o provocar rebeldía, Dios esta e interviene, y lo hace purificándonos, liberándonos del traidor interno porque si el traidor interno es sofocado no puede el adversario desde afuera dominarnos.

 Si nuestro miedo se impone y prevalece la voluntad orgullosa y rebelde, nos arrastra a querer lo que el adversario ofrece, entonces, caemos en la tentación. Dios nos salva, pero es necesario orar, querer ser salados, manifestar tal intención buscándolo, eligiéndolo, renunciando a nosotros mismos y perseverando.

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