27 de julio de 2015

ESE CERDO ES EL QUE NOS PERSIGUE



ESE CERDO ES EL QUE NOS PERSIGUE


 El Señor nos da la oportunidad de hacer un santo sacrificio de nosotros mismos, de negarnos a nosotros para elegirlo a Él.

 Permite que el adversario nos tiente, ataque, desafíe, provoque, etc., para que podamos vencerlo, rechazarlo, humillarlo.

 Es para que no nos dejemos engañar, envolver, convencer, es para que no nos elijamos a nosotros mismos, para que nos neguemos, para que renunciemos a nosotros entregándonos a Dios.

 El adversario nos golpea para imponer que nos elijamos a nosotros mismos, para que seamos egoístas, ególatras, miserables, desamorados, y nos azota, castiga, asusta, etc., pegando donde mas duele, donde cree que obtendrá su mas segura victoria.

 Ahí es donde debemos vencerlo nosotros, ahí es donde tenemos que rechazarlo eligiendo a Dios, renunciando a nosotros mismos.

 Cuando mas preocupados, débiles y dominados por el miedo estemos, mas terminaremos eligiéndonos a nosotros mismos, pero ahí es donde tenemos que vencernos y elegir a Dios, salir del abismo de egolatría, levantar la cabeza, buscar a Dios, discernir Su Voluntad y seguirlo.

 Debemos entregarnos a lo que es Voluntad de Dios o así lo parce en la confusión del combate. La entrega debe ser total e incondicional, sin reservas, con valor, como verdadero y total sacrificio de sí mismo.

 A veces no vemos con claridad lo que Dios quiere o lo vemos mas grave de lo que realmente es porque así quiere presentarlo el adversario buscando imponernos que rechacemos a Dios.

 Considerar que acá el adversario nos va a presentar como que es Voluntad de Dios lo que en realidad es un capricho suyo. Esto lo hce para generar enojo, para provocar rebeldía contra Dios.

 Si no consigue tales cosas, si no obstante obedecemos a Dios con dolor y negándonos a nosotros mismos, lo que quiere lograr es que caigamos en lástima, pena, autocompasión.

 Si no logra esto busca provocar despecho, rabia, bronca, furia, ira, quiere que vomitemos odio por haber obedecido a Dios, por haberlo elegido y por haber renunciado a nosotros mismos.

 Son múltiples las acciones del adversario, son muchos los combates espirituales que debemos librar si es que queremos ser verdaderamente libres, pero si no lo hacemos, ya estamos perdidos.

 Considerar que hasta ahora hemos perdido simplemente porque no hemos peleado, porque no libramos este combate espiritual esencial en la vida de la naturaleza humana perseguida desde el principio por celos y por envidias del maldito cerdo infernal.

 Comprender que prefirió perderse antes que dejar de aborrecer la humanidad, prefirió condenase antes que inclinarse, ese cerdo decidido a todo es el que nos persigue, el que pudo ser el primer ángel y que pasó a ser el último de los demonios, satanás.

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