31 de diciembre de 2014

ES A DIOS QUE HAY QUE BUSCAR



ES A DIOS QUE HAY QUE BUSCAR


 Ya queda sobradamente expuesto, en evidencia y a la vista lo que somos por haber renegado-prescindido de Dios, por habernos dedicado a nosotros mismos miserable, orgullosa y asquerosamente.

 Nos queremos convencer de que somos perfectos, ideales, etc., pero la verdad es que nos convertimos en demonios cuando renegamos de Dios, nos consumimos, deformamos y llegamos a ser bestiales, amorfos, abominables.

 Nos esforzamos por ver-creer la mentira y nos desesperamos por hacerla ver-creer convirtiéndonos en abominables, volviéndonos despreciables. Esto significa que prescindimos de Dios para hacernos adorar como dioses.

 Lo que es la humanidad en estos tiempos, y lo que es la creación ahora, deja sobradamente en evidencia las consecuencias de rengar de Dios, de prescindir de Él, de elegirse a sí mismo asquerosa y miserablemente dedicándose a la abominable egolatría infernal.

 Solo hay destrucción, muerte, vacío, desolación, solo se conoce angustia, desesperación, histeria, vicios, abominaciones, perversiones, depravaciones. Las almas son iguales o peores que demonios, estas son consecuencias de renegar de Dios.

 Lo peor es que, siendo esto mas que evidente, las estúpidas deliran de orgullo aun y se niegan a reconocerlo, se empeñan, empecinan y desesperan por imponer que se las adore, obedezca, sirva, etc.

 Esto determina que continúen padeciendo el olvido y la negación de Dios, que sigan padeciendo la amarga y abominable desolación infernal, que continúen bajo el imperio abominable de las tinieblas sufriendo la ausencia de Dios que han provocado.

 Se encuentran en tierra postradas como en el infierno, padeciendo la ausencia de Dios, sufriendo las consecuencias de renegar de Él, y por mas que se quejen, van a continuar en ese estado lamentable, deplorable, condenable, abominable, porque es como quieren estar, permanecer, encontrarse.

 Van a seguir sufriendo las consecuencias de renegar de Dios porque no dejan de hacerlo, siguen renegando y prescindiendo de Él hasta el hartazgo infernal convirtiéndose en abominables, deplorables, condenables, repugnantes, semejantes a demonios.

 Su agonía será larga, abominable, insoportable, van a sufrir lo que han buscado y merecido, el infierno en tierra, esa ausencia de Dios donde todos los enemigos espirituales quedan liberados con autoridad para atormentar a su antojo.

 No es Dios el que castiga, a Dios lo han echado, es Dios lo que falta, es a Dios a quien deben buscar para empezar a remediar esta situación, para hacer cesar la abominable desolación, para que retrocedan las tinieblas y que surja La Luz.

SOMOS SEMILLA DE LO QUE PODEMOS LLEGAR A SER



SOMOS SEMILLA DE LO QUE PODEMOS LLEGAR A SER


 Somos la semilla de lo que podemos llegar a ser, es decir, nos falta desarrollar, crecer, pero para esto es necesario recibir a Dios que es El Que Hace Crecer, sin Dios quedaremos siempre inmaduros, improductivos, como un proyecto sin concluir.

 Desarrollamos al amar a Dios y lo amamos cuando discernimos Su Voluntad y lo obedecemos.

 No llegamos a ser mas que delirio que se arrastra buscando desesperadamente adoración, aceptación y reconocimiento porque hemos prescindido de Dios, porque nos hemos dedicado a buscar lo que deberíamos dar a Dios que no hicimos mas que negarle, la adoración.

 No sabemos, no comprendemos ni nos imaginamos aquello que podemos llegar a ser, y como no buscamos a Dios y no le permitimos vivir-ser en nosotros, no lo veremos ni lo conoceremos nunca, quedaremos como una semilla que no germina, nos pudriremos en vida volviéndonos amargos y convirtiéndonos en un descarte abominable.

 Podemos ser hijos de Dios, herederos de Su Reino, compartir su misma Naturaleza Divina, pero no queremos, preferimos delirar como demonios diciendo que somos dioses y exigiendo ser creídos en esos delirios, demandando ser adorados, vistos y reconocidos como si fuésemos eso que decimos ser, lo que queremos creer que somos.

 Exigiendo adoración que es lo que se le debe solo a Dios, nos comportamos como demonios, demostramos que somos unos ególatras infernales, y a la vez, estamos pidiendo ser tratados como demonios, terminar como ellos, condenados en el abismo.

 Si buscamos a Dios y lo recibimos, Él Vive-Permanece en nosotros, entonces, tenemos Su Vida, tenemos Vida Eterna, Espiritual, Sobrenatural, somos sus hijos, adquirimos por herencia su Ser-Esencia-Espíritu.

 Hundidos-encerrados en nosotros mismos, prescindiendo de Dios, renegando de Su Voluntad, dedicándonos a la egolatría narcisista infernal, terminamos convirtiéndonos en demonios, y en medio de los tormentos propios del infierno-sepulcro de ausencia de Dios que construimos y que llamamos ‘vida’, nos desesperamos por lograr adoración, aceptación y reconocimiento suponiendo que de esta manera nos aliviaremos o evitaremos lo que tememos.

 La verdad es que llevamos una existencia propia de desgraciados, por elección propia nos hemos convertido en tales, hemos prescindido de Dios, Nuestro Creador y nos desesperamos por demostrar que somos dioses para exigir adoración y de esta manera es como pretendemos escapar del miedo, del vacío, de la desolación que provocamos al renegar de Dios y prescindir de Él.

 Por mas que digamos, creamos y deseemos hacer creer que cuanto hacemos es bueno, perfecto, inmejorable, aceptable, adorable, la verdad sigue siendo la misma, solo inmundicia sale de nuestras manos corruptas, orgullosas, sin Dios, dedicadas a construir la mentira y a esparcir la negación de Dios.

 Hemos elegido convertirnos en olvido y negación de Dios, luego, cuanto hagamos se encuentra impregnado de orgullo, apesta de inmundicia infernal.

 Volviendo al principio, Dios nos ha creado con la posibilidad de recibirlo, de amarlo y de crecer de esta manera desarrollándonos plenamente como hijos suyos, pero si prescindimos de Él, quedamos como una semilla sin germinar que se pudre y termina siendo como los demonios, un descarte abominable.

EXALTACIÓN HUMANA, ABOMINABLE DESOLACIÓN



EXALTACIÓN HUMANA, ABOMINABLE DESOLACIÓN


 Se aíslan, encierran en sí, prescinden de Dios, reniegan de él, se pierden en el abismo miserable de su ser orgulloso y desamorado, no hacen otra cosa mas que pensar en sí obsesiva y miserablemente con miedo, preocupación, angustia, desesperación, histeria.

 Están autodestruyéndose, se arruinan, prescinden de Dios hasta el hartazgo, y conforme van haciendo esto van obsesionándose, desesperándose, arruinándose, estropeándose, asemejándose a demonios.

 Se dejan dominar, vencer, someter, por su desbordante y creciente ego, su miedo y necesidad crecen en la medida que se apartan de Dios y prescinden den Él.

 Buscan con desesperación ser adoradas, tomadas en cuenta, no despreciadas y se ahogan en esto prescindiendo mas y mas de Dios a cada día, convirtiendo su existencia en una abominable negación de Dios, horrendo olvido de Él, repugnante camino de vicio, corrupción, muerte, autodestrucción.

 Crece su vacío, se multiplica su desolación, se agranda el abismo, padecen una horrenda, abominable e infernal desolación, por ello es que buscan desesperación, aceptación, reconocimiento, ser tomadas en cuenta.

 Sufren ardores infernales, padecen abominables deformaciones que las asemejan a demonios, están totalmente perdidas, se han autodestruido en vida movidas por ese deseo desesperante de lograr adoración, aceptación, reconocimiento.

 Es una horrenda exaltación del ego humano lo que vivimos en estos tiempos, se enorgullecen las cerdas mientras que prescinden de Dios, se esfuerzan por creer que son diosas, reinas, superiores, algo adorable.

 Repugna esta creación sin Dios en la que las almas se pudren deformándose a imagen y semejanza de demonios. Repugna aquello en lo que han llegado a convertirse moviéndose por esa desesperante ambición de ser adoradas.

 Reina la mentira en el interior de las almas y en el mundo, se ha dejado a Dios olvidado, de lado, es negado, condenado, rechazado, las almas se desesperan por satisfacer su ego-abismo generando mas olvido y negación de Dios, produciendo mas orgullo, practicando aun mas la misma egolatría por la que se pudren y autodestruyen.

 Es horrenda exaltación de la humanidad que las deja convertidas en seres bestiales, abominables, infernales, y como tales, desesperados por lograr adoración, aceptación, reconocimiento, veneración, etc.

 Cada uno en sí se olvida de Dios, reniega de Él y se dedica a adorarse y a hacerse adorar, y como esto es generalizado, Dios queda aparte de la creación, de manera que solo hay exaltación humana movida o provocada por esa desesperante ambición de lograr adoración.

 Quieren adoración porque están vacías, desoladas y sin Dios, suponen que al lograr ser adoradas se librarán del vacío que las consume, no ven que de esta manera es como lo están provocando y que ahí es donde se perderán para siempre.

SON CONSCIENTES DE SU MISERIA



SON CONSCIENTES DE SU MISERIA


 Se ahogan en un vaso de agua las personas, se ahogan-pierden en sí mismas, naufragan en su propia miseria, en la ausencia de Dios que han generado.

 Se obsesionan pensando en sí y terminan olvidándose de Dios aun cuando hablen sobre Él todo el tiempo, no hacen mas que exaltar su ‘yo’ buscando desesperadamente adoración, aceptación, reconocimiento.

 Quieren evitar ser olvidadas, ignoradas, descartadas, menospreciadas, y eso mismo que les preocupa es lo que están sembrando, y por ello es lo que cosecharán. A Dios están tratando de esta manera y es así como serán tratadas.

 Se olvidan de Dios, piensan obsesiva, egoísta, miserable, desesperada e histéricamente en sí, buscan la manera de lograr ser tomadas en cuenta, no olvidadas, no viendo que así es como reniegan de Dios, prescinden de Él, se apartan, separan, hunden en las propias tinieblas.

 Se han convertido en una abominable desolación, en expresiones de la rebeldía contra Él y de la negación de la Verdad, son expresiones de la mentira, de satanás, del cerdo infernal.

 Utilizan el tiempo para autodestruirse, demolerse, transformarse y colocarse bajo la esfera de influencia de los demonios, son una abominación desoladora, fuentes de inmundicias, vicios, corrupciones, perversión infernal que profana la faz de la tierra.

 Son renegadas ególatras orgullosas desesperadas por lograr ser adoradas, llevan una existencia meramente humana y sin Dios que acaba degenerando en satanismo, todos sus esfuerzos son para perderse.

 Están encerradas en sí, donde quieren estar, olvidadas de Dios, que es como quieren estar, luego se quejan de las tinieblas que padecen, del acoso y la persecución de los demonios y del asedio constante de todos los enemigos espirituales.

 Al no amar a Dios quedan encerradas, hundidas, ahogadas, aisladas en sí y ahí se pierden, naufragan, se descomponen, pudren, arruinan, estropean, etc., encaminándose a condenarse.

 Son solo conscientes de su miseria, una ruina abominable, inmundicia infernal, por ello es que se desesperan temiendo el justo odio y desprecio que merecen y buscan.

 El problema es que deberían hacer un esfuerzo para levantarse, salir de ese abismo de egolatría narcisista infernal y comenzar a merecer de esta manera no ser condenadas, descartadas, olvidadas.

 Considerar que se cosecha la siembra y al sembrar olvido de Dios, cosechan el mismo olvido en el que se pierden desesperadas porque advierten que no son notadas, que son olvidadas, negadas.

 Mientras continúen olvidándose de Dios, mientras que sigan renegando de Él, van a seguir padeciendo el abismo de ego-orgullo que están generando, el mismo por el que se quejan y lamentan. Se olvidan de Dios porque no lo buscan, porque no hacen real discernimiento de Su Voluntad.

DE MAL EN PEOR



DE MAL EN PEOR


 Tenemos que empezar a buscar a Dios y colaborar en Su Revelación, de lo contrario quedaremos privados de Él y acabaremos por convertirnos en una exaltación de la abominación desoladora.

 No amamos a Dios, nos hundimos-sumergimos en nosotros mismos y de esta manera es que quedamos perdidos, ahogados en la nada miserable que somos desesperándonos y preocupándonos inútilmente.

 Una existencia meramente humana y sin Dios, sin un Dios Vivo que pueda Revelarse, pasar, intervenir, termina siendo una existencia miserable que degenera en satánica.

 Llevan las almas sobre la faz de la tierra una existencia miserable, orgullosa, viciosa, corrupta, se encaminan a la perdición eterna, se autodestruyen arruinándose de manera irrecuperable, se convierten en satánicas, e incluso muchas no se dan cuenta o hasta dicen no obrar mal.

 El culto a sí mismo, a la propia imagen-personalidad es satanismo, la egolatría es satanismo, el narcisismo es satanismo, ese enfermizo y abominable creerse dioses, reyes, superiores, mejores, es de cobardes y es satanismo.

 Celebrar las fiestas satánicas, del esoterismo, de las brujas, se ha vuelto común, incluso hasta una moda, pero por mas que digan que es algo inofensivo, están entregándose, consagrándose y poniéndose a disposición de demonios. Entre éstas podemos mencionar halloween, wallpurig, carnavales, equinoccios.

 Por mas que quieran creer que nada malo ocurre, si le están abriendo las puertas a los demonios, la verdad es que no les va a ir bien, si toman veneno queriendo creer que nada malo ocurrirá se mienten y demuestran alto grado de estupidez, lo mismo si le abren las puertas de su casa a delincuentes.

 Día y noche no dejan de renegar de Dios, de prescindir de Él, de pretender pasar sobre la faz de la tierra como si Dios no existiera, eso es entregarse a demonios, exponerse a sus caprichos y prepararse para padecer una ruina abominable en el mundo y para siempre después.

 No solo es malo lo que hacen, sino que es abominable el querer creer y hacer creer que eso malo que hacen no es malo sino bueno, lo repugnante es ese capricho delirante donde quieren imponer que sea tenido por bueno lo que siempre fue malo y siempre lo será.

 Llegan al colmo del delirio de soberbia donde olvidan que mienten creyendo sus propias mentiras y convirtiéndose en repugnantes serpientes desesperadas por realizar obras perversas y empeñadas en hacer creer que son buenas. Esto es también el colmo de los caprichos.

SE APARTAN DEL SALVADOR



SE APARTAN DEL SALVADOR


 Al faltarles amor a Dios a las almas generan amor propio, se aman a sí, se adoran a sí, o peor, a lo que en su interior ha surgido, se ha alzado, lo que engendraron al apartarse de Dios.

 No aman a Dios, se separan de Él, ¿Qué es lo que puede surgir?, tinieblas, vacío, ausencia, olvido de Dios, amnesia espiritual, un caldo de cultivo para espíritus impuros, verdadero nido de serpientes, guarida de demonios.

 Lo que el oxigeno es para el cuerpo es Dios para el alma, por ello es que si no abrimos la puerta nos ahogamos. Abrir la puerta significa orar, ir al encuentro con Dios.

 Notar la diferencia con lo que se enseña comúnmente en el mundo, hoy se habla de ir al encuentro con el hermano, como si la persona fuese una especie de diosa protectora que beneficia a otros con caridad alimentando de esta manera su ego, conformando su orgullo y dedicándose a la egolatría.

 Ahí se deja a Dios aparte, se vive como si no existiera y continúan las almas practicando egolatría, narcisismo, siguen un camino de perdición, autodestrucción, ruina, en el que se asemejan a demonios.

 Las almas prescinden de Dios, reniegan de Él, se hunden en sí, les surge miedo, angustia, preocupación, se desesperan por lograr ser amadas, adoradas y no despreciadas en ese abismo-vacío.

 Ahí es donde entran fácil en la amarga y abominable doctrina del humanismo, porque desesperadas por obtener adoración, aceptación, reconocimiento, fingen interés, preocupación, dedicación, atención, etc., a otros, y así es como Dios continúa quedando aparte.

 De esta manera es como las almas se ponen de acuerdo para prescindir de Dios y no para buscarlo como debieran, así es como construyen un mundo sin Dios, apoyado en la mentira, dedicado a la egolatría y que acaba por convertirse en un infierno de ausencia y de negación de Dios, de asquerosa e inmunda rebeldía infernal.

 En su desesperación angustiante e histérica por lograr adoración, aceptación, reconocimiento, se adulan, alaban, se dedican a la mentira. Son dominadas por el miedo, controladas por ese deseo desesperante de obtener adoración y de evitar el desprecio.

 Se dedican exclusivamente a sí, o peor, a su abismo-vacío, a esa ausencia de Dios que han generado. De esa manera siguen engendrando ausencia de Dios, olvido y negación de Él, continúan dedicándose a vicios, inmundicias, abominaciones, hipocresías.

 Han perdido totalmente el rumbo, se han extraviado, se han convertido a sí en desperdicio abominable y repulsivo, se han convertido en descarte, en excremento de demonios que no son dueñas de sí, sino esclavas que se empeñan en autodestruirse renegando y prescindiendo de Dios, apartándose del Salvador.

EXCESIVO HUMANISMO



EXCESIVO HUMANISMO


 Como no hemos buscado a Dios y no nos hemos entregado a Él, seguimos hundidos, sumergidos, abismados y perdidos en nosotros mismos.

 No amamos a Dios, nos olvidamos de Él, prescindimos de Nuestro Creador, quedamos siempre pensando en nosotros mismos y no hacemos otra cosa mas que eso olvidándonos de Dios y de todo.

 Nos volvemos sumamente conscientes de nosotros e inconscientes de Nuestro creador, quedamos ajenos a la realidad, disociados de ella, perdidos o evadidos en fantasías en las que terminamos perdiéndonos, verdaderamente estamos extraviando el rumbo y encaminándonos a perdernos para siempre.

 El problema es simple de comprender, nos falta lo esencial, nos falta el amor a Dios, a Nuestro Creador, lo esencial, lo que es lógicamente lo primero.

 Somos egoístas, miserables, desamorados ególatras que hacen caprichosamente lo que desean que es preocuparse por sí, que se olvidan de Dios para encerrarse-aislarse en sí mismos.

 Al pasar por el mundo de esta manera, estamos viviendo como en el infierno acá en la tierra, luego, no podemos quejarnos de lo que padecemos, toda nuestra vida se ve trastocada y el principio para el desastre que nos aqueja, la tormenta que nos azota, lo hemos dado nosotros al prescindir de Dios, renegar de Él, oponernos a Su Voluntad.

 Un grano de arena que se ponga de pie y desafíe a una persona es lo que parecemos cuando nos oponemos a Dios, prescindimos de Él y pretendemos que somos algo importante, grande, superior, etc., verdaderamente somos delirantes.

 Somos delirantes de soberbia, no dejamos de drogarnos con este veneno infernal y de creer lo que se nos antoja, viene en ganas, ocurre. Creyendo cualquier cosa terminamos viviendo cualquier cosa, nuestra existencia sobre la faz de la tierra es lo que creemos y en consecuencia de lo que vivimos.

 Esto es así mas allá de lo que cada uno diga o quiera aparentar, fingir, porque si nos creemos dioses prescindiendo de Dios, terminamos viviendo en consecuencia a esta creencia por mas que digamos hipócritamente que somos humildes y pretendamos aparentarlo.

 Somos verdaderamente humildes cuando discernimos la Voluntad de Dios y lo obedecemos.

 Se practica hoy en día un excesivo humanismo, desbordan las almas de humanismo, lo que significa que explotan de amor propio, mientras que se hallan completamente vacías de amor a Dios.

30 de diciembre de 2014

NO VA A CONSEGUIR LO QUE BUSCA



NO VA A CONSEGUIR LO QUE BUSCA


 Los desprecios, rechazos, etc., son los que generan en las personas el miedo, la preocupación por sí, y consecuentemente, el dedicarse a buscar aceptación, reconocimiento, evitar nuevos desprecios, rechazos, etc.

 Un desprecio puede marcar incluso en el vientre materno cuando la persona es concebida si no es querida, ahí se impregna en el alma el miedo, se genera la preocupación por sí.

 Desde ese momento queda condicionada y se encamina a hacerse amar, adorar, ver, reconocer, aceptar.

 Eso es lo que determina que haga siempre buscando reconocimiento, aceptación y por ello, que haga lo que el mundo valora, estima, aprecia, aprueba. De esta manera es que se convierte en banal, superficial, excéntrica, ególatra.

 Puede esforzarse para no ser mala, para parecer buena, pero la realidad es que termina siendo egoísta, miserable, porque vive consumiéndose en la desesperante angustia de miedo, de la inútil preocupación por sí.

 Se halla encerrada, hundida y perdida en el abismo de su miseria, dedicada completamente a hacerse amar, adorar, satisfacer, conformar.

 Cree que se salva, es decir, que evita desprecios obrando de esta manera, pero así es como se vuelve esclava, de esa manera es que crece el miedo y se ahoga en la preocupación.

 Se hunde-pierde en tinieblas, en sí, se olvida de Dios, prescinde de Él, se desespera por hacerse amar, adorar y ahí es donde hace cualquier cosa en el mundo para obtenerlo, pero la realidad es que se consume y no logrará lo que quiere.

 No obtendrá lo que busca porque esta pidiéndole al mundo amor, lo que no tiene ni quiere dar. Además, esta dedicándose a una venganza inconscientemente.

 Lo que debe hacer es buscar esa raíz, limpiarse, purgarse, purificarse, perdonar el primer desprecio para ser liberada, debe permitir el Paso Libertador del Señor, abrirse a Él, orar, porque de esta manera vence el miedo que la domina y deja de dedicarse a perjudicarse.

 Mientras no permita al Señor hacer la limpieza, purificación, su Paso, seguirá atada, dominada, controlada, sometida por el miedo, continuará siendo impura, sucia, y seguirá viendo eso que la preocupa, domina, somete y que determina su voluntad, lo que hace o deja de hacer.

 Esto significa que, sin permitir al Señor hacer limpieza, purificación, la persona continúa viendo-recordando, sigue siendo consciente de aquel recuerdo, y luego, instintivamente trata de liberarse del miedo que le genera dedicándose a hacerse amar, adorar, ver, acepar, reconocer.

CONSTRUYEN EN LA ARENA



CONSTRUYEN EN LA ARENA


 Como estamos preocupados por nosotros mismos, terminamos haciendo cualquier cosa con la intención de lograr ser amados y no despreciados, tomados en cuenta y no ignorados, y así es como nos hundimos mas aun en el abismo de olvido y de negación de Dios que generamos, o sea, nos volvemos ególatras.

 Nos enredamos en cosas inútiles, perdemos el tiempo en cosas sin importancia a las que les asignamos mucho valor, pero eso solo demuestra la falta de juicio, de capacidad para discernir, la corta visión que tenemos.

 No hacemos mas que preocuparnos egoísta y miserablemente por nosotros mismos, y por ello es que perdemos el tiempo haciendo cosas inútiles, banales, superficiales, triviales por las que suponemos y esperamos ser amados, adorados, no despreciados, etc.

 En definitiva, estamos dominados, sometidos, aplastados por el miedo y hacemos lo que éste quiere, lo conformamos, y por ello es que nos vence, domina, controla, sigue creciendo.

 Sucede con el miedo lo mismo que con cualquier vicio, si lo satisfacemos, crece, si lo conformamos se multiplica, el camino es absolutamente al revés, debemos ignorarlo, vencerlo.

 Vencemos el miedo olvidándonos de nosotros mismos, dedicándonos a Dios, buscando y discerniendo Su Voluntad para obedecerlo-seguirlo.

 Dios mismo nos conduce a vencer el miedo, para ello es la fe, y la verdadera fe, la confianza en Él, no en sí mismo. Él nos conduce a vencer el miedo y liberarnos de su tiranía, nos devuelve a la comunión con El haciéndonos partícipes de la Vida, de Su Vida.

 Hacemos cosas inútiles o cosas que no resultan, y de esta manera es como terminamos perdiendo el tiempo dando vueltas y dejando de lado lo esencial, Dios. Tenemos que comenzar por buscarlo, seguirlo, obedecerlo, dejar de dar vueltas y de perder el tiempo en lo inútil y secundario.

 No vamos a ir lado alguno mientras que no obedezcamos a Dios, mientras que no hagamos lo que Él nos pide. Nada va a resultar, nada va a ser de valor real, porque consumimos en la arena y con barro, solos nos condenamos a la ruina, el fracaso.

 Es mas, nos condene que nos vaya mal para que no nos engañemos, para que no perdamos el tiempo dedicándonos a lo inútil, aquello que nos condena a las tinieblas del olvido y la negación de Dios.

¿ORGULLOSO DE SÍ MISMO?



¿ORGULLOSO DE SÍ MISMO?


 Debemos aprovechar las dificultades, desgracias, problemas, contratiempos, etc., para aprender a vivir, para salir de nosotros mismos y abandonar la egolatría narcisista infernal.

 Debemos aprender a olvidarnos de nosotros mismos, a ponerle límites al ‘yo’, porque si no lo hacemos crece desmedidamente, nos domina, somete, aplasta, esclaviza, prevalece arrastrándonos a las tinieblas, sometiéndonos a los enemigos infernales, condenándonos para siempre.

 Nos condena al olvido de Dios, a su ausencia, porque nos impone que lo miremos, le prestemos atención a él, que le procuremos satisfacción, lo conformemos, lo obedezcamos, etc., cosa que nos hace hundir la mirada en el abismo del ego.

 Completamente dedicados a satisfacer ese ‘yo’, lo engrandecemos, ensanchamos, extendemos y al final es tan ‘yo’ que termina siendo ‘él’ y se mueve en manera absolutamente independiente sometiéndonos, esclavizándonos y arrastrándonos a las tinieblas.

 Creemos que es bueno dedicase a sí mismo, lo creemos porque tenemos miedo, porque suponemos que nadie va a hacerlo o porque tememos que no lo hagan bien.

 Considerar que, cuando supuestamente nos dedicamos a nosotros mismos, lo que hacemos en realidad es empeñarnos en hacer que otros se ocupen de nosotros.

 Esto se debe a que nos tenemos lástima, pena, autocompasión, inconscientemente reprochamos a otros no amarnos y así les imponemos, demandamos, exigimos que lo hagan y que lo demuestren a diario.

 Eso nos convierte en egoístas, miserables, orgullosos desamorados, hipócritas que fingen amor cuando en realidad se dedican a enlazar, atar, encadenar, etc., a otros.

 Tenemos al ‘yo’ como si fuese un rey, pero es un tirano que nos somete, domina, esclaviza, nos obliga a procurarle satisfacción, y después, como tontos, queremos creer que ese ‘yo’, somos nosotros mismos, pero es él, es independiente.

 Además, todo cuanto nos lleva a hacer para satisfacerlo, es ruina, miseria, vicio, corrupción, lo que nos condena al olvido y la negación de Dios, lo que nos vuelve ególatras, o sea, adoradores de ese ‘yo’ delirante que no dejamos de satisfacer.

NOTAR LO QUE SUCEDE



NOTAR LO QUE SUCEDE


 Por mas que hagamos bien, perfectamente, en forma completa e inmejorable todo en el mundo, si nos falta amar a Dios que es el principio de una buena vida, nos falta todo.

 Partimos de mala base, prescindimos de Dios, renegamos de Él, nos apartamos de la Fuente de la Vida, Dios mismo.

 Lo primero y esencial es buscar la comunión con Dios, volver a Él, porque Él Es la Vida misma, separados de Él somos como una rama que es cortada, podemos seguir con vida un tiempo, pero al final la consumimos y luego comenzamos a consumirnos volviéndonos oscuros, retorcidos y reduciéndonos a polvo.

 Podemos hacer cosas buenas a favor de otros, ayudarlos, asistirlos, socorrerlos, pero nos falta lo esencial, nos falta buscar a Dios y obedecerlo, y así es como beneficiamos a otros.

 Generalmente cuando decimos y fingimos que hacemos algo bueno por otros, lo que en realidad estamos haciendo es buscar aceptación, reconocimiento, adoración, evitar un rechazo.

 Inconscientemente nos defendemos contra el miedo que nos domina, nos sometemos a éste conformándolo, haciendo lo que nos sugiere y así es como nos convertimos en esclavos de ese miedo, y luego de otos, de sus caprichos, ego, vicios.

 Nos domina el miedo, nos somete, esclaviza, aplasta y determina la voluntad, hacemos lo que ese miedo-debilidad-abismo-vacío exige, nos dedicamos a fingir amor, interés, caridad con la intención de lograr adoración, aceptación, reconocimiento.

 Obrando de esta manera no vemos lo que en realidad hacemos, no lo comprendemos, quedamos dedicados a satisfacer-conformar el miedo y hacemos cuanto nos exige-demanda-sugiere suponiendo que es por y para nuestro bien, cuando la realidad es solo sirve para conformarlo, y si lo conformamos, crece.

 Lejos de liberarnos del miedo, al conformarlo, satisfacerlo, obedecerlo, o que hacemos es darle poder para que determine nuestra vida, que la controle y nos autodestruimos, nos consumimos en el olvido y la negación de Dios.

 Notar lo que sucede, queremos remediar las consecuencias de estar separados de Dios separándonos aun mas de Él, dedicándonos mas a la egolatría.

FALTA LO ESENCIAL, EL AMOR



FALTA LO ESENCIAL, EL AMOR


 Podemos obrar bien, con buena intención, podemos hacer cosas buenas en el mundo, incluso hasta podemos llevar una vida perfecta según los estándares del mundo, pero, eso no significa que tengamos verdaderamente vida.

 Tenemos una mera existencia, algo muy mundano, terreno, vacío de espiritualidad, cuando la realidad es que la Vida Verdadera esta en el Espíritu.

 Nos falta una verdadera vida, por ello es que sentimos el vacío, padecemos la desolación, y por mas que hagamos todo ‘perfecto’ según el mundo, no hallamos paz, consuelo, alegría ni nada bueno.

 Por mas bueno que sea cuanto hacemos, por mas que nos esforcemos, estamos construyendo estructuras vacías, vidas desoladas, existencias meramente terrenales que nos dejan un sabor amargo.

 Esto es porque nos falta crecer, evolucionar, madurar, progresar en el amor, en la vida, en la espiritualidad, desarrollando un espíritu vivo, viviente, de vida verdadera.

 Desarrollamos un verdadero espíritu de vida cuando amamos, pero no a cualquiera ni cualquier cosa, tampoco cuando nos amamos-adoramos a nosotros mismos.

 Hoy en día se dice que espiritualidad es el culto a si mismo, a la propia imagen-personalidad, eso es egoísmo, narcisismo, eso es propio de cobardes orgullosos ególatras desamorados que se encierran en sí, que se aíslan para adorarse y para evitar abrir realmente su corazón.

 La verdadera espiritualidad consiste en comenzar por el principio, es decir, por Dios, es lo lógico, lo racional, lo coherente, nadie se hizo a sí mismo, hemos sido creados por Dios, y es a Dios a quien hay que amar en primer lugar.

 Amamos a Dios cuando discernimos Su Voluntad y lo seguimos-obedecemos prefiriéndola a nuestra voluntad y colaborando en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Después sí debemos amarnos ordenadamente a nosotros mismos, pero ahí mismo ya lo estamos haciendo, pues amarse en verdad a sí mismo consiste en buscar y obedecer a Dios, en alcanzar la comunión con Él, porque Él Es la Vida.

 Después debemos amar a los que nos quieren queriendo y colaborando en su verdadero  eterno Bien, es decir, en la comunión con Dios, y lo mismo en último lugar para los que no nos quieren.

SIN NOTAR LO QUE HACEMOS



SIN NOTAR LO QUE HACEMOS


 Desde hace tiempo, prácticamente desde siempre, vivimos por y para nosotros mismos, indiferentes a Dios, dedicados a satisfacer el ego, conformar el orgullo y saciar vicios.

 Somos ególatras narcisistas que solo y siempre se preocupan por si, que se desesperan por conformar su abismo infernal generando tinieblas para sí y para el mundo.

 Reina, impera, el olvido de Dios, el reniego contra Su Voluntad, la dedicación miserable, orgullosa y repugnante a satisfacer vicios, conformar ambiciones, un empecinamiento horrendo en deformarse, en convertirse en semejante a demonios.

 Puede ser bueno o no, pero en esencia es indiferencia a Dios y eso es malo realmente mas allá de lo que resulte o parezca superficialmente.

 Construimos una mera existencia en el mundo que genera en nuestro interior un abismo, un gran vacío, una abominable ausencia de Dios. Provocamos el olvido y la negación de Él quedando en tinieblas.

 Puede irnos ‘bien’ según el mundo, pero en esencia estamos provocando un infierno de ausencia de Dios, una abominable desolación infernal en la que nos deformamos a imagen y semejanza de demonios, y por la que acabamos perdiéndonos.

 Estamos encerrados en nosotros mismos, dedicados a la egolatría, el narcisismo espiritual, empeñados en satisfacer vicios, conformar ambiciones, saciar el ego, realmente vagamos sin rumbo, o peor, con mal rumbo internándonos en tinieblas, sumergiéndonos en el abismo y preparándonos para perdernos.

 Existencia miserable, orgullosa, banal, vacía, trivial, por mas que según el mundo seamos reputaos como algo bueno, somos detestables porque hemos renegado y prescindido de Dios, que es lo que nos ha dejado completamente vacíos, convertidos en abismos.

 Olvidados de Dios dedicados a nosotros mismos, perdidos en el mundo, acabamos por consumirnos en deseos de adoración, aceptación, reconocimiento, sin notar siquiera lo que estamos haciendo, sin comprenderlo.

QUEREMOS ENGAÑARNOS, PERO LA REALIDAD NOS GOLPEA



QUEREMOS ENGAÑARNOS, PERO LA REALIDAD NOS GOLPEA


 Los tropiezos, las desgracias, problemas, dificultades, sirven para sacar a relucir lo malo que hay oculto en nosotros. Mientras prevalecemos, reinamos, imperamos, mientras que podemos hacer lo que queremos, aparentemente nos encontramos tranquilos.

 Cuando llegan las dificultades, se descontrola todo, quiere prevalecer nuestro ser inmundo, corrupto, bestial, aquello que realmente esta ahí y somos.

 Nos desesperamos por controlar lo que se descontrola, lo que tememos que nos controle, por ello es que nos descontrolamos mas.

 La verdad es que siempre llega un punto en el que no podemos reinar, prevalecer, imperar, donde somos derrotados irremediablemente, en el que no podemos sino tropezar.

 Hagamos lo que hagamos, nada va a resultar, irremediablemente vamos a perder, lo único que hacemos es estirar la agonía y provocarnos desgracias mayores.

 Tenemos que rendirnos, aprender a perder, aprender a renunciar, aprender a rendirnos, abandona ese orgullo delirante, abandonar ese querer creerse dioses, superiores, etc., porque eso es lo que nos esta convirtiendo en semejantes a demonios.

 Tropezando, padeciendo dificultades, viendo-comprobando que nada podemos, tenemos que rendirnos, dejar de renegar, quebrarnos, darnos por vencidos, aniquila el orgullo, admitir la verdad, que sin Dios no podemos.

 El tropiezo es necesario para liberarnos del orgullo, para detenernos, para que no sigamos corriendo al abismo desesperadamente como venimos haciéndolo.

 Lo vemos-percibimos como una desgracia, pero es una bendición porque evita que nos sumerjamos en el abismo delirante de egolatría narcisista infernal, camino que nos condena.

 Debemos admitir que necesitamos de Dios, del Señor del Salvador, y ahí renunciar a nosotros mismos, pedir humildemente Que Venga-Pase-Vuelva a nuestra vida realizando sus obras, devolviéndonos a la Vida, a la Vida Eterna.

 El Señor nos guía, pero si no lo escuchamos, si no le prestamos atención, no puede hacerlo, y así es como continuamos sumergiéndonos en el abismo de egolatría autodestruyéndonos.

 Debemos aprender a confiar en Dios, a seguir al Señor, a perseverar negándonos a nosotros mismos para vivir en una verdadera confianza en Él, porque querer creer que no lo necesitamos es querer creer una mentira, es esforzarse por convencerse de una mentira, o sea, es engañarse a sí mismo.

 Queremos engañarnos convenciéndonos de que somos dioses y que no tenemos que confiar en dios, que no tenemos que vencer el miedo, pero la realidad nos golpea devolviéndonos a ella y sacándonos de ese delirio.

29 de diciembre de 2014

AUTODESTRUYÉNDOSE POR MIEDO



AUTODESTRUYÉNDOSE POR MIEDO


 En medio de los padecimientos, tormentos, castigo, de todo aquello que nos quiera hacer pasar el adversario, sale a relucir la rebeldía oculta, el alma escupe el veneno, algo que tenía guardado.

 Es como una astilla, lo que la molestaba y que quedó enterrado, un dolor un desprecio, una humillación, un maltrato.

 Ahí es donde dice furiosa, desatada como demonio descontrolado ‘quiero’, ‘no quiero’, ‘yo no quería’, ‘¡Ya basta!’, ‘no puedo mas’, ‘me podrí’ etc., una vez que confiesa eso, queda a la vista y expuesto lo que realmente es, aquello que ni ella misma conoce.

 Es necesario pasar por esto para que el alma sea purgada, purificada, para que saque, escupa, vomite su podredumbre.

 Lo que hay que hacer es orar, perseverar, seguir adelante, buscar a Dios, renunciar a sí mismo. Todo es un proceso que puede ser aprovechado en este sentido, para purificación.

 Si el alma no ora puede ser arrastrada en ese estado de desesperación infernal a hacer cualquier cosa suponiendo que es por su bien, alivio o consuelo, y eso es lo que buscan los demonios para tener almas que hagan lo que ellos quieren, no solo para perjudicarlas a ellas mismas, sino para perjudicar a muchos.

 En menor escala a todos pasa lo miso con cualquier cosa, los demonios insisten, golpean, asedian, acusan para que el alma tema por sí en algún aspecto de su vida y se mueva desesperada a tratar de solucionarlo, remediarlo, para que busque cualquier cosa que sirva para solucionar al menos en apariencia esa situación que la avergüenza y que le da miedo.

 Ahí es donde la manipulan usan, donde logran que este preocupada por sí misma, dedicada a sí y olvidada de Dios.

 El alma supone que se defiende, protege, salva, se deja dominar por su ‘yo’ impregnado de miedo que se alza, impone, prevalece y dispone lo que se hace o deja de hacer fingiendo salvar, pero respondiendo en realidad a caprichos y ambiciones infernales.

 Así es como termina siendo controlada por el anticristo personal y se impone apariencias para fingir que vence el miedo y la vergüenza cuando en realidad se ha sometido a éstos.

 Mientras quiera creer este engaño, va a continuar sometida el alma al miedo y a la vergüenza conformándolos, satisfaciéndolos y entregándole su vida a los demonios, autodestruyéndose, arruinándose, perdiéndose y enterrándose en tinieblas, olvidándose de Dios, dedicándose a la mentira y la egolatría.

 Se va a esforzar por ver, crecer y defender la mentira que la oprime por no enfrentar el miedo, y mientras esto hace lo sigue alimentando y sigue creciendo. Ese miedo la devora por dentro, la debilita, oscurece, deforma, estropea, arruina y transforma en demonio.

APRENDER A PERSEVERAR Y SUFRIR



APRENDER A PERSEVERAR Y SUFRIR


 Se desespera por dominar, controlar y someter a las almas el adversario no quiere perder el poder que tiene sobre ella, por eso es que nos ataca, persigue y castiga para que no las rescatemos.

 Esta celoso por un lado, y por el otro pierde su alimento.

 Esta celoso porque era considerado como dios por las que se dejaban engañar, seducir, confundir, y pierde su alimento porque de las almas succionaba vida, les quitaba vitalidad.

 Furioso defendiendo lo que considera suyo, sin reconocer que a Dios lo ha robado, nos ataca, castiga y hace padecer para evitar perderlo e intentar recuperarlo.

 Tenemos que perseverar Dios Es Dios y no importa mas nada que el colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad por nuestro bien y el de muchos.

 Nos ataca por él mismo o por medio de los que colaboramos en rescatar y sacar del abismo.

 También nos infunde miedo, preocupaciones y sugiere e inspira dudas para que temamos, dudemos y terminemos desistiendo o desviándonos.

 Otra cosa que acostumbra es recordarnos y hacernos ver la precariedad de nuestra situación, la debilidad de la situación en la que nos encontramos, como estamos a merced de lo que cualquiera a su servicio quiera hacer.

 Con esto lo que busca es que temamos por nosotros mismos y desconfiemos de Dios, reneguemos de Él y obremos por cuenta propia buscando defendernos.

 Es ahí donde se alza el traidor, anticristo, el ‘yo’, fingiéndose salvador y siguiendo a satanás aparenta defendernos, protegernos cuando en realidad instaura la rebeldía el olvido y la negación de Dios, hace que lo adoremos-sigamos fanáticamente a él.

 Suponemos que nos defendemos, protegemos y que solucionamos lo que nos atemoriza y/o hace padecer, pero en realidad estamos apartándonos de Dios, sumergiéndonos en tinieblas y exponiéndonos a todos los enemigos espirituales.

 Las aparentes soluciones que nos sugiere el adversario, las aparentes salidas ante opresiones, castigos, asedios, etc., son en realidad agujeros done quiere meternos, son rebeldías contra Dios que busca provocar en la que nos elijamos a nosotros mismos, en las que obremos por cuenta propia.

 Lo que debemos hacer es renunciar a nosotros, aceptar lo que nos toca, aprender a sufrir y a seguir, en su momento Dios nos librará o no, pero siempre se hará su Voluntad.

ANTICRISTO, EL TRAIDOR



ANTICRISTO, EL TRAIDOR


 Nos asedia, castiga, hace padecer, nos oprime, aplasta, reprime, atormenta el adversario, satanás, él mismo o alguno de sus demonios.

 Padeciendo y teniendo fe se puede perseverar, pero cuando es prolongado el tormento comienzan las dudas, y cuando comienzan las dudas ya palpamos la debilidad.

 Débiles, dudando, temiendo, podemos quebrarnos, y ahí es donde el enemigo puede imponer su voluntad, suponiendo que nos defendemos terminamos haciendo cualquier cosa, o sea, estamos a su merced, disposición, hace de nosotros lo que quiera.

 Al llegar a este punto considerar lo que ha sucedido, hemos perdido por un traidor interno que nos socavó, debilitó y que se impuso al hacernos dudar, retroceder, abdicar y aceptar la voluntad del enemigo.

 Ese traidor interno es el ‘yo’, es tan ‘yo’ que termina siendo él mismo y se elige, defiende, protege fingiendo que nos protege-defiende, así es como nos doblega arrastrándonos a elegir al adversario, imponiéndonos que lo elijamos a él. El problema es que elegirlo a él es elegir a satanás porque se ha convertido en su portavoz.

 Es un falso salvador, un traidor, es cerdo ególatra tramposo que se desespera por ser elegido y que quiere imponerse, reinar, prevalecer, disponer de nosotros. Esto no o quiere por nuestro bien como dice, sino por ser considerado él como dios sometiéndonos, disponiendo de nuestra ida.

 Este traidor repugnante que solo piensa en él mismo es el testaferro del infierno, el quintacoluminsta de satanás, el anticristo personal.

 Nos dejamos seducir, engañar, dominar, controlar, es un cerdo ególatra que nos lleva a traicionar a Dios seduciéndonos, engañándonos y sugiriéndonos que es por y para nuestro bien cuando en realidad es sumisión y entrega al enemigo, a satanás, porque a éste responde, sirve, adora, sigue.

 Si no hacemos un esfuerzo real por discernir la Voluntad de Dios, terminaremos siendo sometidos por una maniobra conjunta, el adversario desde afuera y el cerdo traidor desde adentro.

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