14 de diciembre de 2014

EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (III)



EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (III)


Tú el de los Siete Dones, Dígito de la Diestra Paterna, Tú Promesa Solemne del Padre, enriquécenos con tu Palabra de Verdad.


 Lo que Dios Es en sí mismo lo da a sus criaturas, se da a Él mismo porque el amor es entrega y Dios es Amor, se entrega por completo.

 Lógicamente no hay criatura capaz de recibirlo, solo María Virgen lo hizo. (Sobre esto leer las obras de Ágreda, Emmerich, Valtorta y Picarreta).

 Lo que hace Dios es darse en partes, porciones de su Espíritu a sus criaturas, de manera que al final de la historia, la humanidad lo ha recibido por completo, pero cada uno una porción.

 Todas las porciones personales recibidas juntas hacen el Don de Dios a la humanidad.

 Jesús Es Dios, Es Su Hijo, por ello es que por derecho propio recibió a Su Padre, a Dios Padre, por completo, pero quiso adquirirlo luego por medio del sacrificio abriendo de esta manera el camino por el que la humanidad lo recuperaría, accedería a Él.

 Se ganó por sacrificio lo que le correspondía por derecho propio por ser Hijo, lo obtuvo por Mérito. El Mérito fue Su Pasión y Muerte.

 Lo que la humanidad perdió en la rebeldía o pecado original, Él rescató al pagar la deuda, al absorber la rebeldía de todas las almas de todos los tiempos y con ese peso en su alma, obedecer al Padre hasta la Muerte, y Muerte en Cruz.

 El Señor con la carga de todas las rebeldías contra Dios a cuestas, no se rebeló, obedeció al Padre hasta la Muerte, de manera que pagó la deuda, obtuvo el rescate de todas las almas.

 Con este Santo Sacrificio de Sí mismo, de su propia Vida, lo que hizo fue rescatar, redimir, comprar a las almas, sacarlas de su camino a la perdición, de su sometimiento a la muerte eterna.

 Lo que hace como Señor y Salvador es ir al encuentro con cada alma y ofrecerle el Don de la Salvación, de este rescate-redención que Él logró al precio de su Vida.

 Esto lo hace en la vida diaria, personal, cotidiana, donde las personas deben sortear dificultades negándose a sí mismas, aprendiendo a morir a su orgullo, a renunciar a la voluntad propia.

 Ahí es donde administra el remedio y va pagando en cuotas el rescate, efectuando la redención, logrando la salvación, con la colaboración del alma que renuncia  así misma en lo puntual que Él le pide para liberarla, rescatarla, redimirla, salvarla, para hacerla vencer a la muerte, para purgarla, limpiarla, resucitarla, devolverla a la comunión con El Padre por medio de Él en Su Espíritu.

 Con su Santo Sacrificio logró abrir una ventana de tiempo, evitar el camino irremediable a la perdición que la humanidad había tomado desde su rebeldía inicial a la Voluntad del padre donde quedó ligada al adversario, serpiente antigua, satanás, el primer perdido.

 Esta ventana de tiempo significa que puede intervenir en el tiempo, en la vida de cada uno en forma intermitente, constante o como lo disponga, para ofrecerle al alma la posibilidad de abandonar la egolatría narcisista infernal y sacarla así de las tinieblas, del camino de la perdición.

 Si la persona acepta esta irrupción de Dios en su vida, Su Paso Libertador, si colabora en el Bien Verdadero y Eterno Que Dios Quiere Hacerle, va venciendo a los enemigos espirituales y va logrando salir de sí para entregarse al Padre y así volver a Él, para lograr la comunión que la devuelve a la vida, comunión de amor.

 Es comunión de amor porque el alma renuncia a sí misma, sale de sí y se entrega, y como el amor es entrega, ese amor la iguala a Dios que la recibe y puede entregársele fundiéndola con Él y otorgándole la Vida Eterna.

 Hablamos de Siete Dones porque todo lo Que Es Dios, se abre en Siete Dones a la humanidad, cada persona recibe una porción de cada uno de éstos, una porción perfecta de Dios.

 Es El Dígito de la Diestra Paterna en el sentido de que por medio suyo Dios todo lo hace, o sea, por su mismo Amor-Esencia.

 Es la Promesa Solemne del Padre porque es lo que El Padre mismo le prometió a la humanidad que daría luego de aplicarle el castigo en el pecado original, y es lo que prometió al Hijo que haría cuando en la oración del Huerto habló a solas con Él finalizado ese durísimo combate espiritual de tres horas.

 Nos enriquece con Su Palabra porque se expresa por medio de ella, porque es Creadora, puede hacernos de la nada y darnos Vida nueva, no son solo palabras, es Vida, es Espíritu.

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