7 de julio de 2015

AHÍ SE CONVIERTEN LAS ALMAS EN DEMASIADO IGUALES A DEMONIOS



AHÍ SE CONVIERTEN LAS ALMAS EN DEMASIADO IGUALES A DEMONIOS


 Cuando las almas reniegan de la Verdad, eligen volverse semejantes a demonios, luego no pueden evitar encontrarse en el abismo mismo que están construyendo, el infierno de ausencia de Dios en el que se arrojan.

 Cada vez que reniegan de Dios están hundiéndose en sí y están sometiéndose a los demonios que aprovechan al verlas sin Dios para echarse encima y devorarlas.

 De por sí ya son caprichosas, los hechos de la vida cotidiana son para que aprendan a rendirse, a rendir el orgullo y entregarse a Dios, para que vuelvan verdaderamente a Él.

 Desgraciadamente no los aprovechan en este sentido, todo lo contrario, los usan para volverse mas obsesivas, caprichosas, orgullosas, desesperadas e histéricas, o sea, los utilizan para corromperse y depravarse mas llegando a asemejarse demasiado a demonios.

 Las dificultades, humillaciones, desgracias, contratiempos, etc., son para que aprendamos a limitar el orgullo, para que dejemos de satisfacer el ego, para que volvamos a la realidad y comprendamos que no somos esos dioses que queremos creer que somos.

 Queremos creer que somos dioses cuando suponemos que todos tienen que adorarnos, obedecernos, servirnos, prestarnos atención, hacernos caso, postrarse a nuestros pies, estar completamente al servicio de nuestros intereses.

 Podemos fingir humildad, pero si no discernimos la Voluntad de Dios y no lo obedecemos, vamos por mal camino, por muy mal camino porque engañamos, fingimos, somos hipócritas.

 Ahí es donde debemos abrir los ojos o nos perderemos para siempre. cuando nos toca padecer podemos ver la verdad cruda, como no la hemos querido comprender, como no la vamos a ver mas, ahí vemos la nada inútil y miserable que somos, aquello en lo que nos hemos convertido al renegar de Dios.

 Al padecer odios, persecuciones y desprecios podemos comprender realmente lo que somos y merecemos, aquello que es justo que cosechemos porque es lo que a Dios le hemos dado.

 Tenemos que dejar de defender el delirio orgulloso y dejar de buscar desesperados satisfacción para el ego, porque ahí es donde estamos convirtiéndonos en demonios descontrolados.

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