14 de diciembre de 2014

EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (II)



EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (II)


Tú, el llamado “Paráclito”, Altísimo Don de Dios, Fuente Viva, Fuego, Caridad y Espiritual Unción.


 Llamamos al Espíritu Santo “Paráclito”, porque es el modo en el que El Padre se halla Presente, es la misma Presencia de Dios con nosotros.

 Mientras no buscamos este Don de la Presencia Viva y Real de Dios con nosotros, permanecemos encerrados en tinieblas, hundidos en el vacío-abismo de nuestra miseria, nos encontramos en la ausencia de Dios que es el mismo infierno.

 Dios no va a forzarnos a recibirlo, Él nos ha creado para que podamos elegir en el mundo si queremos tenerlo o no, si queremos ser recipientes llenos o vacíos. Estamos creados con la aptitud de recibirlo, con la capacidad de portarlo.

 Si no lo buscamos y no lo recibimos, estamos vacíos, pero vacíos de Dios ya que en ese vacío se junta mugre, inmundicia, suciedad, se llena de vicios, corrupciones, bichos, es una guarida de demonios.

 El alma sin Dios, vacía de Él, se llena de inmundicias, se convierte en una vida sin Vida, una vida de muerte, una mera existencia terrenal condenada a auto-consumirse ya autodestruirse.

 Dios Es la Vida, si el alma no recibe a Dios, no tiene Vida, solo tiene una existencia limitada, se auto-consume, se corrompe, se pudre y termina extinguiéndose, se muere.

 Sin Dios se transforma a sí misma el alma a imagen y semejanza de los demonios, a la vez que se entrega y expone a éstas que también la devoran-consumen y que aceleran el proceso de descomposición y corrupción como sucede con los cadáveres y los bichos que los devoran por dentro y por fuera.

 Encerrados-hundidos en nosotros mismos, nos encontramos perdidos en el abismo del ego mintiéndonos, engañándonos, sufriendo el tormento de los enemigos infernales y padeciendo la ausencia de Dios.

 Ahí es donde la propia vida sin Dios se vuelve una existencia infernal en la que el alma se autodestruye transformándose a imagen y semejanza de los demonios y es ahí donde terminamos por condenarnos, por perdernos para siempre.

 Lo que debemos hacer es dejar de ser estúpidos delirantes de orgullo, renunciar a la mentira y a los demonios, a todo lo que es nefasto e infernal y comenzar a buscar a Dios, discernir Su Palabra, aceptarla, recibirla, dejarnos corregir por Él.

 Cuando esto hacemos, comienza a venir-volver-pasar y ahí es donde nos limpia, purifica, corrige, donde nos va resucitando, transfigurando, transubstanciando, nos va sacando del sepulcro, de la muerte, del infierno de la egolatría narcisista infernal.

 Si no buscamos su Revelación, permanecemos a oscuras y en esas tinieblas propias, con mas las que nos rodean, terminamos atemorizados dedicados a huir de lo que no vemos ni comprendemos, de manera que somos conducidos a tinieblas mas profundas, abismos mas denigrantes de egolatría narcisista infernal.

 Esto significa que nos volvemos ególatras solo pensamos en nosotros mismos y no hacemos otra cosa mas que obsesionarnos desesperarnos, convertirnos en histéricos infernales que se dedican a imponerse, prevalecer, suponiendo que se defienden contra el miedo negándose a ver la realidad.

 La realidad es que no nos defendemos contra el miedo, lo estamos provocando, aumentando, generando, y al obrar de esta manera, le estamos respondiendo, nos dejamos dominar por éste.

 Nos defendemos contra el miedo venciéndolo, no dejándonos dominar, renunciando a nosotros mismos, buscando a Dios, Su Revelación, haciéndole caso, dejándonos Guiar por Él.

 Considerar que miedo-tinieblas-muerte eterna, son una misma cosa, es un espíritu de orgullo, de olvido-amnesia, de negación de Dios, eso es lo que debemos purgar y vencer para que no nos domine, somete y no termine determinando nuestras acciones.

 Cuando buscamos esa Revelación de Dios estamos buscando esa Fuente misma de Dios, su esencia, lo mas íntimo de su Ser de donde Brota Su Vida, impulso, de donde todo parte, el centro de Dios.

 Buscamos su unción es decir ese don suyo que obra en nuestro interior limpiándonos purificándonos, haciéndonos crecer, evolucionar, madurar, asemejándonos a Él para poder reunirnos con Él, para lograr fundirnos y ser Uno con Él.

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